Un año más, por las calles de Paradinas

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Como pasa el tiempo… Parece que fue ayer y estamos ya a 24 de septiembre…

Hoy es la fiesta grande de mi pueblo, la Virgen de la Merced y no puedo evitar que muchas imágenes y recuerdos pasen por mi cabeza. Pienso en muchas vivencias, en cómo nos alegrábamos cuando nos encontrábamos con la familia y amigos. No lo voy a ocultar, siempre fue una jornada muy especial en este pequeño municipio, pequeño pero grande.

Cada 24 de septiembre nos mirábamos y pensábamos…¡Caramba, qué mayor está fulano! Con una sonrisa, y gran alegría, nos acercábamos y, entre risas, unos y otros hablábamos de padres e hijos, de nietos y abuelos, de los nuestros, de los que están y de los que nos dejaron cuyo recuerdo, cada 24 de septiembre, se hace aún más vivo. Recordando y recordando uno se pone triste. No debe ser así, hoy es un día grande, es el día de la Merced, es un día de fiesta y alegría. Por ello, durante los próximos días, en Paradinas, vamos a vivir unas nuevas fiestas, vamos a divertirnos y a pasárnoslo bien, a volver a preguntar por nuestros hijos y padres, por nuestros nietos y abuelos.

Un año pasa rápido, ya lo veis… ¡¡Viva la Virgen de la Merced!!


Una pequeña pero gran localidad

Paradinas se nos presenta con un perfil de tejados sobre el que destaca la silueta de su gran torre de iglesia, reposando en una ligera hondonada desde la que se puede vislumbrar amplios horizontes; hacia el Este las montañas del Sistema Central con la silueta de la Mujer Muerta, hacia poniente los diáfanos crepúsculos sobre el monte de Balisa y el cerro de Nuestra Señora del Otero. Este fin de semana celebra sus fiestas en honor a la Virgen de La Merced, una buena opción de ocio para acabar septiembre.

Para llegar a Paradinas, desde Segovia, tomamos la carretera C-605 que nos lleva a Arévalo y desviándonos en el punto Km. 26, hacia Aragoneses, llegamos a Paradinas; en este trayecto habremos recorrido una buena parte de la llamada «campiña segoviana». Según la estación del año que el viajero elija, esta llanura apenas herida por el cauce sosegado de los ríos Eresma y Moros llevará a sus ojos los colores terrosos del barbecho y sementera, los verdes prometedores de primavera o los amarillos cálidos de mieses y rastrojos, tierra de «pan llevar» en la medieval Extremadura castellana donde aún perviven rebaños de merinas que ya olvidaron la trashumancia.

Pueblo agrícola y ganadero, en Paradinas, los efectos del desarrollismo de los años sesenta y setenta, junto con el inmemorial olvido hacia esta comarca dejó sus secuelas de emigración de gran parte de sus gentes; Hoy el pueblo no llega a 100 habitantes pero hacia el segundo tercio del S. XVI debió acercarse a los 500 y por el año 1950 tenia 400.

Aún así, el viajero puede todavía encontrar un grupo humano acogedor y amable que les mostrara el corazón y alma de un pequeño rincón de la Castilla profunda.

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