Real Decreto de 22 de junio de 1898: “Se crea un Archivo General Militar, donde se refundirán los archivos dependientes del Ministerio de la Guerra que actualmente existen en Alcalá de Henares, Aranjuez, Guadalajara y Segovia…”. Estas palabras fundaron el Archivo General Militar más antiguo de las Fuerzas Armadas en España, el de Segovia, que ha abierto sus puertas con motivo de los Domingos de Patrimonio del área de Turismo de Segovia en una visita con cerca del medio centenar de participantes y conducida por Emilio Montero, Coronel de Artillería, director del Archivo, y por Mar González, directora técnica del mismo.

“Está claro que Segovia tiene un gran patrimonio y todos lo conocemos, pero desconocemos el patrimonio documental, la gente se pregunta qué hay detrás de las otras habitaciones del Alcázar”, señala el Coronel. Entre esos grandes desconocidos que el público asistente puede descubrir a través de estancias que nunca antes habían visitado, se encuentran documentos firmados por los propios Reyes Católicos, por Felipe II, Felipe IV, Alfonso XII o Fernando VII. “Historia pura”, señala sorprendida una de las asistentes mientras contempla el elogio al rey Fernando VII realizado con motivo de las Cortes de Cádiz.

Creado por la Reina Regente Doña María Cristina, cuyo semblante vigila la primera habitación del recorrido, el Archivo fue emplazado en el Alcázar segoviano en 1896 como parte del Departamento de Guerra con destino exclusivo al Cuerpo de Artillería y su Archivo Central. Entonces la fortaleza recién declarada Monumento Nacional, y que había pasado a ser de titularidad estatal tras su reconstrucción después del incendió que la asoló el 6 de marzo de 1862, comenzó a recibir legajos de documentación perteneciente a la Artillería española, hasta configurar en la actualidad unos fondos de más de 75.000 legajos y 16.000 metros lineales de estanterías, una distancia que equivale al camino hacia la localidad vecina de La Granja de San Ildefonso, explica la directora técnica de los fondos.

Puede resultar paradójico que el segundo monumento más visitado de España después de La Alhambra de Granada, con más de 500.000 visitas al año, sea prácticamente un “completo desconocido”, pero también es cierto que su propio recorrido abierto a la masiva visita del público puede resultar un gran deterioro para los fondos.

Aunque el destino del nuevo Archivo no gozó desde el principio con el consenso militar para su traslado al Alcázar, su asentamiento entre los muros de la que fue residencia cortesana de la realeza ha llegado hasta nuestros días con diecisiete salas en el propio Alcázar y cuatro en la Casa de la Química, anexa al mismo. Cada una de ellas con las características adaptadas a su emplazamiento como la cuidada madera de los Bosques de Valsaín (Segovia) de las estanterías de la fortaleza y las nuevas tecnologías y estanterías móviles de la Casa de la Química.

Todo para completar la documentación militar más antigua de España que se guarda cuidadosamente, con dispositivos que incluso miden la temperatura y humedad del ambiente, en 76.000 unidades de instalación entre legajos y cajas, de los que 56.000 son expedientes personales que recogían la vida profesional de los militares, como la instancia del propio Ramón y Cajal como médico del ejército.

En total 28 militares y 17 civiles trabajan en las cuatro áreas del Archivo Militar General. El área de Control, que vigila las idas y las venidas del contenido; el área de ‘Referencias’, sobre las consultas que se realizan en sus fondos, más del medio millar al año in situ, y más de 5000 por correo a todas partes del mundo; el área de ‘Conservación’, que incluyen las máquinas de condiciones atmosféricas, incendios y el seguimiento de control desde que un documento sale hasta que vuelve; y finalmente el área de ‘Descripción’, que consiste en informatizar y estar al tanto del contenido de todos los legajos.

Una visita que no dejó indiferentes al público asistente y que acaparó la atención de mayores y jóvenes desde el primer documento del fondo que data del 1467, la Carta de perdón de los Reyes Católicos a Juan de Cárdenas por entrar a mano armada a la localidad jienense de Andújar, pasando por la primera hoja de servicio de un militar, que data del 1619 sobre el noble Rodrigo Calderón, hasta una infinidad de planos de ciudades como Barcelona, Vitoria o Cartagena, de ferrocarriles, fábricas y edificios.

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