Este fin de semana, viendo AVATAR, una conocida e impactante película que trata la violación de los derechos de los indígenas en una sociedad futura, recordé que tenía que hacer un artículo sobre cómo, hoy en día, todavía siguen vulnerándose muchos de los derechos humanos, y el argumento de dicha película me dio la clave para hacerlo.

Los indígenas son grupos de personas que viven en estrecho contacto con la naturaleza y mantienen tradiciones y culturas anteriores a la expansión de la globalización. Actualmente se han censado entre 300 y 350 millones de indígenas en todo el mundo, repartidos en unos 70 países.

Estos pueblos están siendo constantemente amenazados por grandes multinacionales porque están asentados en parajes naturales protegidos, que disponen de grandes cantidades de materias primas. Las empresas que basan su producción en la explotación de recursos naturales intentan, a toda costa, hacerse con dichos recursos y, en muchos casos, no vacilan a la hora de atentar contra derechos fundamentales de los pueblos indígenas. La codicia de los países más desarrollados y de sus empresas en más de una ocasión ha provocado coacciones, vejaciones e incluso violencia contra los indígenas. Atentan contra su derecho a ser libres en igualdad de derechos sin distinción de raza, sexo, religión, idioma o política; contra el derecho a la vida, a la seguridad y la libertad personal… Con su forma de actuar, en algunas ocasiones hasta han sido capaces de violar su derecho a no ser sometidos a tortura, trato cruel, inhumano o denigrante.

Actualmente, los indígenas están empezando a reivindicar sus derechos ante organizaciones de gran calado internacional y esto les está causando estragos a los Estados porque, al denunciar la violación de sus derechos ante el mundo, nos hacen conscientes a todos de los graves problemas a los que se enfrentan y con sus argumentos consiguen cada día más apoyo de la sociedad. Ya no se quedan callados con algún que otro “regalito” que les hacían de vez en cuando los gobiernos. Además, están obteniendo cada vez más defensores gracias a que sus representantes en el mundo exterior utilizan para esta causa los nuevos medios de comunicación social. Representantes de todas las poblaciones indígenas se reúnen en congresos periódicos, que les permiten reivindicar sus derechos de forma conjunta, y de esa manera, siendo un grupo con los mismos objetivos, pueden conseguir soluciones más efectivas a sus problemas.

Nos corresponde a todos conocerlos y escucharlos porque muchos de sus problemas nos afectan. ¿Qué pasa si no con la contaminación ambiental? ¿Acaso no nos afecta la deforestación? La producción desmesurada que lleva a una sobreexplotación de las materias primas podría evitarse si todos nosotros cambiáramos nuestra actual forma de consumir por otra más ecológica, basada en el reciclaje, en la reutilización, etc. Si pudiéramos cambiar en este aspecto, las materias primas no se agotarían y no habría necesidad de alterar el entorno donde se asientan estas poblaciones, no habría que transformar la forma de vida de los indígenas.

Por último quiero proponer una solución. Se debería llegar a un acuerdo entre los pueblos indígenas, las empresas y los gobiernos para que las empresas que trabajen en los territorios indígenas lo hagan de una forma sostenible y buscando siempre un beneficio mutuo. De esta forma, siendo justos, mejoraría el mundo… ¿No es eso a lo que aspiramos todos? Esta es una breve reflexión de un chico de quince años que piensa que un mundo mejor es posible y al que le gustaría ser escuchado.

 

 

Ernesto Palomo Heras. 4º ESO. Colegio Coop. de Enseñanza Alcázar de Segovia