Santo Domingo de Pirón: del «caos» del desalojo a la alegría del regreso

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«Ahora estamos soltando los nervios». Dos días después de regresar a su vivienda, una vecina de Santo Domingo de Pirón (que prefiere mantener el anonimato) resume con esa frase las emociones que aún afloran tras el incendio declarado el pasado lunes en Brieva. Esta vecina lleva 33 años viviendo en el pueblo. Agradece que en su pueblo no haya habido que lamentar pérdidas humanas ni daños materiales de gravedad, pero reconoce que la tensión vivida durante aquellas horas será difícil de olvidar. «Todo pasó tan deprisa que no te daba tiempo ni a pensar», recuerda.

El incendio, que ha calcinado cerca de 3.000 hectáreas en el valle del Pirón y obligó a desalojar ocho localidades, sigue muy presente en la mente y cuerpo de quienes tuvieron que abandonar sus casas. El temor a que las llamas alcanzaran las viviendas, la incertidumbre de la evacuación y la rapidez con la que evolucionó el fuego marcaron una jornada que muchos vecinos difícilmente podrán borrar.

Según relata, desde alrededor de las cuatro de la tarde ya observaban la columna de humo procedente del incendio declarado en el término municipal de Brieva. Por precaución, ella y su familia decidieron preparar una maleta improvisada. Algo de ropa, un par de zapatos y algunos objetos personales de valor fueron suficientes ante la posibilidad de tener que abandonar la vivienda de un momento a otro.

Hacia las seis de la tarde comprobaron que el fuego comenzaba a acercarse peligrosamente al pueblo. Antes incluso de que llegara la orden oficial de evacuación, muchos vecinos decidieron actuar para tratar de frenar, en la medida de lo posible, el avance de las llamas. Encendieron aspersores, regaron parcelas abandonadas y colaboraron unos con otros. «Entre los vecinos nos organizamos muy bien», asegura.

Llegada del fuego a Santo Domingo Img/cedida a Segoviaudaz.es por una vecina de la zona

La orden de desalojo llegó en torno a las siete y cuarto de la tarde. Una vez más, la respuesta fue colectiva. Los propios vecinos recorrieron las calles avisando a quienes podían no haberse enterado, especialmente a las personas mayores. Ahora ya sí, tocaba cargar el coche y marcharse.

Sin embargo, debido a la rapidez con la que avanzaba el incendio, la salida del municipio «fue un momento de caos». Algunos abandonaron el pueblo por un camino de tierra que conecta con la N-110. Otros siguieron las indicaciones de la Guardia Civil y tomaron la carretera en dirección a Basardilla, pero allí se encontraron rodeados por las llamas. Un hombre que viajaba con una niña pequeña trató de dar la vuelta cuando el fuego cortó el paso, pero su vehículo terminó parcialmente volcado en la cuneta. No pudo continuar y tuvo que ser auxiliado por otros vecinos. Ahora, su coche, completamente calcinado, es una de las imágenes más representativas de este incendio. También fue necesario ayudar a personas mayores con dificultades para desplazarse.

Un vehículo completamente calcinado permanece junto a una de las carreteras afectadas por el incendio Img/Segoviaudaz

Y, mientras la mayoría abandonaba el pueblo, algunos vecinos decidieron quedarse como retén para intentar evitar que el fuego entrara en el casco urbano.

Y así, finalmente, Santo Domingo de Pirón logró salvar sus viviendas, gracias a la acción conjunta de los equipos de extinción y los vecinos de la zona. Según explica esta vecina, únicamente resultaron afectadas las fachadas de algunas casas situadas en las zonas más próximas al incendio.

La solidaridad también llegó desde otros municipios. Vecinos de Basardilla acudieron para ayudar a sacar animales de naves y fincas y colaboraron en la apertura de cortafuegos. Asimismo, esta destaca el papel desempeñado por ganaderos y personas conocedoras del terreno, cuya experiencia permitió guiar al operativo por caminos y accesos fundamentales para combatir el incendio.

Los desalojados fueron trasladados hasta Torrecaballeros, donde el Ayuntamiento habilitó el Centro Cultural para acoger a los afectados. Aunque finalmente menos de una decena de personas pasó allí la noche, ya que muchas se alojaron en casas de familiares o amigos o en otras viviendas, el gesto fue muy valorado por quienes tuvieron que abandonar precipitadamente sus hogares. Esta vecina agradece especialmente la respuesta de los vecinos y del Ayuntamiento de Torrecaballeros. Recuerda cómo varios niños repartían botellas de agua entre los evacuados y cómo algunos vecinos ofrecían sus propios vehículos para recoger a quienes aún permanecían en el pueblo. «Son unos vecinos ejemplares», manifiesta.

Con el paso de los días, el miedo va dando paso al alivio. Santo Domingo de Pirón se ha convertido en un ejemplo de cómo un incendio puede alterar en cuestión de horas la vida de un pequeño municipio, pero también de cómo la cooperación vecinal puede marcar la diferencia en los momentos más difíciles. Y aunque las imágenes del humo y las llamas tardarán en desaparecer, en Santo Domingo de Pirón queda también el recuerdo de un pueblo que supo organizarse y ayudarse mutuamente.

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