Un viaje por la hostelería segoviana

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La nueva exposición “De tabernas, ventorros, bares y otros lugares.” del Museo Rodera-Robles de Segovia, puede visitarse entre los días 23 de diciembre y 4 de enero de 19:00 a 21:00 horas.

La temática de la exposición está ligada a la gran tradición hostelera que posee la ciudad de Segovia, donde siempre hemos encontrado establecimientos que se esmeran para servir a los comensales lo mejor de la gastronomía tradicional: barras de bares que se convierten en pequeñas exposiciones de objetos comestibles que buscan la belleza plástica que puede encontrarse en sus ingredientes; bebidas de siempre que se sofistican exageradamente…

Pero este momento álgido de la hostelería segoviana tiene unos orígenes que habría que buscar volviendo la vista atrás muchos siglos, porque viajeros han existido siempre y su necesidad de alojamiento dio lugar a la aparición de ventas, posadas y paradores. También los habitantes de la ciudad tuvieron siempre necesidad de acompañar sus vidas con vinos, con aguardientes, con licores y, por ello, hubo tabernas –incluso aquellas denominadas en los documentos “de lo bueno”- para surtir a la población de los vinos que llegaban desde Valdepeñas, de Arganda del Rey, de los viñedos que los monjes del Parral poseían en Nieva.

Y así fueron pasando los siglos, con establecimientos modestos modestos, hasta su transformación a lo largo del siglo XX. Fue entonces cuando los viajeros se convirtieron en turistas y el nivel de exigencia en productos, instalaciones y trato profesional hizo espabilarse a los empresarios hosteleros y buscar la manera de avanzar al ritmo de una sociedad cada vez más exigente. Surgieron entonces ofertas específicas para los visitantes, ofreciendo lo que más buscaba: la gastronomía propia de la tierra: y a las mesas fueron llegando platos con cordero, cochinillo, truchas, judiones y un producto dulce diseñado para ello: el ponche segoviano. Las barras de los bares también comenzaron a cambiar. Los camareros se uniformaron con impolutas camisas blancas, chaquetillas, lazos negros… y los camareros comenzaron también a sentir la importancia de su función social. Y las calles fueron llenándose de nombres que poca relación tenían con la vieja historia local: “Ketama” “Venecia” “La Suiza” “La Criolla” “La Meca” “Orly”, “Maracaibo” “Siboney”.

“De tabernas, ventorros, bares y otros lugares” es un viaje por la gastronomía segoviana desde sus orígenes hasta la actualidad.

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