Segovia conmemoró sus 25 años como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco con un variado programa de actos que contó con la participación de numerosos ciudadanos. Sin embargo, la lluvia caída al comienzo de las actividades deslució algunos de los actos programados.

A las 13 horas, el alcalde de Segovia, Pedro Arahuetes, leyó en la Plaza Mayor un manifiesto y dio la felicitación a los segovianos nacidos en diciembre de 1985, por su contemporaneidad con este aniversario. Según dijo, esta declaración supone “que se nos reconoce como una ciudad que exhibe valores universales, únicos y excepcionales que la convierten en representación viva y vital en nuestro caso del alma de la Humanidad”. “Tenemos contraída la deuda del amor y el cuidado para que esta ciudad de todos se enriquezca también con las aportaciones, el amor y el cuidado de las generaciones venideras”, afirmó Arahuetes.

En su discurso repasó algunos de los actos desarrollados en los días pasados como visitas guiadas, concursos y exposiciones, e invitó a uno de los ciudadanos nacidos en 1985 para entregarle, como representante de todos los de esa cohorte, un recuerdo del aniversario, y que recogió Ignacio Nieto Rodríguez.

No olvidó el alcalde destacar la importancia que tiene la implicación de todos los ciudadanos en la consecución de la Capitalidad Europea de la Cultura para el año 2016. “Ese sueño, esa ilusión compartida nos proclama como constructores del mejor futuro para la ciudad”, dijo el alcalde a la vez que invitó a los asistentes a participar en los actos programados.

El primero fue la construcción de un mapa del Patrimonio Inmaterial de Segovia, en el que cada participante expuso alguna de sus vivencias personales ocurridas en algún punto de la ciudad.

Posteriormente, se repartieron raciones del ‘Dulce de Segovia’, un postre creado específicamente para el 25 aniversario elaborado por la Asociación de Pasteleros de Segovia a base de bizcocho y crema de canela, naranja y mazapán sobre el que estaba grabado un acueducto. En total se distribuyeron 1.000 raciones del dulce, a un precio de 1,50 euros la unidad. Junto al dulce se entregaba un marcapáginas con la receta del postre y una copia del certificado que entregó la Unesco a Segovia el 6 de diciembre de 1985.

Una pantalla gigante mostró también mensajes de felicitación a la ciudad de destacadas figuras de la vida provincial y nacional. Igualmente, diversas formaciones musicales de la ciudad animaron las calles del centro urbano, que se encontraba lleno de turistas.