Aunque no siempre seamos conscientes de ello, la Unión Europea está presente en la vida cotidiana de los europeos y se esfuerza por responder a sus preocupaciones como ciudadanos, consumidores y trabajadores.

Este año ha sido el de las consecuencias de la crisis financiera. La UE ha puesto todo su empeño en limitar sus repercusiones en Europa gracias a un plan de reactivación Deutsch (de) English (en) français (fr) destinado a proteger el empleo y el ahorro.

También se han introducido numerosas medidas para proteger a los consumidores. En el sector de la telefonía móvil, por ejemplo, ahora es más barato enviar SMS, llamar y recibir llamadas desde otro país europeo.

La UE ha realizado una gran investigación sobre la venta por internet de bienes electrónicos y billetes de avión para obligar a los comerciantes a respetar los derechos del consumidor. Las webs que venden billetes de avión deben indicar los costes suplementarios (como los gastos por pago con tarjeta) desde el principio de la transacción, y en ningún caso pueden añadirlos posteriormente al precio de la reserva.

La UE tampoco ha descuidado las cuestiones de medio ambiente. En concreto, se han implantado nuevas normas para limitar las emisiones de vapores nocivos en las gasolineras y regular el uso de plaguicidas.

También se mantiene en primera línea en la lucha contra el cambio climático. Ha adoptado un conjunto de medidas para limitar el consumo de energía de los objetos cotidianos, como la sustitución progresiva de las bombillas clásicas incandescentes por bombillas de bajo consumo. Con estas medidas se podrá reducir más del 12% el consumo anual de electricidad en la UE de aquí a 2020.

Numerosas han sido las actividades solidarias. En particular, se concedió una ayuda de 500 millones de euros a Italia para ayudar a la región de los Abruzos tras el terremoto del mes de abril. Por último, la UE sigue siendo el primer donante mundial de ayuda al desarrollo y lucha resueltamente contra la pobreza y el hambre en el mundo.

 

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