El milagro de María del Salto
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Persiste en la ciudad de Segovia un relato legendario sobre una mujer judía que fue injustamente condenada a ser arrojada desde las Peñas Grajeras (en el entorno del Santuario de la Fuencisla) y salvada milagrosamente por la Virgen. Se conoce como el milagro de María del Salto. Su origen se remonta al siglo XIII (hacia el año 1237) y quedó inmortalizado por el rey Alfonso X El Sabio en su libro Cantigas de Santa María.
El paso de los siglos ha ido dejando numerosas versiones de distintos autores, no obstante la reconstrucción de los hechos según la tradición segoviana ha dejado el siguiente relato:
La acusación y la condena
La historia tiene como protagonista a Ester, una mujer judía que residía en Segovia. y que fue acusada falsamente de adulterio, un delito que en aquel contexto se castigaba con la pena de muerte. Tras ser juzgada y declarada culpable se dictó su sentencia: morir despeñada.
Algunos relatos apuntan a que fue acusada por la esposa de un caballero cristiano, despechada por creer que su esposo estaba enamorado de la hebrea, o que fue el marido de esta quien exigió su despeñamiento movido igualmente por los celos. Otras versiones sostienen que Ester deseaba convertirse al cristianismo, una decisión que no gustó a su marido.
El suceso en las Peñas Grajeras
El lugar elegido para cumplir la condena fueron las Peñas Grajeras, un abrupto cortado rocoso situado sobre el valle del río Eresma y en el entorno del Santuario de la Fuencisla. Con los pies y las manos atadas, y a punto de ser empujada al vacío, Ester invocó la ayuda de la Virgen María.
Al ser arrojada por el precipicio, la leyenda narra que el cuerpo de Ester no cayó a plomo, sino que una fuerza celestial la sostuvo en el aire, haciéndola descender de manera lenta y suave hasta depositarla ilesa, de rodillas, en el fondo del valle. Alfonso X cuenta que cayó sana y salva al pie de una higuera por intercesión de María, mientras que Rodrigo de Cerrato relata que la mujer fue puesta en tierra por una paloma.
Tras sobrevivir a la caída, la mujer fue bautizada por el obispo Bernardo de Segovia. Adoptó el nombre de María, al que el fervor popular añadió el sobrenombre «del Salto» (o Marisaltos). Vivió el resto de sus días como cristiana practicante.

