Son las 10 de la noche, hay 22 grados de temperatura, una suave brisa, saco mi bocadillo de tortilla, pruebo la Coca-cola y… Comienza la película! Desde hoy me declaro fan incondicional del cine de verano.

Aunque había escuchado durante años los beneficios de esta terapia veraniega, la verdad es que nunca encontraba el momento adecuado. “Hoy hace mucho calor”, “hoy parece que va a llover”, “la de hoy ya la he visto”… me resistía a deshacerme del aire acondicionado de las salas tradicionales y el asiento mullidito (bueno, eso en algunas). Pero hace un par de semanas probé la receta, tantas veces prescrita por mis amigos y la mejora ha sido inmediata.

La elección de las películas también influye en este amor repentino por el cine al aire libre. La primera fue Fantástico Señor Fox, una película totalmente “wesandersoniana” que no tuve tiempo de ver mientras estuvo en la cartelera. Un cuento sobre la familia, el amor y el trabajo, a la altura de Life Aquatic o Los Tenenbaums, con ese humor agridulce típico del director y el encanto del mejor stop motion .

El segundo plato fue Soul Kitchen. Una comedia alemana, de Fatih Akin, que tenía ganas de ver desde que recibió el Premio del jurado en el Festival de Venecia. Había revisado el trailer y tenía buena pinta. Con Soul Kitchen me reí, me asusté y me emocioné. Los buenos eran muy buenos, los malos no eran tan malos y las mujeres eran las que sacaban a los hombres de los problemas en los que se metían ellos solitos.

Si hay que poner un pero, se lo pongo a la gente que fuma y que, en un cine de este tipo, tiene vía libre para ahumar al vecino y tirar la colilla al suelo. También al grupo de amigas que, como no hay paredes, se creen que pueden hablar todo el rato sin ni siquiera bajar la voz.

Pero quitando importancia a estos detalles, creo que el cine al aire libre es una de las mejores terapias contra el aburrimiento, el estrés y el bochorno del verano. Me uno a los facebookmaníacos y grito a los cuatro vientos: cine de verano… soy fan!

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