Como todos los domingos, María y Clementino, un matrimonio de octogenarios, son los primeros en recibir una reconfortante visita. No hace falta llamar, los anfitriones están esperando y la puerta cochera del corral está abierta. Con el sonido de fondo de la televisión -en ese momento el arzobispo Rouco Varela está en plena homilía-, Isidro Alonso les pregunta por la familia, por los resultados de los últimos análisis y por cómo llevan el frío -son poco más de la diez de la mañana de un domingo de invierno y el termómetro en La Unión de Campos marca tres grados bajo cero-. Las conversaciones se enlazan rápidamente hasta que, con una bendición y una pequeña liturgia, Isidro les da la comunión, antes despedirse entre abrazos y apretones de manos, y de pedirles paciencia, mucha paciencia.

La casa de María y Clementino es la primera de la más de media docena de visitas que Isidro realiza cada quince días a los vecinos que, por edad o enfermedad, no pueden asistir a la misa de once. Esta eucaristía de La Unión es la primera del día, después será el turno de Valdunquillo, Bolaños y Villamuriel, los pueblos que también tiene a su cargo desde que fue ordenado sacerdote en la primavera de 2007.

En La Unión de Campos, como recuerda Maruja, una fiel colaboradora de la parroquia, “siempre hubo un cura para nosotros solos, aunque más tarde lo tuvimos que compartir con un pueblo vecino. Ahora, don Isidro, que afortunadamente vive con nosotros, se tiene que multiplicar para atender a los cuatro municipios que tiene a su cargo”.

A sus 34 años, Isidro es uno de los pocos sacerdotes jóvenes de los más de 2.600 que están repartidos por las 5.346 parroquias de Castilla y León y uno de los testigos de cómo los seminarios se están vaciando poco a poco. Se trata de un proceso continuado que ha llevado a que en los últimos quince años la cifra de aspirantes al sacerdocio se haya reducido en una cuarta parte, pasando de los 1.997 seminaristas del curso 1990-91 a los 1.227 de la actualidad, por no hablar de los más de 7.000 estudiantes que llenaban los seminarios españoles hace cincuenta años.

El propio arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, reconocía recientemente que la Iglesia Católica se encuentra en una “grave situación” por la disminución de vocaciones y por contar con un clero envejecido al que no ve cercano el “necesario relevo generacional”.

Precisamente, la alta edad de los sacerdotes españoles -la media está por encima de los 65 años- hace que, en un futuro próximo y de seguir el actual ritmo de vocaciones, en muchas parroquias no se podrán atender todas las tareas pastorales.

 

Relevo generacional

El relevo generacional es mucho más grave en la mitad norte que en el resto del país, donde en diócesis del País Vasco, Cataluña y Galicia cuentan con un ochenta por ciento de sacerdotes cuya media de edad supera los 72 años, pero la situación de Castilla y León no es mucho mejor. Entre 2005 y 2010, el conjunto de las once diócesis de la región perdió 848 sacerdotes, pasando de los 3.534 a los 2.686, mientras que el mismo periodo el número de alumnos en los seminarios de la región se redujo casi a la mitad, al caer de los 89 del curso 2004-2005, a los 57 del pasado ejercicio. Además, en 2010 sólo se ordenaron en Castilla y León cuatro sacerdotes -dos en Burgos, uno en León y otro en Palencia-, cuando diez años antes fueron 24.

Para Isidro, detrás de la falta de vocaciones y del distanciamiento entre la sociedad y la Iglesia está la pérdida de valores. “Ahora la gente vive al día y no hay ilusión por superarse. La crisis de valores morales a la que ha llegado la sociedad es la misma que afecta a las vocaciones sacerdotales. El sacrificio ha dejado de ser el camino para alcanzar los deseos y superarte”.

“Además de ser desprendido, -continúa Isidro- la principal virtud de un sacerdote debe ser la generosidad. Muchas veces tengo la sensación de que más que un cura soy una especie de asistente social que tiene que ir resolviendo entre los feligreses problemas económicos, de convivencia e incluso de salud. Pero no importa, mi tiempo es el tiempo de los demás, y su bienestar uno de mis objetivos”.

