El Palacio y el Monte de Riofrío se convierten estos días otoñales en un lugar de veneración para los amantes de la naturaleza y de las artes venatorias. Los vivos colores que adquieren los árboles que forman la diversa vegetación hacen de este enclave un privilegiado espacio. 

Además de la mezcla de colores verdes, ocres o amarillos, las fechas de temporada de caza animan a visitar el Museo que alberga el recinto de Riofrío, que cumple 40 años de su creación. Esta colección ha permitido devolver al Real Sitio de Riofrío la finalidad para la que fue creado como residencia temporal de reyes mientras practicaban la caza en las laderas de la Sierra de Guadarrama.

Utilizado por los monarcas exclusivamente para practicar su deporte favorito, la caza, únicamente ha sido habitado como estancia habitual, con carácter temporal, por los reyes Francisco de Asís de Borbón y Alfonso XII.

El Palacio Real de Riofrío es una de las residencias de la Familia Real Española, gestionada por el organismo Patrimonio Nacional, que administra los bienes del Estado al servicio de la Corona. Una de sus peculiaridades radica en que se encuentra en un enclave del término municipal de San Ildefonso, en Segovia, a once kilómetros de la localidad, y no en los de los ayuntamientos más próximos, Las Navas de Riofrío o La Losa.

El edificio central, visible a muchos kilómetros de distancia por el color rosado de su fachada, se encuentra rodeado por un extenso bosque de 625 hectáreas, donde habitan gamos y ciervos, entre otros animales que hacen las delicias de visitantes. Pero también acoge en su interior el Museo de Caza. Se encuentra ubicado en la mitad de las salas de la planta noble y supuso toda una novedad hace cuatro décadas al convertirse en el primero de estas características en España y de Europa.

Al acto inaugural de este espacio asistió el que fuera en su día presidente de Patrimonio Nacional, Luis Carrero Blanco; así como el gerente, Fernando Fuertes de Villavicencio; el director general de Bellas Artes, Florentino Pérez-Embid, y otras personalidades, entre ellos los gobernadores civiles de Madrid y Segovia.

A través de diferentes dioramas que siguen expuestos, se representan a los diferentes animales de la península ibérica, integrados en su hábitat, iluminados y con una pintura de fondo. Ciervos, gamos, osos, patos, perdices, grullas y garzas… una larga relación de especies que en la actualidad se mantienen en un estado de conservación admirable. Pero además se mantienen importantes colecciones de armas, o cuadros, entre los que destaca el famoso cuadro de Velazquez, ‘La cuerna’, que años después se trasladó a Madrid, y fue sustituido por una replica para garantizar la conservación del auténtico.

Los artistas que realizaron los dioramas del museo fueron el taxidermista José Luis Benedito, y el pintor y maquetista Emilio Ruiz del Río.

 

Arquitectura única

Pero además del Museo de Caza, el conjunto atesora otros atractivos que hacen de este palacio barroco cortesano construido entre los años 1752 y 1759, por orden de Isabel de Farnesio. De estilo italiano con planta cuadrada y tres pisos de altura, fue diseñado por el arquitecto italiano Virgilio Rabaglio a imagen y semejanza del Palacio Real de Madrid. Ni la promotora del conjunto ni su hijo Carlos III llegaron a residir en éste espacio.

Sin embargo sí fue utilizado por los sucesivos soberanos españoles cuando iban de caza a los bosques de Riofrío. Habitaron el palacio de forma habitual Francisco de Asís de Borbón, rey consorte y marido de Isabel II, que se retiró aquí cansado de las infidelidades de su esposa, y Alfonso XII, durante el duelo por la muerte de su esposa María de las Mercedes.

El conjunto ha sido ahora motivo de la publicación de un libro, obra de Juan Francisco Hernando Cordero, que ha trabajado como guía de Patrimonio Nacional. “Se sabía muy poco de Riofrío; apenas había publicaciones”, justifica. Así que él, entonces estudiante de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid, empezó a investigar y en 2008 presentó su tesis doctoral sobre Riofrío. Ahora Caja Segovia ha editado un nuevo libro y ha acogido una presentación del trabajo. En él se revelan aspectos desconocidos como que junto al Palacio se levantaron barracones para los distintos oficios que participaban en las obras, hubo un pequeño oratorio, una enfermería… Tales construcciones permanecieron en pie hasta el siglo XIX, cuando, a la vista de que el proyecto original no se consumaba, fueron eliminadas. Además aporta datos nuevos como que conserva, bajo su punto de vista, “uno de los mejores conjuntos de arquitectura industrial de toda España”. Así, quedan restos de seis tejeras, cuatro caleras, dos canteras y una presa.

Pero además, dentro sus investigaciones le han llamado la atención las circunstancias que rodearon la construcción y diseño de este palacio. El arquitecto que ideó todo el conjunto, el italiano Vigilio Rabaglio, protagonizó tantas intrigas, traiciones y presiones que bien merecería un guión cinematográfico, señala el autor, a la vez que define al conjunto como un bucólico lugar que merece ser más conocido y apreciado.

 

Utilidad como granja 

Pero si durante años ha sido residencia y centro de caza, el Bosque de Riofrío se ha consolidado como lugar para la cría y exportación de ungulados. Precisamente en estas fechas otoñales, los machos se hacen notar más que nunca porque es época de berrea: que revela que las hembras entran en celo y que se inicia el ciclo reproductivo de ciervos y gamos. La creciente población de ungulados hace que Patrimonio Nacional equilibre el número de cabezas y regularmente tenga que disminuir el número de animales. 

La reducción de cabezas lo establece el Plan Cinegético 2009-2013 del Palacio de Riofrío, documento en el que se estima que la cifra más adecuada de cérvidos para la finca, que se extiende por una superficie de 625 hectáreas, es de 250 ejemplares, según recuerda Ángel Muñoz, coordinador de Jardines de Patrimonio Nacional.

Fernando Carrascal, ingeniero forestal de Patrimonio Nacional en San Ildefonso y Riofrío, asegura que la finca de Riofrío tiene una capacidad productiva de unas 350.000 unidades forrajeras al año, y con esta producción no admite más de 200 gamos y 50 ciervos. Aunque en las últimas décadas se han acotado a los cérvidos unas amplias parcelas de Riofrío, con un 25 por ciento de su superficie, para intentar la regeneración de la vegetación y que no se degradara el monte, lo ideal es reducir el número de animales y que cuenten con un mayor espacio libre.

Los cérvidos se recogen vivos y se emplean para repoblar fincas de caza de Extremadura y Andalucía fundamentalmente. Para recogerlos se ha instalado un sistema de captura que conduce a los animales a un gran corral que va estrechándose progresivamente para acabar una manga y de ahí se les sube a un camión. Para evitar daños entre ellos se les quitan las cuernas antes de ser transportados.

La reciente recuperación de charcas ha permitido también albergar diferentes especies de anátidas que comienzan a ser más frecuentes al inicio del invierno. Garzas reales, ánades reales y otras aves suponen un incremento de la biodiversidad. No acaba ahí la rica fauna que acoge el bosque de Riofrío pues para permitir la recuperación de especies en peligro de extinción como el Águila Imperial, Patrimonio Nacional ha autorizado la instalación de vivares de conejos, alimento imprescindible en la dieta de esta gran rapaz, representante de la fauna ibérica.