Llega el Día de los todos los Santos y como no, os traemos el dulce por excelencia en estos días: los buñuelos. Este producto tradicional data del siglo XIV cuando se empezaba a utilizar el aceite para freír, como ha explicado a Segoviaudaz.es el presidente de la Asociación de Pasteleros de Segovia, Jesús Manso; quien ha asegurado que pasados estos días se habrán vendido en torno a los 500 y 600 kilos en total.

Los buñuelos (o buñuelos de vientos) se realizan con una masa fría a base de agua, leche, sal, manteca de cerdo (o también mantequilla), harina y huevos. Para elaborar esta masa se hierve el agua, la sal y la manteca en una cazuela, una vez fundida se añade la harina y se amasa a fuego suave. Cuando la masa se hace una bola seca se separa del fuego. El siguiente paso es ponerlo en aceite y cocerlo, se hace pasta consistente y luego se mezcla con los huevos. Tras esto se hace en porciones redonda similares, se fríe y llega el mejor momento pastelero: rellenarlos. Lo tradicional es hacerlo con nata, crema o trufa. Y finalmente, se rebozan en azúcar de canela.

Pero si tu eres más de huesos de santos aquí tienes la receta. «Los huesos de santos merecen una elaboración más laboriosa. Tienen unos 80 – 90 años y su origen procede de los arábes que lo introdujeron en España».

El relleno de buñuelos se elabora con yema de huevo y es un dulce envuelto en masa de mazapán 50% de azúcar y 50% de almendra. Despúes se lamina o se estira «como si fuera un cigarrillo» y se deja secar. Se rellena «principalmente de yema, tal y como es el tradicional». La elaboración termina bañandolos en masa de grasa muerta – como se llama en el oficio – de agua o jarabe. «La tradición dice que cada vez que comemos un hueso de santo sacamos un alma del purgatorio» nos explica Jesús Manso entre las bromas de sus compañeros de cocina. A pesar de la dificultosa elaboración «nos piden más los buñuelos que los huesos de santos. Estos últimos son más dificiles de digerir y gustan menos».

 

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