Por el contrario, para Julio José Gómez, párroco de Carrión de los Condes (Palencia) y de otros diez municipios, no se puede hablar de crisis de vocaciones. “Es verdad que cada vez hay menos alumnos en los seminarios y que el relevo generacional es difícil, pero todas las vocaciones de ahora son de verdad. Hace años, cuando los sacerdotes tenían un prestigio social, el seminario se convertía en una salida más, pero hoy en día todo ha cambiado. Sin duda, nadie que acude ahora a un seminario lo hace engañado, es más, la mayoría de las vocaciones de ahora son adultas, es decir, son gente que llega al seminario después de haber estudiado otra carrera y después de haber tenido muchas vivencias. A estas alturas ya no hay barnices ni vocaciones superficiales, los que decidimos este camino lo hacemos totalmente convencidos de que queremos vivir de acuerdo a la fe en Cristo”.

Después de ser ordenado sacerdote en 2003, llegó a esta localidad palentina tras pasar cuatro años por Roma, donde estudió comunicación y periodismo, y uno por Becerril de Campos. En esta localidad puso en marcha una experiencia que le sirvió para tener un reconocimiento por parte del Vaticano. Aprovechando sus estudios de comunicación, puso en marcha un ‘blog’ que fue seleccionado por la Santa Sede para participar en el ‘Vatican Blog Meeting’, un encuentro mundial de ‘blogueros’.

Ahora, para atender a los once municipios, Julio José cuenta con la ayuda de una religiosa, un sacerdote misionero que se está recuperando de una enfermedad, un diácono y tres curas jubilados que viven en una residencia de Carrión y que se encargan de oficiar las misas de los cinco conventos de religiosas que hay en la localidad. Además, el trabajo se multiplica cuando desde el mes de abril el paso de peregrinos comienza a incrementarse y alcanza una media diaria de 400 personas. “Entonces también oficio una misa diaria para los peregrinos que, como mínimo, congrega todos los días a un centenar de personas”.

 

Dispersión

“No tengo tiempo para aburrirme, ya que además de las obligaciones propias del sacerdocio, también tengo que ejercer de contable y llevar todo el papeleo, algo a lo que tienes que dedicar muchas horas, eso por no hablar de cuando una boda se te junta con un funeral. Además, en los meses de verano la población de Carrión se duplica, e incluso en determinadas semanas se triplica, algo que también genera más trabajo. Si no fuera por mis ayudantes no podría atender a todas las parroquias y a todos los conventos. Es verdad que cada vez hay menos gente en las iglesias, pero también es verdad que no se cierra ninguna. Como en sanidad o en educación, la dispersión de la población en Castilla y León también es un problema para nosotros”.

Julio José está convencido que la Iglesia debe mantenerse fiel a sus ideales, ya que “nadie nos debe marcar la agenda. Otras iglesias como la Protestante ha llevado a cabo cambios con el objetivo, según dicen, de acercarse más a la gente, pero la realidad es que lo único que han logrado ha sido distanciarse más y perder feligreses. El aborto siempre será un asesinato, y en este caso el papel de la Iglesia debe ser el de apoyo a las mujeres. Nunca los cambios y las modas de la sociedad deben marcar el camino a la Iglesia, que a lo largo de su historia ha sido capaz de sobreponerse a gobiernos e imperios. La Jornada Mundial de la Juventud fue el mejor ejemplo de que hay millones de jóvenes que quieren vivir en la verdad de Dios”.

En la actualidad, existen en España 62 seminarios mayores y 41 menores. La formación intelectual del futuro sacerdote se asemeja a la de un estudiante universitario, con seis años de estudio: dos de filosofía y ciencias humanas y cuatro de teología y pastoral. Según las circunstancias de cada diócesis, dichos estudios se cursan en el seminario o en facultades de Teología. Al terminar los estudios, ejerciendo el diaconado, se tiene un año de práctica pastoral en parroquias.