Sé que les parecerá un tema inaudito, incluso absurdo pero hoy me apetece escribir sobre “señoras que llevan el bolso de la mano”. Suena a grupo de Facebook igual que  “Señoras que te dicen qué vena tienes que pincharles”, “Señoras que discuten para ver quien está más enferma” o “Señoras que creen que dan palmadas al ritmo de la música, pero no”.
Volvamos al grano, las señoras con el bolso de la mano. Hay un grupo generacional de señoras, todas mayores de 65 años que no llevan el bolso cruzado o colgado sino que lo llevan simplemente agarrado. Llevan bolsos diseñados para ellas, que tienen unas asas que no dan para colgárselo. Cuando uno sale por Segovia, encuentra una enorme cantidad de estas señoras; fíjense la próxima vez que pasen por Fernandez Ladreda.

Uno puede intuir muchas cosas de la forma en que las señoras llevan el bolso. El grupo de bolso en la mano son algo tremendamente especial pero pasan desapercibidas. Son las mujeres que sacaron adelante las familias numerosas, las que cuidan calladamente al marido que se jubiló sin poder jubilarse ellas (ellos no saben hacer la O con un canuto en casa) y encima se saben todas sus pastillas, las última generación de mujeres que se dedicó en cuerpo y alma a su familia sin medalla profesional ninguna, las que no suelen quejarse de dolores aunque les guste mucho hablar de la salud, las que vienen a urgencias casi arrastradas por la familia después de soportar la enfermedad en silencio durante a veces semanas (los jóvenes vienen después de toser tres veces o vomitar una), las que han sido médicos y enfermeras de sus hijos (antes de que comenzara este sin-razón de ir al médico por todo), las que permitieron a sus padres morir en sus casas, las que tratan todos sus males con una manzanilla o las que saben de economía mas que cualquier ministro. Estas señoras del bolso en la mano son una especie a extinguir, son fuertes, son admirables, son únicas.

Ahora bien, ese bolso que las caracteriza es un peligro, un arma mortífera, un riesgo silente. El bolso en la mano tiene varios problemas. En primer lugar si se acompaña de abrigo de visón, es un reclamo tremendo al tirón. Teniendo en cuenta “la que está cayendo” en nuestra economía, llevar el bolso desprotegido y un abrigo que pueda parecer ostentoso puede acabar con los huesos osteoporóticos de la dueña en el duro suelo. Por otro lado, el bolso hace que el centro de gravedad se desplace al ejercer el peso del bolso un desequilibrio hacia ese lado haciendo a la dueña más susceptible de caer. Cuando la caída es ya un hecho, llevar las manos ocupadas impide el reflejo de protección que nos obliga a extender los brazos con el impacto recibiendo el golpe en la cara, los codos o incluso la cadera en vez de en la muñeca y puestos a elegir fractura….. Bolso en bandolera y un bastón ahuyentan a los malos y hacen la caída menos probable. Sí, he dicho bastón, soy consciente de que animar a una de estas señoras a llevar un bastón es menos bienvenido que si les dieras con el bastón en la cabeza. “Es que me hace vieja” me decía enfurruñada una señora de 85 años hace no mucho. ¿Cómo contesta a eso sin ofender?

Otro riesgo no desechable del bolso colgando en la mano es la salida del coche. Nuestra admirada señora se sienta en el asiento del copiloto y automáticamente deja el bolso al lado derecho de sus pies, según entra. A la hora de salir del vehículo se olvida que lo tiene ahí, tropieza al salir y pumba….acaba con la nariz en el suelo.

A todas las señoras del bolso en la mano, pásense a la bandolera y así seguiremos viéndolas por la calle en vez de en urgencias. Son ustedes una especie en extinción y queremos que nos duren.