El campanario de un pueblo de Segovia podría estar inspirado en la mezquita de Córdoba
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La silueta de la Torre de San Nicolás domina todavía hoy el perfil de Coca. Aislada, sobria y levantada sobre ladrillo y mampostería, es el único vestigio visible de una iglesia románica desaparecida hace siglos. Pero tras esa apariencia silenciosa se esconde una de las construcciones más singulares del románico-mudéjar segoviano, marcada además por una sorprendente influencia andalusí que algunos historiadores relacionan directamente con la torre de la mezquita de Córdoba.
La torre perteneció a la antigua iglesia de San Nicolás, un templo cuya existencia está documentada ya en 1247. El edificio desapareció entre los siglos XVII y XVIII, aunque su campanario logró sobrevivir al paso del tiempo y convertirse en uno de los símbolos patrimoniales de la villa caucense. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico, actualmente Bien de Interés Cultural.
Su valor arquitectónico reside en que forma, junto a la torre de Santa María la Mayor (también en Coca), un estilo prácticamente propio dentro del románico segoviano. El sistema constructivo combina ladrillo y mampostería y se organiza mediante filas de arquerías ciegas en los cuerpos inferiores y abiertas en los superiores, un esquema muy característico del mudéjar castellano. También destacan las espinas de ladrillo que recorren sus cuatro lados y el aterrazamiento superior, conseguido mediante una bóveda de notable calidad técnica. Parte de estas características han llevado a diversos especialistas a relacionarla con modelos islámicos.
Entre ellos se encuentra el historiador del arte José María de Azcárate, quien señaló las influencias de la torre de la Mezquita-Catedral de Córdoba en la construcción caucense. La comparación no resulta casual. La verticalidad de la torre, su composición geométrica y la sucesión de arcos recuerdan a los antiguos alminares islámicos, especialmente a los desarrollados durante el periodo califal andalusí.
Más allá de su función religiosa, la torre también desempeñó un importante papel defensivo. Su ubicación estratégica, próxima al valle del Eresma, permitía vigilar los accesos septentrionales a la villa de Coca, convirtiéndola en una auténtica atalaya medieval. Esa doble función (campanario y elemento de control territorial) explica en parte su robustez y su altura, cercana a los 30 metros.
Con el paso de los siglos, la Torre de San Nicolás también fue utilizada como reloj y palomar. Hoy, convertida en uno de los ejemplos más reconocibles del patrimonio mudéjar de la provincia, sigue recordando el mestizaje cultural que marcó buena parte de la arquitectura castellana medieval. En ella conviven las formas del románico, las técnicas constructivas mudéjares y el eco lejano de la arquitectura islámica de Al-Ándalus.
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