National Geographic acaba de editar en España su primera guía del Camino de Santiago, que ha sido elaborada íntegramente por los segovianos Antonio Linage y Diego Conte. Mientras Antonio Linage, medievalista de gran prestigio y profesor de Historia del Derecho en la Universidad San Pablo CEU de Madrid, se ha ocupado de la parte histórica, cultural y patrimonial de la ruta jacobea, Diego Conte, arqueólogo de formación y director de una empresa dedicada al desarrollo de proyectos de divulgación de los recursos patrimoniales y paisajísticos en el medio rural, ha asumido la fotografía, además de la información geográfica y más descriptiva de la obra.

Los autores admiten ser los primeros sorprendidos de haber contado con el beneplácito de National Geographic para la elaboración de esta obra, que se ha realizado íntegramente desde Sepúlveda, localidad natal de ambos, “desde los textos a la cartografía o la maqueta”. Además, su primera intención fue la de hacer un libro sobre el Camino de Santiago, tal como le propusieron a la editorial RBA, que pronto les manifestó su interés. “Tenían muchas referencias de Antonio y de su gran obra como historiador, y yo les pasé varios trabajos que habíamos hecho en la empresa como guías o señalizaciones de espacios naturales de patrimonio histórico artístico. Nos devolvieron como idea que hiciésemos una guía del Camino y nos comentaron el interés que tenía National Geographic en el proyecto”, explica Diego Conte.

Afirman que desde el primer momento les dieron plena libertad y en mayo de 2009 comenzaron a trabajar en la obra con la finalidad de “guiar al peregrino en todos y cada uno de los lugares por donde pasa el Camino francés”. El conocimiento del profesor Linage y el hecho de que Conte llevase años recopilando materiales sobre la ruta jacobea jugó a su favor frente al limitado tiempo con el que contaban para realizar la guía. “A pesar de eso hemos hecho el Camino pateando absolutamente todo, han sido jornadas maratonianas. Lo peor es que no había casi ningún tiempo para hablar con los peregrinos, lo demás iba en nuestras costillas”, apunta el también doctor en Historia y Derecho, Antonio Linage.

A diferencia de otras obras, los autores han preferido huir de los “ayatolas del Camino”, aquellos personajes “pintorescos, que son muy divertidos pero que tienen pocos méritos intelectuales”, gente que, en su opinión, “ha encontrado una forma de ganarse la vida en el Camino pero que cae en determinadas manipulaciones”, hacia los peregrinos, puesto que muchos de ellos “van anímicamente desnudos y eso les hace un poco vulnerables”.

El profesor Linage recuerda que “en la Edad Media el Camino era europeo”, pero defiende que “ahora tiene carácter mundial”, de ahí que no se han circunscrito a un único modo de peregrinar, y han optado por que la guía sea “interesante y útil” independientemente de la motivación del peregrino y de su medio de locomoción.

“Ello no quiere decir”, puntualiza, “que no se haya tenido en cuenta el carácter espiritual del Camino, que también está presente en la obra”. “Sólo se puede sobrevivir al Camino, y más en nuestro caso que lo hemos hecho profesionalmente, con humildad”, añade Conte.

Admiten que el prestigio de National Geographic como tarjeta de presentación les ha servido para abrir algunas puertas, como la posibilidad de subir al andamio del Pórtico de la Gloria para poder fotografiarlo, aunque dicen haberlo utilizado “muy poco” porque preferían “trabajar de una forma discreta”.

Respecto a la condensación en 400 páginas de un itinerario tan rico como el Camino francés, reconocen que ha sido “muy, muy difícil”, tanto en la selección de las imágenes como con los textos. Cuando terminaron de caminar, Diego Conte se encontró con “más de 24.000 imágenes, muchas realizadas con la técnica de HDR y objetivo descentrado”, que había que seleccionar para incluir solo las más descriptivas, las más de 250 que aparecen en la guía. El profesor Linage, por su parte, procuró “sacrificar las preferencias personales para condensar todo lo ineludible”, haciendo hincapié “en esa libertad de cada peregrino para trazarse su propio camino”.

Ambos coinciden en valorar la importancia del Camino francés y su supervivencia a lo largo de lo siglos, mientras que la parte más negativa de su periplo ha sido encontrarse con “tanto patrimonio clausurado”, al que no han podido acceder “ni gestionando todos los permisos ni los contactos”. “No hemos despreciado ni las iglesias de los pueblos más pequeños, pero muchas estaban cerradas. Esto es negativo desde el punto de vista espiritual y cultural”, lamenta Diego Conte, mientras que Antonio Linage considera que “aunque tenerlas abiertas todo el año puede suponer algún problema, las administraciones deberían buscar soluciones”.

La guía, con una tirada inicial de 5.000 ejemplares, arranca con una introducción histórica y cultural sobre la ruta jacobea, que se va extendiendo a lo largo de la obra con asuntos tratados con mayor profundidad. Cada uno de sus seis bloques se estructura a su vez en diferentes etapas. Así, comienza con una primera parte sobre las dos variantes iniciales del Camino Francés: entre Somport y Puente La Reina y entre Roncesvalles y Puente la Reina. A continuación, dedican un capítulo al tramo que va desde Navarra hasta Santo Domingo de La Calzada, mientras que en la tercera y cuarta parte abordan el periplo castellano y leonés: “Por un lado la parte castellana, que transcurre entre Santo Domingo de la Calzada y Sahagún y, por otro, la leonesa, de Sahagún hasta Villafranca del Bierzo”.

El sexto bloque se adentra ya en tierras gallegas, mientras que en el último capítulo, el lector encontrará información práctica, aunque no de forma exhaustiva. “La propia editorial nos pidió que lo minimizáramos porque hoy en día estos datos pueden conseguirse a través de internet y les interesaba que dedicáramos más espacio al contenido y redujésemos esta parte, aunque fuera inevitable, sobre todo pensando en las ediciones internacionales. Por eso hay toda una serie de consejos y de particularidades del Camino, desde el cuidado de la salud a temas como la preparación física, el clima, consejos para hacerlo a pie, en bicicleta o a caballo”, explica Conte. De momento, la guía será traducida al inglés y al francés.

Como peculiaridad, la obra también servirá a aquellos que deseen conocer el Camino en moto o en coche, ya que incorpora una serie de itinerarios que descubren algunos municipios vinculados a la ruta y de interés histórico y artístico, pero que actualmente no forman parte de la misma, como San Miguel de la Escalada y Santa María de Gradeces, en León, o Támara de Campos, en Palencia. Según indican los autores, “hay peregrinos que sí hacen el Camino desviándose unos kilómetros, sobre todos muchos jubilados extranjeros, que están en buena forma física y tienen mucho tiempo”. Para Antonio Linage, “quizá la limitación ahora es muy rigurosa, cosa que en la Edad Media o en el Siglo de Oro no era así, porque hay tantos caminos a Santiago como los que marcan los propios peregrinos”, defienden.

Por último, los autores únicamente han contado con una colaboración externa, la de la investigadora Ana Gracia, del equipo de investigación de Atapuerca, que ha aportado el texto relativo al yacimiento arqueológico.