6-3. No es el resultado de un partido de fútbol, sino de la batalla extra matrimonial que, sin quererlo, protagonizaron anoche Kathrin Bigelow y James Cameron. En tierra hostil se alzó con el Oscar a la mejor película y dirección, además de mejor guión original, fotografía, sonido, montaje y montaje de sonido. Y lo más importante: Bigelow es ya la primera mujer que gana la estatuilla en la categoría de mejor dirección. Hoy se celebra el día internacional de la mujer y Hollywood no dejó pasar por alto esa significativa fecha.

James Cameron llegó al Teatro Kodak con 9 nominaciones y volvió a casa con 3 premios, el número de dimensiones que tenía su película. Ser el rey de la taquilla no le ha servido para ser el rey de los Oscar. Otra vez será.

Y qué hay de las interpretaciones? Las masculinas, tan sabidas y esperadas como merecidas. Sobre todo la de Jeff Bridges que, 40 años después de su primera nominación de la Academia, recibía la estatuilla como mejor actor. Su trabajo en Corazón rebelde es máximo, insuperable, magistral… y me quedo corta. El gran Lebowsky recibió el premio a toda una carrera, un galardón que se merecía desde hace muchos años.

La de Cristoph Waltz tampoco sorprendió. Su papel en Malditos Bastardos (por cierto, único premio para esta película) sonaba a Oscar. Y cuando el río suena… ya se sabe.

Sobre Sandra Bullok, una pregunta. ¿Cómo interpretar la decisión de Hollywood con una actriz que horas antes recibía el Razzie a la peor actriz del momento? Muchos dicen que el Oscar de ayer era un premio a toda una carrera. Ah, claro! La red, Mis agente especial, La proposición, Prácticamente magia… ¿Cómo no la habíamos premiado antes?

Mo’nique lo tenía tan claro que ni se inmutó al escuchar su nombre. Para mí, un premio merecido y un detalle precioso, el de la flor en la cabeza en homenaje a Hattie McDaniel, la Mammy de Lo que el viento se llevó.

El premio de El secreto de sus ojos fue para mí la mayor alegría de la noche. Todas mis apuesta le daban el premio a La cinta Blanca, o quizás a Un profeta de Jaques Audiard, pero ver a Campanella con el hombrecito dorado en sus manos, me pareció lo más justo de la noche.

Sobre la gala, no hay mucho que decir. Fue la más corta, la más aburrida y la más previsible. Steve Martin y Alec Baldwin no brillaron con sus apariciones y el desorganizado final, hizo que el momento más esperado de la noche quedara deslucido. A Bigelow no le dio tiempo a sentarse para salir a recoger el galardón a mejor película y la tuvimos que ver detrás del escenario, corriendo desorientada, sin saber lo qué tenía que hacer.

No termino sin hablar de Almodóvar. Su vanidad es más grande que él. Hay que agasajarle durante meses para que vaya a los Goya, pero basta una llamadita de Hollywood para que coja el primer avión a Los Ángeles (sabida es su fobia a los aviones por las jaquecas, el jet lag, etc) para entregar estatuilla junto a Quentin Tarantino. Ay, qué mala es la fama…