La historia de Sepúlveda no puede entenderse sin remontarse a uno de los episodios más decisivos de la conquista romana de la Meseta: la llegada del cónsul Tito Didio. Su intervención en el valle del Duratón no solo supuso el fin de la resistencia celtibérica en la zona, sino también el inicio de una profunda transformación territorial, urbana y política cuyos ecos aún perduran.
En el siglo I a.C., el territorio donde hoy se asienta Sepúlveda estaba ocupado por un importante núcleo celtibérico, probablemente un oppidum arévaco de gran tamaño y relevancia estratégica: Colenda. Este enclave controlaba el alto valle del río Duratón y había alcanzado un notable desarrollo urbano antes de la llegada de Roma.
La irrupción romana se produjo en el contexto de las campañas militares dirigidas por Tito Didio entre los años 98 y 95 a.C., cuando fue enviado a Hispania Citerior para sofocar la resistencia de los pueblos celtíberos. En ese escenario, el general romano emprendió una dura ofensiva que culminó con la conquista del territorio y la anexión definitiva de la zona al dominio romano.
Las fuentes clásicas, especialmente el historiador griego Apiano, relatan episodios de gran dureza. Entre ellos destaca el asedio de la ciudad de Colenda, que algunos investigadores identifican con la propia Sepúlveda. Este enclave habría resistido durante meses antes de caer en manos romanas, siendo posteriormente arrasado y sus habitantes vendidos como esclavos, incluidos mujeres y niños.
Pero, la pacificación del territorio no fue inmediata. Durante varios años, Roma tuvo que emplearse a fondo para sofocar los focos de resistencia que persistían en la región, aplicando una estrategia basada tanto en la fuerza como en la reorganización administrativa.
Siguiendo este modelo, Tito Didio impulsó el desarrollo de núcleos urbanos sobre antiguos asentamientos indígenas, como Cauca y Segovia, al tiempo que fundaban nuevas ciudades concebidas desde cero. Entre estas últimas destaca Confloenta, creada ex novo (desde cero) en uno de los extremos más fértiles del valle del Duratón, con el objetivo de controlar el territorio, vertebrar la economía y evitar futuras rebeliones mediante una presencia romana estable y organizada.

De Colenda a Sepúlveda: el resurgir de una ciudad
Esta urbe, Confloenta, planificada con criterios romanos (con foro, termas y espacios comerciales), se convirtió en un importante centro administrativo del valle. Mientras tanto, el asentamiento original de Sepúlveda quedó relegado a un papel secundario. Durante la época romana, el lugar habría funcionado como una pequeña aldea vinculada al territorio de Confloenta, aunque en sus alrededores se mantuvieron santuarios rurales dedicados a divinidades como Diana o Bonus Eventus.
Este proceso refleja un patrón habitual de la romanización: la sustitución de los antiguos centros indígenas por nuevas ciudades diseñadas según los intereses administrativos y estratégicos de Roma. En el caso de Sepúlveda, la intervención de Tito Didio no solo supuso una conquista militar, sino una auténtica reconfiguración del paisaje humano y urbano.
Con el paso de los siglos, y especialmente tras la etapa visigoda y medieval, Sepúlveda recuperaría protagonismo hasta convertirse en la villa histórica que hoy conocemos. Sin embargo, bajo sus calles y en su entorno permanece la huella de aquel episodio fundacional en el que Roma, de la mano de Tito Didio, redefinió para siempre el destino del territorio.












