La revolución del Street Style ha llegado al mundo de comunicación de moda. Los coolhunters de las grandes (y pequeñas marcas) salen a la calle, cámara en mano, para descubrir estilismos diferentes, vanguardistas y novedosos en las aceras de todas las ciudades del planeta. ¿El objetivo? encontrar la inspiración para sus próximas colecciones y que éstas sean objeto de venta en las tiendas.

Entramos por tanto en un terreno peligroso: ¿quién se inspira en quién? Hasta ahora siempre habíamos pensado que éramos la gente de la calle, compradores de alta gama o low cost, los que adaptábamos las tendencias de las pasarelas a nuestro propio estilo (y bolsillo). Pero ¿esto es asi en realidad o estamos creando el estilo que posteriormente se vende en las pasarelas de todo el mundo?

Esta idea es comprensible si tomamos como ejemplo la vuelta del vintage como estilo de vida. El aspecto vintage (que no las prendas vintage, que son otra historia) es algo habitual en las calles madrileñas, segovianas, catalanas…en fin, un estilo que se ha impuesto de manera global desde hace unos años hasta ahora. Recuperar las blusas de nuestras abuelas, los bolsos de nuestras madres y los mocasines de nuestro padre y adaptarlos a nosotros creando un look que se mueve entre el estilo bohemio y nostálgico. A partir de las egobloggers y sus blogs con outfits que se mueven dentro de estos estilos, las marcas han observado un “filón” de beneficios en cuanto a ventas. Pero este es solo un ejemplo de estilo para la inspiración de las colecciones, podemos adaptarlo a casi cualquier forma de vestir. Si las potenciales consumidoras demandan este tipo de prendas ¿por qué no producirlas?

He aquí la duda que nos asalta en el presente artículo: ¿son los diseñadores los que dictan la moda, o somos nosotros los que ofrecemos gracias a la era de la información en red nuestro estilo para ellos?