Hay tantos aciertos en su película que se podría pensar que ha experimentado la maternidad. Pero es un hombre, así que esa opción queda descartada. Según Rodrigo García su único mérito es imaginar cómo puede sentirse una mujer en situaciones tan complicadas como las que sufren las mujeres en Madres e hijas.

Al igual que su padre, Gabriel García Márquez, Rodrigo García es un gran contador de historias. Le da igual el tamaño de la pantalla, porque domina el terreno televisivo igual que el cinematográfico. Juega con el lenguaje, la imagen, los diálogos, las miradas, los silencios, etc. Trata cada secuencia como si fuera un pedazo de cuento para adultos. Y es que Madres e hijas es un cuento. Unas veces de hadas y otras de ogros, pero un cuento al fin y al cabo. Una verdad vista desde 3 puntos de vista diferentes que, como él mismo dexplica, le permite explorar todos los ángulos del tema que le interesa. En este caso la separación.

Y para ello nos presenta a tres mujeres. La primera fue obligada por su madre a dar en adopción a su hija, cuando se quedó embarazada a los 14 años. No llegó a ver a bebé pero nota su ausencia cada día, le escribe cartas, le compra regalos, le habla… El vacío de la hija que nunca tuvo marca cada segundo de su vida.

La segunda historia gira en torno a la niña que fue dada en adopción, ahora convertida en mujer solitaria, independiente, desconfiada y que se niega a crear lazos afectivos por miedo al fracaso. Camina sin rumbo de un lugar a otro para no echar raíces en ninguna parte.

El círculo se cierra con la tercera protagonista. Una mujer joven, enamorada y con unas ganas indestructibles de ser madre. Las naturaleza le ha privado del derecho a engendrar a su propia hija, pero ella no cesa en el empeño.

Las tres historias (o las tres caras de la misma historia) se intercalan pausadamente, a lo largo de 120 minutos. García nos deja tiempo para la reflexión, para que nos embelesemos con los diálogos y las situaciones. Pero cambia el rumbo inesperadamente para no dejar espacio al aburrimiento. Los diálogos y reflexiones de las mujeres son ágiles, sinceros, desgarradores y verídicos. Para mí, lo mejor de la película.

Naomi Watts, Annette Bening y Kerry Washington le dan a las historias un matiz de credibilidad que se refuerza cuando García nos cuenta en rueda de prensa que todas ellas se dejan llevar, estudian minuciosamente los personajes y aportan algo nuevo en cada toma.

Rodrigo García ha tardado 10 años en escribir el guión de Madres e hijas, pero mientras cerraba la historia, ha dirigido capítulos de Los Soprano, Carnivale, A dos metros bajo tierra o Big Love, osea, muchas de las mejores series de la historia de la televisión. A eso le llamo yo aprovechar el tiempo.

Este viernes se estrena su película, que llega avalada por Alejandro González Iñárritu, amigo personal del director y ahora productor de su largometraje. Espero que os acerquéis a verla y compartáis vuestra opinión en este blog.