El juicio por el caso del asesinato del pastor de Aldea Real (Segovia) en el año 2011, continuó durante la mañana de hoy, con las declaraciones de varios peritos, y el testimonio de Antolín Yagüe Marinas, licenciado en psicología y perito psicoforense, encargado de realizar el informe que determinaba el estado psicológico de la víctima. El documento, realizado tras entrevistas con G.G.M, presunto autor del asesinato, su novia, padres y los dos hermanos de la víctima, determinó un “ estado de disociación” en el acusado, explicó Yagüe, que provocó que aunque fuese consciente de sus actos, buscase constantemente un mecanismo para concienciarse de que él no había cometido tal acto. Su empeño en borrar las huellas es, según el psicólogo un acto más centrado en olvidar lo que había ocurrido, que realmente en ocultar el cadáver.

Para el profesional, si G.M.M hubiese querido hacer desaparecer el cuerpo, lo habría hecho de una mejor manera, ya que “él es conocedor del medio ambiente y del terreno”. El informe, arrojó datos que determinan, según apuntó Yagüe, “que G.M.M es una persona totalmente normal, y reconoce los hechos con un grado de arrepentimiento y sentimiento muy profundo”. Además, el perito psicoforense, añadió que el responsable de la muerte de L.C.G, poseía “un severo sentido de la responsabilidad” ofreciéndose a pagar por sus actos “todo el tiempo que fuese necesario”.

G.G.M tardó un día y medio en reconocerse como autor de la desaparición de L.C.G, un tiempo que Antolín Yagüe catalogó como “auto-tortura o tortura interna” y en el que probablemente el presunto autor, hubiese sentido incluso deseos de acabar con su vida. El psicólogo explicó que G.G.M, posee “conciencia moral, no actuó con sangre fría y si tuviese la mente de un criminal, no se hubiese entregado a la Guardia Civil”.

 

La gota que colmó un vaso grande

Además, también consideró importante añadir detalles como las constantes pugnas entre ambas familias desde que el acusado era un niño, poca en la que era probable que hubiese oído ciertos comentarios “agresivos” por parte de su padre hacia la familia rival y agravados cuando G.G.M asumió las responsabilidades agrarias de su padre tras su jubilación. “Fue la gota que colmó el vaso, pero un vaso demasiado grande. Un vaso de veinte años”, ha apuntado el perito psicoforense.

Durante la entrevista que Antolín Yagüe mantuvo con los dos hermanos del fallecido, el psicólogo, el ofrecimiento de G.G.M por colaborar con las labores de pastoreo de la familia rival, una vez que saliese de la cárcel, pero ambos hermanos se negaron a ello, y según ha declarado Yagüe, especialmente uno de ellos mostró un carácter “poco flexible”, así como sentimientos de venganza y odio hacia el presunto autor del crimen, a quien desea que pasase en la cárcel el mayor tiempo posible.

Los peritos encargados de practicar la autopsia del cadáver y levantar el cuerpo de la zona en la que estaba enterrado, también comparecieron ante el juez durante la jornada de hoy, explicando la ubicación de las lesiones que poseía el cuerpo y apuntando que “fue necesaria la aplicación de cierta fuerza” para lanzar la piedra en la cabeza del fallecido. Los peritos explicaron, que “el periodo de supervivencia de L.C.G fue muy corto” tras recibir el impacto con la piedra.

Las declaraciones finalizaron con otros cuatro peritos, dos de ellos encargados de estudiar las lesiones del fallecido, y otros dos de analizar las manchas de sangre ubicadas en la garrota y en la piedra con la que se produjeron las lesiones. Finalmente, han declarado un Guardia Civil especialista y una mujer de personal civil, que analizaron varios objetos como la ropa de la víctima y una reseña genética del G.G.M. Todas estas declaraciones han transcurrido bajo lo normal, a través de la exposición de datos técnicos y científicos de las pruebas oportunas.

 

”Mi intención no fue matarle”

Posteriormente, la fiscal ha solicitado escuchar la llamada que G.G.M hizo a la Guardia Civil antes de cometer el crimen y observar que L.C.G estaba ocupando sus tierras. En la grabación, G.G.M solicita una patrulla de la Guardia Civil en la zona y apunta que el pastor le está amenazando y se niega a salir de sus tierras. “Esto puede acabar mal”, señala el presunto autor durante la llamada. Finalmente, el agente de la Guardia Civil, le indica que ponga una denuncia en el cuartel de la localidad de Fuentepelayo y que la patrulla no se acercará a la zona hasta las 13:00 o las 14:00 horas de ese mismo día.

Una vez finalizadas estas intervenciones, comenzó el turno de cada una de las partes, que han expuesto ante el jurado popular los motivos por los que mantienen su decisión. La fiscal, ha expuesto que la alevosía sorpresiva y de desvalimiento, componen dos de los agravantes del asesinato de L.C.G, mientras que el arrebato y la confesión de los hechos, se conformarían como atenuantes. La acusación particular, por su parte, añade a la alevosía el agravante de ensañamiento, y mantiene además que “no hubo un reconocimiento de los hechos”, ya que en sus declaraciones hay varias contradicciones. Además, G.G.M, ha mantenido que en ningún momento colaboró en las labores de búsqueda de L.C.G, mientras que en dos declaraciones realizadas durante la tarde de ayer, dos testigos reconocieron su participación en dichas labores.

Finalmente, el abogado de la defensa, mantiene que no se trata de un asesinato, sino de un homicidio, y sostiene que “no existen contradicciones en las declaraciones del acusado”, además, la defensa ha apoyado fuertemente las apreciaciones hechas por el perito psicoforense.

Durante la jornada de mañana, el jurado popular, decidirá la sentencia de G.G.M, cuyas últimas palabras han sido que “mi intención no fue matarle”.