Salvador Montagud Doria es adoptado pero no cree que su madre le abandonara por voluntad propia. Sus padres adoptivos pagaron por él 90.000 pesetas de la época. El suyo es uno de los muchos casos que están saliendo a la luz y que buscan una explicación.

“Me enteré de que era adoptado a los diez años, durante una pelea con un niño en el colegio. Fui llorando a casa y se lo dije a mi madre. Se quedó de piedra y me pregunto si, en caso de ser verdad, le iba a querer menos. Sorprendentemente, tuve una reacción muy madura para mi edad; le contesté que no, todo lo contrario, le querría incluso más.” Así empieza su relato Salvador Montagud Doria convencido de que, de no ser por esa riña colegial, no habría sabido nunca la verdad ni tampoco habría empezado el peregrinaje que le lleva desde hace tiempo a buscar a su madre biológica.

Recuerda con viveza ese momento. “Estábamos los dos en la cocina y mi madre lo admitió”. Su padre no estaba y no sabe cómo abordaría la cuestión o cómo le contó su madre lo sucedido, pero, al día siguiente, fue como si no hubiera pasado nada. Todo continuó como si fuera un día más, completamente normal.

A raíz de la emisión del programa de televisión de Paco Lobatón ‘Quién sabe dónde’, muy popular en los 90, empezó a interesarse por el tema. Y ahí empezó una andadura que aún no ha concluido. Ya por entonces vivía en Segovia, ciudad a la que se trasladó hace 27 años, para finalmente afincarse en la localidad de El Espinar (Segovia) en 1994 donde regenta un negocio.

Salvador Montagud nació el 19 de mayo de 1964 en la Casa Cuna Santa Isabel de Valencia. Tiene una escritura de adopción legal, señala, pero considera que en su caso se dan algunas irregularidades. Por ejemplo, sus padres adoptivos “pagaron” cerca de 90.000 pesetas de la época aunque, según especifica en declaraciones a Ical, en la casa cuna lo llaman “donaciones”. En cualquier caso, continúa, “mis padres estaban engañados” porque, insiste, “si no había donación, no había niño”. En realidad, estaban seguros de hacer una doble obra de caridad: por un lado, aportaban una ayuda económica para caridad y, por otro, se hacían cargo de un niño abandonado, apunta. 

Cuando solicitó su partida de bautismo se encontró con otra sorpresa. En el documento figuraba el 17 de mayo como fecha de nacimiento y no el 19 de ese mes. Le dijeron que era “un error”, pero “cuando pedí de nuevo el documento, la fecha estaba rectificada y ponía 23 de mayo, por lo que tampoco coinciden las fechas”. Nueva sorpresa.

En la casa cuna donde nació se interesó por su situación. “Allí no me decían nada, tampoco el abogado que tramitó la adopción. Me tiré una década esperando a ver si alguien me buscaba”. Hace un par de años, cuando empezaron a tomar fuerza casos similares al suyo, comenzó a indagar en internet y a través de las redes sociales. “Me pongo en contacto con gente que ha nacido en la misma casa-cuna y ponemos en común todo lo que nos ha pasado; nos damos cuenta de que la historia se repite, casi todos los casos se refieren a niños que han sido abandonados para los que se busca una nueva familia, que conlleva una donación económica, y con el mismo procedimiento de recoger al niño recién nacido, con menos de 24 horas de vida”, explica.

Hoja de ruta

Pertenece a la asociación ‘SOS Bebés Robados’ y tiene la esperanza de encontrar a su madre biológica, aunque es consciente de que ha emprendido un difícil camino que, ahora mismo, está en vía judicial. Su abogado, Enrique Vila, especialmente preocupado por este tipo de asuntos, ya requirió información al Juzgado de Valencia y está preparando una denuncia con la que intentar aclarar lo sucedido, indica Montagud.

Salvador está dispuesto a llegar hasta el final. Su padre adoptivo murió hace 14 años y su madre hace tan sólo uno; por respeto hacia ellos, para evitar hacerles daño, no ha hablado mucho del tema hasta ahora. “Nunca me ha faltado cariño”, sentencia, pero sobre sus espaldas lleva un triple sufrimiento: “el propio, el de mis padres adoptivos y el de los biológicos” porque sabe que todos, en algún momento, han sufrido. Tiene necesidad de saber porque “te falta algo”, echa de menos comentarios habituales como “te pareces a tu hermano o ese gesto es de tu abuelo” y reconoce que le gustaría tener hermanos.

A raíz del nacimiento de sus hijos, le entraron más ganas de conocer la verdad porque, por ejemplo, cuando va con ellos a la consulta del médico y le preguntan por sus antecedentes familiares, no tiene respuestas. “Mis hijos están encantados y me animan a seguir buscando”, dice satisfecho. “Tengo hechas pruebas de ADN e incluso he intentado contrastarlas con gente con la que contacto por Facebook”.

Con todos estos movimientos “tengo un poquito más de confianza en encontrar las respuestas que busco; simplemente quiero saber quién es mi madre, darle un beso y un abrazo, que me cuente lo que pasó, no habrá ningún reproche”. Admite que no sabe cómo reaccionará si llega el momento. “No me lo he planteado, quizá en un parque los dos hablando” medita, pero también sabe que se han dado casos muy dramáticos alejados del encuentro ideal entre madre e hijo. Hace alusión a que, en ocasiones, las mujeres se han desprendido de forma voluntaria de sus hijos, que temen que su secreto salga a la luz o que, con el transcurso del tiempo, no quieren saber nada de ellos porque han formado una nueva familia. 

Salvador Montagud está preparado para lo que pueda ocurrir porque “sólo quiero saber qué ocurrió”. Lo importante, dice, es no obsesionarse, “hay fases en las que tienes más ganas de buscar que en otras”. 

Búsqueda en el País Vasco

Una de las pistas que podrían conducirle hacia su objetivo es que, según le comentaron a su madre adoptiva, la biológica procede del País Vasco. “Intentaba preguntar a mi madre, pero no sabía mucho y, por otro lado, no le gustaba que indagara, probablemente, por el sentimiento de que la quisiera menos”, lamenta. “La única esperanza es que mi madre, sea del País Vasco o no, me busque; espero que si alguna mujer que diera a luz en la Casa Cuna de Valencia, en la fecha de mi nacimiento, el 19 de mayo de 1964, perdiera a su hijo y albergue dudas sobre lo que sucedió, me busque”.