La nueva obra ‘Pórticos románicos en las tierras de Castilla’ inicia una nueva colección de la Fundación Santa María la Real que, bajo el nombre ‘Emblemas del románico’, amparará al menos una publicación al año sobre elementos y monumentos singulares del estilo arquitectónico predominante durante los siglos XI, XII y parte del XIII. El segundo título versará sobre la catedral de Jaca y su autor, Isidro Bango, ya trabaja en él de cara a su edición en 2015 pero, entretanto, es el trabajo de José Arturo Salgado Pantoja el que ya ha visto la luz como original obra de referencia para el estudio y conocimiento del románico hispano.

No en vano, “es el primer estudio sistemático y crítico que existe sobre estas estructuras”, valoró Salgado Pantoja en declaraciones recogidas por Ical durante la presentación del libro. El acto tuvo lugar precisamente en la románica sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce de Segovia, cuya provincia concentra casi la mitad de los pórticos analizados en la obra.

Junto al autor estuvieron el director de la Real Academia segoviana, José Antonio Ruiz; el catedrático de Historia del Arte y director de la tesis que dio origen al libro, Miguel Cortés Arrese; el director del Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real, Jaime Nuño; y Teodoro Hernández, director de Relaciones Institucionales de Cajamar, entidad que patrocina esta publicación y que este mes participará también en la presentación de una guía del románico de Valladolid.

El libro de Salgado Pantoja, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha, es el fruto de seis años de trabajo en la elaboración de su tesis doctoral, adaptada posteriormente para reorientarla hacia un público más amplio. Editada por la Fundación Santa María la Real (con sede en Aguilar de Campoo, Palencia) con el citado apoyo de Cajamar, cuenta con prólogo de Gerardo Boto Varela y reúne en 310 páginas un detallado estudio de 68 pórticos de Ávila (1), Burgos (5), Guadalajara (15), La Rioja (1), Soria (16) y Segovia (30).

Los atrios son analizados desde una doble perspectiva: por un lado de forma individual, con “datos precisos sobre los elementos constructivos y ornamentales de cada caso”; y por otro de manera conjunta, atendiendo a cuestiones como sus “tipologías, afiliaciones artísticas entre los distintos ejemplares, los temas iconográficos sobre la escultura de estos pórticos, sus connotaciones simbólicas y las funciones que desempeñaron”, explicó el autor.

Su objetivo, en esencia, era “dar respuestas a interrogantes difíciles de resolver”, y por ello se introdujo en el mundo de los archivos diocesanos para buscar “los libros parroquiales de fábrica de estas iglesias o los informes de obras efectuadas en galerías porticadas”.

 

De Sigüenza a El Burgo de Osma y Segovia

Para Salgado Pantoja, los pórticos son “una creación genuinamente hispana”, aunque matizó que “hay casos documentados incluso en tiempos del emperador Constantino el Grande”, en los inicios de la arquitectura cristiana (siglo IV después de Cristp.) y también en contextos orientales y norteafricanos. “Si algo hace especiales y únicos a los pórticos castellanos es su homogeneidad constructiva, ya que son bastante parecidos entre sí dentro de sus diferencias, y sobre todo su funcionalidad poliédrica y bien definida”, prosiguió.

Como expuso, se trata de “recias galerías concebidas para perdurar, construidas con los mejores materiales disponibles, amparadas por la jurisdicción eclesial y dotadas de arquerías abiertas no solo para el uso y disfrute de las autoridades eclesiásticas como propietarias, sino también para los parroquianos, que eran los que verdaderamente las dotaron de significado”.

Casi todas se encuentran “dentro de una especie de triángulo imaginario cuyos vértices estarían situados en las sedes episcopales de Sigüenza (Guadalajara), El Burgo de Osma (Soria) y Segovia”, un detalle que no fue casual, ya que los atrios ofrecían “una solución arquitectónica bien adaptada a las circunstancias y necesidades concretas de este marco geohistórico”.

Salgado Pantoja reseñó que las autoridades eclesiásticas, como propietarias, procuraron regular los usos de los pórticos “poniéndolos exclusivamente al servicio de las necesidades espirituales de los parroquianos”. Sin embargo, “algo grandioso es que la naturalidad, la espontaneidad y a veces el carácter transgresor del pueblo llano fueron ingredientes fundamentales que terminaron de dotar de significado a los pórticos”.

De hecho, recordó que bajo sus arcos no sólo se ampararon los catecúmenos y penitentes, sino también los fugitivos y “todo un conglomerado de individuos que no entendían de género, edad, estirpe, religión o procedencia”. Allí, durante siglos, unos y otros se dieron cita para debatir asuntos municipales, administrar la justicia de paz “o incluso para fines más controvertidos, alegales si no ilegales, como jugar, bailar, chancear, comercial o realizar representaciones de carácter dramático”, aparte de actos litúrgicos.

 

“El puesto más destacado”, para Segovia

Dentro de esa extensa nómina de emblemáticos atrios románicos, “Segovia tiene el honor de ocupar el puesto más destacado”, resaltó el historiador toledano, ya que “solo la ciudad cuenta con indicios de una decena de ejemplares” y la provincia engloba casi la mitad de los casos recogidos en este estudio. “Pero más allá de ese predominio cuantitativo”, Gonzalo Pantoja puso de manifiesto “el magnífico valor y la grandísima calidad artística de los pórticos segovianos”.

Entre otros ejemplos, citó “las majestuosas galerías de San Martín y San Millán”, en Segovia capital; “la airosa y muy primitiva” galería de la iglesia de El Salvador de Sepúlveda; la “deliciosa epifanía” del capitel de la de Duratón; las “hipnóticas arpías” de la ermita de Las Vegas en Requijada o “la maravillosa cornisa” que remata el pórtico de Sotosalbos. “Y sobre todo, también los alquerques medievales tan especiales del basamento del pórtico de Fuentidueña”, concluyó.

Miguel Cortés Arrese, por su parte, ensalzó la originalidad de un tema que “no puede ser más sugerente”, editado “con generosidad” para conformar un libro “dirigido a los sentidos” y “alejado de la idea de que las tesis doctorales son libros aburridos”. La tesis que él dirigió “está acondicionada para que sea un libro que se pueda leer con placer, y no solamente desde el punto de vista del texto, sino de las imágenes”, añadió.

Con ‘Pórticos románicos en las tierras de Castilla’ se abre “una nueva vía de publicaciones muy visual”, avanzó el director del Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real, quien se refirió a la obra de Salgado Pantoja como “la punta de lanza de una nueva serie editorial en la que anualmente irán apareciendo nuevos trabajos”. Nuño confirmó que el siguiente número será el de la catedral de Jaca y su autor, Isidro Bango Torviso, un historiador especializado en el arte románico y prerrománico, doctor y catedrático por la Universidad Autónoma de Madrid.

“La idea” de la colección ‘Emblemas del románico’ es “profundizar en elementos singulares, como ha sido el caso de los pórticos, y también en monumentos emblemáticos”, continuó Nuño. Y para ello sus títulos contarán con “un aparato gráfico muy amplio”, además de mantener “una alta calidad de los textos”, con un cuidado “muy exquisito” en ese sentido. “De momento la idea es ir sacando un tomo al año más o menos, aunque luego depende de la financiación o las ventas”, matizó.