Super 8: El poder de la nostalgia

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Muchos dicen de Super 8 que no cuenta nada nuevo. Y tienen razón. No hay nada en la cinta de J.J. Abrams que sorprenda demasiado, pero ¿A quién le importa? Parte de la valía del largometraje reside precisamente ahí, en la nostalgia. Al verla piensas en muchos títulos con los que disfrutamos cuando éramos niños, historias que nos hicieron amar el cine y nos convirtieron en fieles seguidores de Spielberg. Y hablo en plural porque en la sala 24 de Kinépolis, repleta un viernes por la noche, noté que la mayoría del público era de mi edad y hacía los mismos comentarios a la salida. Sólo el cartel es ya una declaración de intenciones.

Super 8 suena a Los goonies, suena a E.T., suena a Parque Jurásico. En definitiva suena a Spielberg, que produce la cinta y deja su particular impronta dibujando la sonrisa en aquellos que lloramos con Eliot y reímos con Gordi. No podemos negar el parecido con aquellos personajes, con los inquebrantables lazos de amistad que unen a los protagonistas y la empatía que generan con un ser de otro planeta. Todo se repite. También la magia de sus imágenes. El tándem productor-director aseguraba la brillantez estética. Al que se sacó de la chistera una isla llena de monstruos, amenazas e increíbles paisajes, se une el que viajó al Jurásico y acaba de dar vida a Tintín. Así que en Super 8 hay secuencias impagables, como esa en la que los chicos ensayan para la película, en la estación de tren, de noche, ataviados como adultos, al grito de “production value”!!

Tampoco hay nadie que pueda competir con Spielberg cuando se trata de elegir y dirigir a niños. Elle Fanning actúa tan bien que asusta pensar en lo que será capaz de hacer cuando crezca. Quizás nada, o todo. El momento en el que Alice se acerca tímidamente a Joel (Joe Courtney) disfrazada de zombie para intentar morderle el cuello y él se estremece de nervios, es otro impagable. La hermana de Dakota Fanning (La guerra de los mundos, Runaways) se ha ganado por derecho propio un sitio (y grande) en Hollywood. En esta película los niños convencen mucho más que los adultos que, a falta de una trama más profunda, se quedan a medio camino entre el drama y la comedia absurda.

Las camisas setenteras, el sonido de la cámara Super 8 al comenzar a grabar, los jarrones de las casas… todo nos transporta a una infancia eternamente añorada y mil veces revivida. Esas noches en vela, esos secretos debajo de la cama, esas visitas inesperadas a tu mejor amigo, a cualquier hora y sin avisar. Esos empachos de regaliz y las verdades a media a nuestros padres. Spielberg y Abrams juegan con el poder de la nostalgia, con el recuerdo y el poso que dejó en nosotros otras películas como Indiana Jones y el Arca Perdida, Tiburón, Hook o El mundo perdido.

El final es previsible, claro. Si todo lo que ves durante la película ya lo has visto antes, por qué el final iba a ser diferente? No quiero desvelar nada, pero ni que decir tiene, que emociona y mucho.

 

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