Si hay algo que de verdad diferencia a Cuenca del resto de sus provincia, es la diversidad paisajística que ésta posee. Cuenca es una de las localidades más montañosas de Castilla-La Mancha junto con Guadalajara. Sus espacios naturales como La Alcarria Conquense (Alcarria Mágica), La Mancha, La Manchuela y La Serranía, conforman el ejemplo palpable de la gran variedad natural que posee Cuenca y su entorno.

Ciudad Patrimonio de la Humanidad, situada al sureste de Madrid, mágica y con un color característico que procede de su formación fundamentalmente caliza, que proporciona al entorno de la ciudad numerosos elementos geomorfológicos de gran belleza, como los calares, las hoces o las torcas. El sustrato calizo, condiciona también la vegetación predominante en la zona, que se caracteriza por la existencia de pinares.

Contrastando con la llanura manchega, el Parque Natural del Alto Tajo presenta características típicas de la Cordillera Ibérica, con sorprendentes cañones y hoces formados por la red hidrográfica de la zona, que ha condicionado el clima, la orografía, la flora, la fauna e incluso los asentamientos humanos, y que está compuesta por el Tajo y todos sus afluentes. El agua, por tanto es la causante de las formas caprichosas que se originan a su paso, tales como las ya mencionadas hoces, entre las que destacan las Hoces de Beteta, que constituye uno de los cañones fluviales más espectaculares de la serranía de cuenca.

La provincia de Cuenca posee también abundantes restos prehistóricos. Uno de los más bellos enclaves de interés son los abrigos de Verdelpino, Boniches y Villar del Humo, datados en la transición del Paleolítico al Neolítico. Todos contienen escenas humanas, de animales o de caza, en consonancia con lo que ofrece el conocido Arco Mediterráneo de la Península Ibérica donde además de Cuenca se incluyen territorios de Albacete y Guadalajara.

 

Su corazón

Cuenca no destaca solo por su entorno natural. La ciudad de cuenca presenta también interesantes alternativas turísticas que permitirán a todo aquel que la visite, conocer su historia y su tradición mientras se pasea por sus calles.

La ciudad está estructurada en dos partes: la alta y la baja. La parte más alta es la Cuenca monumental, la que permitirá a sus visitantes perderse por las estrechas calles de su casco antiguo y conocer el patrimonio religioso que esta ciudad posee, a través de sus iglesias, conventos y seminarios, entre los que destacan la Catedral de Nuestra Señora de Gracia, de estilo gótico-normado y construida en diferentes etapas; o la Iglesia de San Pedro, construida sobre los restos de una antigua mezquita y muy original por su planta ortogonal.

Probablemente, a cualquier persona que se le pregunte por Cuenca, le vendrá una imagen a la cabeza: sus casas colgadas. Éstas suponen un signo distintivo de la ciudad y conforman su sello de identidad. Para algunos de origen medieval, para otros, musulmán, lo que es indiscutible, es la magia y originalidad que éstas poseen. En el interior de una de ellas, se encuentra el museo de Arte Abstracto Español.

De visita obligada son también el museo provincial, con restos arqueológicos de la provincia, y algunos pueblos pueblos cercanos como Saelices, que alberga el yacimiento íbero-romano más importante de la provincia y uno de los conjuntos arqueológicos mejor conservados de Europa. El Teatro Romano del Parque Arqueológico de Segóbriga acoge cada año un importante festival de Teatro Clásico.

Hablar de Cuenca es hablar de contrastes. La llanura manchega, frente a la sierra y el color de sus tierras, con formas caprichosas elaboradas por el agua. La parte alta, en la que conviven su historia medieval, con los museos más contemporáneos; frente a la parte baja, que se caracteriza por su modernidad. Cuenca es una ciudad caprichosa que se ha sabido adaptar perfectamente a las características de su medio natural.