Sotera y la red que no se ve en los pueblos de Segovia
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A Sotera la conocen en su pueblo sin necesidad de apellidos. No hace falta. Basta con decir su nombre para saber de quién se habla. Está donde tiene que estar. Y muchas veces, incluso antes. La encuentras en las aulas de manualidades, concentrada, cosiendo, pintando o aprendiendo algo nuevo. Pero, sobre todo, compartiendo. Porque allí no se va solo a hacer labores. Se va a estar. A hablar. A reír. A preguntarse unos por otros.
Sotera va casi siempre. Porque le gusta, sí. Pero también porque sabe que allí siempre hay alguien. Y porque, si un día falta alguien, se nota. Y se pregunta. En una mesa cualquiera, mientras las manos trabajan casi sin darse cuenta, se cruzan historias, preocupaciones y pequeños momentos que, sin hacer ruido, sostienen mucho. Hay quien aprende algo por primera vez. Quien retoma lo que hacía de joven. Quien simplemente encuentra una razón para salir de casa.

Son espacios pequeños, casi discretos. Pero basta entrar para entenderlo: hay vida. Hay gente que se encuentra, que repite, que vuelve. Y eso, en un pueblo, vale mucho. Detrás de todo esto están las aulas sociales y los talleres que la Diputación de Segovia impulsa en muchos municipios de la provincia. Propuestas sencillas, cercanas, pensadas para que los vecinos tengan un lugar donde coincidir. Donde aprender, sí, pero sobre todo donde compartir.
Pero hay algo más. Porque en los pueblos, muchas veces, lo importante no es solo encontrarse… es estar pendiente. Programas como «Vecin+s Puerta con Puerta: Redes de Solidaridad» nacen precisamente de ahí. De lo que ya ocurre de forma natural. De esa forma de vivir en la que una puerta que no se abre llama la atención, en la que una ausencia se nota. La iniciativa busca reforzar esa red de cercanía, ayudando a detectar situaciones de soledad o vulnerabilidad antes de que vayan a más. No se trata de inventar nada nuevo, sino de cuidar lo que ya existe.

Eso es lo que hay detrás de historias como la de Sotera. Y eso es lo que quiere poner en valor la campaña «Nuestros pueblos, nuestra fortaleza» de la Diputación de Segovia: esa forma de vivir en la que nadie pasa desapercibido. Porque al final no se trata de programas ni de nombres propios. Se trata de algo mucho más sencillo. Que nadie esté solo.
Y que, pase lo que pase, siempre haya alguien al otro lado.

