Cuenta Fernando Ortiz que habría que comenzar diciendo que el título de este recital puede parecer «demasiado pretencioso». En efecto, «hablar del corpus romancístico que engloba los dramáticos episodios de la Pasión de Cristo es referirse a uno de los capítulos más numerosos que la tradición oral ha sabido conservar en esa especie de milagro de persistencia que es el Romancero». Así, la decisión de este título ha sido, precisamente, «porque queremos dar la sensación, en primer lugar, de no pretender ser exhaustivos. Y en segundo término porque pensamos que describe de una manera bastante aproximada lo que va a poder escucharse en esta sesión: una colección de romances de tradición oral que tratan de los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret junto con algunos otros que forman parte de una religiosidad popular más intemporal, menos ceñida al «calendario del año» pero que se han cantado- y en muchos casos aún se cantan – en fechas como éstas».

Los romances que integran este programa proceden de fuentes bien distintas. En primer lugar, hay que mencionar el archivo de Nuevo Mester de Juglaría, en el que se encuentran algunos ejemplos del género que nos ocupa. Además, se han tenido en cuenta otros testimonios, como los que recoge Raquel Calvo en su impagable Romancero General de Segovia, los que se incluyen en el Cancionero Segoviano de Agapito Marazuela o los trabajos que hemos manejado de Joaquín Díaz, Luis Díaz Viana, Pedro Echevarría, Miguel Manzano y algunos otros autores. Y muy especialmente, en la recopilación que en la primera mitad del siglo XX realizó Kurt Schindler para el Hispanic Institute de Nueva York, publicada por primera vez en 1941 bajo el título Folk Music and Poetry of Spain and Portugal y de la que en 1991 se llevó a cabo una espléndida edición facsímil bajo los auspicios del Centro de Cultura Tradicional de Salamanca, la institución que tan acertadamente dirigió Ángel Carril hasta su reciente y prematura muerte.

Los textos abarcan diferentes momentos de la Pasión de Cristo – desde el Domingo de Ramos hasta el de Pascua-, en los que con extraordinaria ternura y, a veces, con un doloroso y dramático realismo, se cuentan los sucesos evangélicos. Junto a los textos que narran cronológicamente los episodios que culminan en el Calvario, otros romances, como el del Domingo de Pan y Peces hacen alusión a otros momentos de la madurez de Cristo. A veces, con elementos que nos remiten a la estética más genuina del romancero tradicional: (…) Al cabo de una gran huerta / un hortelano fue a hallar. -Hortelano , hortelanito / hortelanito, hortelar, / dime si por aquí has visto / a Jesucristo pasar. – Sí, señora, sí le he visto / antes del gallo cantar (…) Otras veces con la sonoridad extraordinaria de los versos de Lope de Vega, cuyos Catorce Romances de La Pasión se siguen cantando y recitando, como un ejemplo magnífico de cómo la poesía culta pasa al acervo popular, en numerosos pueblos de la vieja Castilla: En el doloroso entierro / de aquel Justo ajusticiado / que por culpas, y no suyas, / quiso morir en un palo / las campanas clamorean / de los sensibles peñascos / que es bien que las piedras hablen / en tan doloroso caso. / Viste el sol bayeta negra / y la luna monjil basto, / capuces la tierra y cielo / que son del muerto criados.

Sobre los textos seleccionados, se ha llevado a cabo un trabajo de adaptación tanto literaria como musical, basado en elementos melódicos que se utilizan indistintamente para diferentes episodios o, incluso, para romances distintos en diferentes lugares. En la mayoría de los casos, las músicas proceden de los propios informantes, es decir, de aquellas personas que generosamente quisieron compartir su memoria. En otros casos se ha optado por utilizar alguna de las infinitas melodías que el Romancero conserva, llenas de sencillez pero cargadas, también, de un extraordinario poder de evocación. Por último, en alguno de los romances se ha decidido incorporar alguna melodía de nueva creación, siempre dentro de la estética formal y espiritual del Romancero, todo ello con unos arreglos y una concepción estética bien sencilla que pretende reforzar los elementos dramáticos y narrativos de las historias que se cantan, las cuales son, sin duda, son lo más importante porque pertenecen, al igual que la mayoría de las melodías que podrán escucharse, a lo más íntimo de la memoria colectiva, es decir, a la tradición.