Una columna romana helicoidal es la ‘pieza desconocida del mes’ que da el pistoletazo de salida a esta nueva iniciativa en el Museo de Segovia que tiene por objetivo promover el conocimiento de elementos singulares que el Museo no muestra en su exposición permanente y al mismo tiempo atraer a un público que, aunque ya haya visitado el Museo de Segovia en anteriores ocasiones, pueda estar interesado en estas piezas por su temática, procedencia o significado.

Así, este espacio cultural pone en valor esta columna que se recuperó en una intervención arqueológica desarrollada en la calle de La Judería Vieja de Segovia, en un estrato de relleno de un edificio romano, una vez que este ya había sido amortizado. La columna fue entregada al Museo, como corresponde hacer, según la normativa, con cualquier elemento recuperado durante una intervención arqueológica. La pieza, realizada en una caliza local clara, se data en los siglos III y IV d. C. y permanecerá expuesta el público durante este mes de marzo y hasta finales de abril.

Los restos de la columna están integrados por varios fragmentos de tambores, o cuerpos cilíndricos, de fustes helicoidales. Fueron localizados junto a otros fragmentos de columnas estriadas y lisas pertenecientes al mismo edificio. La restauración llevada a cabo en el Museo de Segovia ha permitido recomponer la pieza que se presenta. La columna ofrece la particularidad de ser helicoidal (torsa o entorchada -cochlida en latín), por presentar un estriado, con acanaladuras de tres centímetros de diámetro y desarrollo helicoidal; esto es, sus estrías se desarrollan paralelas entre sí, y se enrollan sobre el eje vertical de la pieza.

La excavación parcial del inmueble segoviano no permitió documentar las características del edificio al que pertenecía este elemento pero, en cualquier caso, muestra la adopción en Segovia romana de componentes ornamentales empleados de forma general por el mundo romano para dotar de mayor vistosidad a la arquitectura, mediante recursos compositivos de cierta complejidad y cuyo uso también suponía una demostración del prestigio de las clases gobernantes locales. Por ello, el edificio al que pertenecía la pieza debía tener cierta entidad (una residencia urbana de algún notable o un edificio público).