Berlín, 1965. Tres jóvenes agentes del Mossad encabezan una misión tan importante como arriesgada: dar caza al criminal de guerra nazi Dieter Vogel, más conocido como El cirujano de Birkenau. Apenas tienen 30 años y deben servir su cabeza en bandeja de plata a todo un país, Israel, para brindar al pueblo la engañosa tranquilidad que proporciona la venganza. Todo lo que hicieron y lo que no, ha marcado su vida, de la que también vamos a ser partícipes.

Ese es el argumento de La deuda, la película que se estrena hoy mismo, dirigida por John Madden, responsable de las fallidas Shakespeare in Love y La mandolina del capitán Corelli. Se trata de un remake americano de la israelí “Ha-hov”, facturada en 2007. Un thriller psicológico que nos lleva al pasado para que entendamos el presente. Ese es uno de los mayores aciertos de la película, un montaje no lineal que consigue atrapar al espectador y que no decae en ningún momento. Sus idas y venidas están perfectamente encajadas en un puzle de dudas, deudas, arrepentimiento y falsas heroicidades.

Jessica Chastain, Marton Csokas y Sam Worthington son la versión joven de Helen Mirren, Ciarán Hinds y Tom Wilkinson, un reparto irregular y descompensado, en el que quedan al descubierto las pocas dotes interpretativas de Csokas y Worthington, en favor del grupo veterano. Chastain, esa chica desconocida que ahora veo por todas partes (El árbol de la vida, Criadas y señoras) convence más en su faceta de tímida inexperta recién llegada, que en la de dura agente que regresa de la misión fortalecida a base de golpes. Y es que su físico habla por sí solo.Helen Mirren y Tom Wilkinson brillan una vez más en sus papeles, generando esa tensión que caracteriza a este film. Porque lo cierto es que no me di cuenta de lo intrigante que me estaba resultando la historia, hasta que me descubrí a mí misma enrollada en la butaca y mordiéndome las uñas. En un par de capítulos violentos, o mejor dicho, el mismo pero en diferentes versiones, tuve que taparme la cara, por miedo a ver más sangre de la aconsejable.

Pero La Deuda no es una película violenta. Es un thriller en le que se mezclan intereses políticos e históricos y que nos permita asomarnos a una nueva faceta del Berlín separado por el Muro en momentos de guerra.

En una ocasión oí decir a un compositor (creo que fue Alberto Iglesias), que la banda sonora de una película es buena si consigue integrarse en la historia de tal manera que pase totalmente desapercibida para el espectador y no interrumpa en la trama. Ejemplo de esta modestia fílmica es la música de La deuda, firmada por Thomas Newman. Su nombre te suena porque él es el responsable de la partitura de Cadena perpetua, American beauty o La milla verde y de series como A dos metros bajo Tierra. Ha estado nominado al Oscar en 10 ocasiones y su talento se hace patente una vez más en este largometraje.

La deuda no es, ni mucho menos, la película del año, pero tiene gancho, buen reparto y montaje muy acertado. Y teniendo en cuenta la sequía cinematográfica de este verano, es para presumir.