Las compañías francesas Bakélite y Compagnie A consiguieron con su teatro de objetos el lleno absoluto durante el fin de semana en Titirimundi y agotaron ya las entradas para el resto de funciones que se celebrarán hasta el miércoles cuando llegue el fin del festival. Más de 15 pases entre el viernes y el domingo que, según aseguraron fuentes de la organización, abarrotaron continuamente el edificio de La Alhóndiga y la iglesia de San Nicolás, donde se representaron respectivamente.

Sumergiendo al público en una frenética epopeya marítima llena de movimiento, ‘La Galére’ de la compañía Bakélite, vieja conocida del festival, arrancó las continuas carcajadas de los asistentes al narrar los contratiempos de una tormenta violenta en pleno océano que hizo al capitán y a sus tripulantes temblar de terror. Con una nave destrozada y zozobrando al vaivén de las olas, la compañía creada en 2005 por Olivier Rannou, empapó literalmente la Alhóndiga e incluso a alguno de sus espectadores y voluntarios.

Imagen por R.Blanco

No fue difícil hacer creer al público que en plena meseta castellana uno se encontraba en el más bravo océano a través de los sonidos y recursos de estos lobos de mar quienes confesaron su predilección por el público español. La audacia y movimiento de su espectáculo recibió las mismas ovaciones de un entregado público que como en 2011 ya vibró con el espectáculo ‘Braquage’.

Tampoco dejó indiferente al prolijo público segoviano así como a sus visitantes ‘Ma foi’ de Compagnie A. En la desacralizada iglesia de San Nicolás, sede del grupo municipal de teatro, la historia rompió los moldes de la historia del nacimiento de Cristo para hablar de la reproducción humana, con un humor satírico que puso sobre la mesa objetos tan dispares entre los que se encontraron desde un crucifijo o las figuras del nacimiento hasta un condón o incluso un porro.

A través de la expresividad de una monja y sus reparos a la hora de hablar sobre el libertinaje, los asistentes comprobaron cómo la compañía creada por Dorothée SaySombat y Nicolas Alline en el año 2003, abordan sin complejos lecciones de sexualidad que escandalizan a una religiosa rodeada por un aura de retiro y oración desde el mismo comienzo del espectáculo. No faltó el alcohol, la música electrónica o incluso un portal de Belén que se convierte en club nocturno, para comparar con ironía y sin prejuicios temas del contexto social con los que Compagnie A intenta acercarse al público en lugares tan poco convencionales como el escenario en el que se representó.