Cientos de personas se acercaron hoy a la Parroquia de Cristo del Mercado de Segovia para despedir a Francisco Javier García, segoviano de 27 años fallecido en el trágico accidente ferroviario de Santiago de Compostela. Amigos y familiares rotos por el dolor abarrotaron el templo y la plaza aledaña para dar el último adiós al joven veterinario al que “no había llegado su hora”, como lamentaba entre sollozos una de sus conocidas a la salida de la ceremonia.

Entre aplausos fueron recibidos los restos mortales de ‘Curro’, como era conocido, y en torno a las 11.00 horas de una mañana en la que incluso el cielo segoviano escondió el sol para llorar la pérdida de su vecino entre gotas de lluvia. El alcalde de la capital, Pedro Arahuetes, y el delegado territorial de la Junta en Segovia, Javier López-Escobar, acompañaron a la familia en estos duros momentos en los que se destacó la figura de un joven ejemplar en todo momento.

Además del párroco del templo, quien tildaba de “inexplicable” lo sucedido, la tia y una amiga de ‘Curro’ destacaron durante la ceremonia la personalidad de ‘Curro’ quien se convirtió “en un ejemplo a seguir”. A petición de la madre del joven, su tía recordó entre lágrimas a un segoviano comprometido con un futuro esperanzador truncado por la tragedia en tierras gallegas. Las fuerzas comenzaron a flaquear para varios asistentes al funeral incluso hasta el punto de llegar a provocar un desmayo en una joven que tuvo que ser sacada en brazos y atendida a las puertas de la iglesia.

La salida del féretro, portado por siete hombres, volvió a arrancar los aplausos de los segovianos. Allí le esperaban tres coches fúnebres, dos de ellos repletos de coronas y arreglos florales con inscripciones de muestras de apoyo y un tercero que llevaría los restos del joven que será incinerado en el Crematorio Santa Teresa de la capital. Una conmocionada madre se abrazaba a la fotografía de su hijo a la salida de la iglesia abrazada por su padre y hermano quienes pudieron sentir el apoyo de los asistentes nuevamente a través de los aplausos y algún grito de “Segovia está con vosotros”.