A veces resulta extraño entender determinados comportamientos, actitudes e incluso intereses que marcan la historia de esta provincia. Créanme cuando les digo que hago un esfuerzo por comprender, sin ningún éxito, cómo algunas personas ostentan cargos de responsabilidad y cómo el resto de la ciudadanía se consigue mantener callada, observando incrédula y sin poder abrir la boca, en muchos casos por miedo. Confieso que yo en principio pensaba igual, y a veces opto por estar callada para evitar problemas o comentarios, pero otras, en cambio, mi sangre empieza a hervir cuando veo cómo Segovia, con todo lo que podría abarcar, se desvanece entre la mediocridad y la hipocresía.

Observo con asombro algunas de las noticias que mi propio equipo publica en Segoviaudaz. La última, la del proyecto del Palacio de Congresos, allá, ubicado en un prado oscuro señalado por los intereses personales, envuelto en decenas de polémicas, con una inversión millonaria, con dineros y fondos ‘perdidos’, con una estructura de hormigón planeada con un hotel (y ahora en venta), con representantes políticos de diversos partidos imputados y mejor no seguimos porque, finalmente, será la justicia la que acabe de contar esta historia…

Pero volviendo al tema que nos ocupa, hablemos del Palacio de Congresos de Segovia21, que no de Segovia, ubicado a diez kilómetros de la capital y a tan sólo dos de otro Palacio de Congresos. Quizá el trabajar en eventos te permite conocer, aunque sea un poco, las carencias que tiene esta ciudad, principalmente, unas carencias que pasan por tener que llevarte un congreso de 250 – 300 personas a Ávila, a Toledo a Guadalajara o, el próximo, a Alicante por carecer de salas que alberguen a tanto congresista que, como bien imaginan, generan riqueza en nuestras empresas, establecimientos, restaurantes y hoteles. Pero, ¿a quién le importa eso? A todos los segovianos menos a ellos, los representantes politicos.

No veo, no entiendo, no comparto y no comprendo la construcción de un Palacio de Congresos en Palazuelos de Eresma al igual que no veo, no entiendo, no comparto y no comprendo que se construya en el CAT, otro proyecto eterno, que dista un par de kilómetros del centro de la ciudad y que pocos o nadie saben aún qué es o pretende ser. Segovia dudo que en estos momentos necesite esta inversión millonaria, necesita una sala con capacidad que bien puede ubicarse en el Palacio de Mansilla o en el Teatro Cervantes, dos inmuebles emblemáticos cerrados y con un potencial enorme, dos joyas abandonadas. No crean, eso sí, que desaprovecharía los millones comprometidos de la Junta. Sin duda Segovia sí los necesita, pero no para una inversión en este polémico complejo, más bien para políticas de empleo activas que reactiven el tejido industrial y generen riqueza y empleo, ¿y qué me dicen de la segunda fase del campus? En fin, tantas cosas en el tintero… A veces, y cada vez más veces, principalmente cuando leo estas noticias, creo que los representantes políticos no son conscientes del drama del paro en la provincia, de las necesidades ni de lo que realmente preocupa a los ciudadanos.

Estoy enfadada, incluso triste. Personalmente considero indignante que una institución como la Diputación Provincial lidere un proyecto así, con la que está cayendo, sin optimizar recursos y sin pensar en más que en una medalla política que de poco o nada servirá porque, y digo yo, ¿acaso la necesitan? Sinceramente, no. Las diputaciones son las instituciones menos democráticas que existen, esas donde los representantes no los eligen los ciudadanos. Ahora, las redes sociales echan humo con el tema (que por algunos se hubiera presentado hace meses, se ve que había prisa en apuntarse al tanto…), entre empresarios se comenta el desacierto del proyecto, los periodistas asisten con sorpresa y mucha indignación a la presentación del proyecto y numerosos políticos, de uno y otro partido mayoritario (de todos, creánme) critican ‘la maniobra’.

Quizá Segovia no necesite un Palacio de Congresos sobredimensionado en estos momentos, infraestructuras que en la mayor parte de los casos son deficitarias, pero requiere con urgecia de una sala con suficiente capacidad para atraer eventos, congresos y, por tanto, riqueza. Al margen de ello, nuestra provincia necesita líderes capaces de gestionar y optimizar los muchos recursos que tenemos. Segovia merece más y algún día, confío (o quiero confiar), alguien cogerá el timón para llevar el barco a buen puerto. Si le dejan…

 

María Coco, directora de Audacia Comunicación