Los montes de Riofrío, protegidos y cuidados en otro tiempo para procurar la caza a los monarcas del siglo XVIII, ofrecen estos días otoñales un color y un sonido especial. En la temporada del celo comienza el ciclo reproductivo de los ciervos y gamos que habitan estos parajes, situados en la falda de la Sierra de Guadarrama, a 15 kilómetros de la ciudad del Acueducto. También empieza el período de caza, pero en este caso será una controlada y exclusiva para los guardas del organismo Patrimonio Nacional, algo que parecen barruntar los viejos machos cornúpetas.

La creciente población de ungulados se debe a que en este espacio protegido no cuentan con depredadores ni cazadores furtivos. Así se hace necesario equilibrar el número de cabezas a la capacidad productiva del monte. Esto supondrá disminuir el número de gamos de 1.000 a 200 y el de ciervos rebajarlo de 250 a 50.

De este modo en plena berrea, el sonido característico que emiten los machos en busca de las hembras en celo que tiene lugar entre la segunda quincena del mes de septiembre y los primeros quince días de octubre, tendrá un mayor eco entre la ausencia que dejarán los muchos que abandonen el monte.

La reducción de cabezas lo establece el Plan Cinegético 2009-2013 del Palacio de Riofrío, documento en el que se estima que la cifra más adecuada de cérvidos para la finca, que se extiende por una superficie de 625 hectáreas, es de 250 ejemplares, según recuerda Ángel Muñoz, coordinador de Jardines de Patrimonio Nacional.

Fernando Carrascal, ingeniero forestal de Patrimonio Nacional en San Ildefonso y Riofrío, asegura que la finca de Riofrío tiene una capacidad productiva de unas 350.000 unidades forrajeras al año, y con esta producción no admite más de 200 gamos y 50 ciervos. Aunque en las últimas décadas se han acotado a los cérvidos unas amplias parcelas de Riofrío, con un 25 por ciento de su superficie, para intentar la regeneración de la vegetación y que no se degradara el monte, lo ideal es reducir el número de animales y que cuenten con un mayor espacio libre.

 

Otras mejoras

Con una población sostenible de ungulados que permita la regeneración natural de los suelos se podrá además recuperar como zona de humedales el espacio de ‘Los Charcones’, situados en la pradera de Chavías. Construidos a finales del siglo XIX o inicios del XX para abrevadero de ganado, el principal problema de los ocho ‘charcones’ era que en verano no mantenían su nivel freático. Con su recuperación, además de servir para que beban los animales, se podrá disfrutar de la presencia de anátidas. “Ya tenemos garza real, y también anida el ánade real”, asegura Muñoz. Además, desde Patrimonio Nacional se valora el incremento de biodiversidad que ha supuesto la recuperación de ‘Los Charcones’, al haber acogido también diversas especies tanto de anfibios como de reptiles.

No acaba ahí la rica biodiversidad que acoge el bosque de Riofrío. También, para permitir la recuperación de especies en peligro de extinción como el Águila Imperial, Patrimonio Nacional ha autorizado la instalación de vivares de conejos, alimento imprescindible en la dieta de esta gran rapaz.

 

Para repoblaciones

Los cérvidos se recogerán vivos y se llevarán para repoblar fincas de caza de Extremadura y Andalucía fundamentalmente. Para recogerlos se ha instalado un sistema de captura que conduce a los animales a un gran corral que va estrechándose poco a poco para acabar una manga y de ahí se les sube a un camión. Para evitar daños entre ellos se les quitan las cuernas antes de ser transportados.

Así, quienes se acerquen a partir de ahora a visitar Riofrío tendrá más dificultades para contemplar los gamos, reconocibles por las motas blancas que salpican su pelo; o los ciervos, únicos mamíferos que renuevan sus cuernas cada año.

Pero existen otros ejemplares llamativos en este bello paraje, lugar de descanso de reyes y hoy de visita de miles de turistas. También atraen la atención de expertos biólogos. Se trata de los gamos blancos, una variedad que se da en muchas especies y que se identifican también como albinos, por ausencia de color en el pelo. Patrimonio Nacional se plantea la posibilidad de aislar una pareja, de los seis ejemplares que están contabilizados, y que los visitantes puedan verlos en libertad, y donar el resto de los ejemplares a algún zoológico o entidad pública o privada que tenga especial interés en acoger animales de este tipo.

Todos estos ejemplares de gamos y ciervos viven momentos de dulzura, sin otro enemigo natural que su sobrepoblación. Los cérvidos reciben la alimentación natural de hierba y montanera. Pero, además, en época de carencia, los operarios de Patrimonio Nacional ofrecen a los animales pienso medicamentado, capaz de librarles de padecer distomatosis, enfermedad originada por Fasciola hepática. Ahora toca elegir a quiénes se quedan y quiénes se van.