Entre las muchas sepulturas que se recorren estos días, en Segovia destaca una que durante todo el año recibe numerosas visitas de personas procedentes de muy diferentes países. Se trata del sepulcro de San Juan de la Cruz (1542-1591), literato y religioso abulense, considerado el patrón de los poetas españoles.

Su vida y sus postrimerías están ligadas a la literatura y a la religión, especialmente. El primero en inmortalizar la agitada vida y muerte fue Cervantes en la obra estrella de la literatura española. El Quijote recoge en su capítulo XIX el episodio del traslado nocturno de un cadáver por parte de un grupo de 20 yangüeses, gentilicio de un pueblo próximo a la capital, aunque también se les cita como sacerdotes.

Uno de los visitantes más ilustres que ha tenido el sepulcro de San Juan de la Cruz en Segovia llegó el 4 de noviembre de 1982. El papa Juan Pablo II recorrió algunas ciudades españolas, y en Segovia ofició a los pies del Acueducto un gran encuentro, el de mayor congregación de personas de los últimos años que se recuerdan en la capital. El Santo Padre aprovechó para acercarse al convento de los Carmelitas Descalzos, fundado por San Juan de la Cruz en 1586, donde se encuentran sus restos. De hecho, Karol Wojtyla basó su tesis doctoral en San Juan de la Cruz.

Las visitas turísticas en grupo organizadas a diario también tienen este sepulcro como lugar de paso obligado. En ellas se suele evita decir que el cadáver no se encuentra completo. La integridad intelectual del Santo y poeta no la consiguieron sus restos mortales, pues una disputa entre Úbeda (Jaén) y Segovia hizo que se repartieran sus huesos.

Lo narra también la periodista Nieves Concostrina en su libro ‘Polvo eres’ en el que repasa las “peripecias y extravagancias” de grandes personajes históricos. En el capítulo dedicado al poeta abulense recuerda que para ver las reliquias ubetenses de Juan de Yepes hay que acercarse al oratorio de San Juan de la Cruz. Allí se encuentran un fémur y una mano. El resto del cuerpo está en el monasterio de los Carmelitas. “La osamenta de Segovia está muy limpia y aseada, porque en 1992 unos expertos llegados del Vaticano la examinaron, desinfectaron, hidrataron y recompusieron para que San Juan estuviera de buen ver”, relata. En su reciente participación en el Hay Festival de Segovia, Concostrina puso de manifiesto que los sepulcros o los cementerios constituyen todo un museo de arte y un lugar donde se puede venerar a las personas que un día pasaron por este mundo.

Según su teoría, fue una noble segoviana, Ana de Mercado y Peñalosa, la que ordenó el traslado del cuerpo de San Juan de la Cruz desde la ciudad jienense de Úbeda, donde había sido enterrado. San Juan le había dedicado el poema ‘Llama de amor viva’. Al parecer, le había pedido este trabajo literario tras enamorarse de él en 1582, cuando le conoció en Granada.

 

Disputas

La polémica por el cadáver de San Juan de la Cruz se encuentra muerta y enterrada desde hace tiempo, y nadie discute por sus reliquias. Lo cierto es que San Juan de la Cruz dejó un gran legado cristiano tras una intensa labor en la ciudad del Acueducto. Junto a Santa Teresa de Jesús, fundó en 1574 el convento de los Carmelitas sobre otro anterior, de la comunidad de Trinitarios, asentada en la ciudad, junto al río Eresma, en 1206. El místico poeta rigió la casa de 1587 a 1591 y en su interior se encuentra su sepulcro, quizá demasiado lujoso, en contraste con la sencilla vida del Santo, más amigo de recorrer la senda, labrada en la roca, que conduce a los altos de las Peñas Grajeras, donde se halla una pequeña ermita dedicada a Santa Teresa, refugio espiritual del Santo. Aún se conserva allí el esqueleto del ciprés por él plantado. Una procesión de la Semana Santa segoviana permite contemplar un día al año este paraje.

La capilla en la que descansan los restos de San Juan de la Cruz, aunque no estén todos, es obra de Félix Granada, realizada en 1927, en homenaje a los 200 años de la canonización del Santo. La propia creación literaria de San Juan ha inspirado otras disciplinas y se funden en el mismo centro religioso, pues a la salida de la capilla se encuentra la iglesia que en su altar mayor tiene un retablo moderno y gigantesco compuesto por nueve cuadros inspirados en su obra poética. Son obra del Carmelita mexicano Gerardo López Bonilla, con motivo de la visita de Juan Pablo II en 1982.

 

Una vida polémica

La vida de San Juan de la Cruz no fue tan pacífica como aparenta su obra literaria. Una vez ordenado sacerdote y al acabar Teología en Salamanca se propuso, con Santa Teresa de Jesús, la restauración de la orden del Carmen. Pero su vida fue complicándose a medida a la par que sus viajes en nuevas fundaciones y visitas a conventos. Desde Toledo Fray Juan fue enviado como superior al Convento del Calvario, en la serranía de Jaén. Luego estuvo en Baeza, Alcalá y Granada.

De regreso a Segovia, San Juan accedió al cargo de primer Definidor y tuvo que fijar en este punto su residencia y gobernar el convento. Sus tres años de estancia en la ciudad de Segovia representaron para el Santo un período de paz y de creación literaria. Pero por discrepancias de pensamientos con dirigentes eclesiásticos de la época, fue trasladado cerca a Jaén, teniéndose que refugiar, al poco tiempo, por enfermedad, en un convento de Úbeda, donde enfermó y murió, por lo que no pudo volver a Segovia, hasta después de muerto.