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La doctora Olivia Reyes Hernando, profesora de la Unidad de Arqueología de IE University, acaba de publicar el primer estudio comparado de las villas romanas de la provincia de Segovia. Esta innovadora investigación, que ve ahora la luz, aporta nuevas claves para entender la presencia romana en esta zona de la Península Ibérica durante la Antigüedad Tardía.

Según la profesora, estas grandes propiedades residenciales de la segunda mitad del siglo IV d. C. poseen elementos comunes que las distinguen de otras villas de Castilla y León, incluso de Hispania, como la frecuencia de uso de ábsides triples en algunas de sus estancias o la presencia de elementos decorativos particulares venidos del Oriente del Imperio.

La publicación, titulada “Villas romanas de la provincia de Segovia: Arqueología y arquitectura de representación”, forma parte de las monografías Anejos de Oppidum de IE University, que recoge estudios especializados de Patrimonio Cultural y Arqueología.

Entre las villas romanas estudiadas figuran Los Casares (Armuña), Matabuey (Nava de la Asunción), La Palatina (Guijar de Valdevacas), Paradinas, Las Vegas (Santiuste de Pedraza), Palazuelos de Eresma, Briongos (Riaguas de San Bartolomé), Carracalleja (Escarabajosa de Cabezas), Las Adoberas (Roda de Eresma), La Rebilla (Sequera del Fresno), Santa Lucía (Aguilafuente) y la Villa Suburbana de Cauca (Coca). También se han incluido en la investigación posibles villas romanas y enclaves rurales, aglomeraciones y formas de ocupación rural conocidas por referencias bibliográficas.

Coca y su vinculación con el emperador Teodosio I

De entre todas las villas estudiadas, destaca el análisis del importante complejo residencial romano descubierto en Las Pizarras (Coca, Segovia) y que, según algunos expertos, estaría vinculado a la familia del último emperador romano de Oriente y Occidente, Teodosio el Grande, nacido en Cauca, que gobernó desde el 379 al 395.

En este yacimiento arqueológico de Coca donde IE University adquirió unos terrenos para poder investigarlo en profundidad, por medio de diversos proyectos de investigación y prácticas de campo, se ubicaría una de las mejores haciendas rurales de la Antigüedad tardía.

Su estudio en profundidad permite comprobar su relevancia entre el resto de villas, tanto por sus monumentales dimensiones que duplican las normales de cualquier villa romana como por la presencia de elementos arquitectónicos de primer orden, como capiteles o columnas, así como por el uso de materiales decorativos de lujo especialmente apreciados por los romanos de la época, como el uso del nácar, el vidrio o el mármol traído de Oriente; poco frecuente en otras villas hispanorromanas en la proporción documentada en el yacimiento caucense.

Según Reyes Hernando, en el complejo residencial de Coca encontramos “mármoles provenientes de todas partes del imperio, o incluso elementos decorativos llegados de otros mares y océanos, como la madreperla, oriunda del Mar Rojo, o del Golfo Pérsico, que dotaban de prestancia y de nobleza a las salas principales de la villa suburbana de Las Pizarras”.

“El yacimiento de Coca supone también el punto de partida de esta monografía, como elemento distintivo de las grandes residencias romanas Bajoimperiales y es vehículo difusor de muchas de las tendencias imperantes en el Imperio, en especial en la parte oriental.  Hasta ahora, los hallazgos sobre este enclave fueron dándose a conocer a medida que iban produciéndose, pero era necesario compendiar todos los resultados y dar sentido a este complejo monumental singular para poder acercarnos a su reconstrucción virtual y comprensión general. Las Pizarras constituye no sólo la residencia aristocrática rural de mayores dimensiones de la provincia sino, además, un referente hispano por su monumentalidad, escenografía y aparato decorativo”, explica la investigadora de IE University.

ESTUDIO COMPARADO. – Además de dar a conocer los secretos y descubrimientos del soberbio emplazamiento de las Pizarras, la autora analiza la probable influencia ejercida por este gran complejo residencial sobre el resto de las villas romanas; tanto del territorio de la antigua ciudad a la que pertenecía, Cauca (Coca), como del resto de ciudades segovianas.

Para ello, Reyes Hernando llevó a cabo un estudio comparado, tomando como unidades de análisis diferentes indicadores de esta ‘arquitectura del poder’ en las villas segovianas. Así analizó, entre ellos, aquellos ambientes que mejor definen el prestigio de sus propietarios, “como los salones de recepción, banquete, baños y demás espacios relacionados con estos circuitos protocolarios, junto a todos los factores capaces de fomentar esta escenografía, como elementos ornamentales, mosaicos o pinturas”.

Asimismo, las nuevas tecnologías han sido claves para este trabajo de investigación, al utilizarse diversas técnicas de teledetección o análisis geofísicos que han permitido incorporar al estudio incluso villas aún no excavadas o rellenar los huecos de otras en proceso de documentación, “un trabajo técnico que será un claro referente dentro de la Arqueología digital para llevar a cabo futuras recreaciones y la virtualización del patrimonio segoviano”, subraya.

Para la investigadora de la Unidad de Arqueología, los estudios realizados en las villas segovianas hasta ahora habían resultado parciales, al haberse centrado exclusivamente en cada una de ellas de manera particular, o por medio de un enfoque simplemente descriptivo, conteniendo aspectos muy específicos de su arquitectura o decoración. En buena medida, el desigual grado de conocimientos y otro tipo de circunstancias, ha ido postergando un análisis más exhaustivo, quedando muchas de estas villas postergadas en el olvido, desde su descubrimiento en el siglo XX o incluso en el XIX.

En este sentido, “resultaba necesario abordar un análisis conjunto para poder obtener una idea general del verdadero esfuerzo inversor realizado por estos grandes propietarios por adaptarse a las modas imperantes con la única finalidad de demostrar a sus visitantes su estatus y poder”. Cada una de estas familias logró expresarlo por medio de la reinterpretación de determinadas salas a la manera de los grandes salones imperiales, plasmando el lujo y ostentación en las paredes y suelos de estas residencias rurales, adaptándolos en cada caso a una escala acorde a su patrimonio y solvencia, cuidándose de resultar lo más exclusivos y diferentes posible; corriente generalizada para este tipo de yacimientos de la segunda mitad del siglo IV d. C.