Un grupo de casi 50 habitantes de Nueva Zelanda pertenecientes a la tribu de los Paniora está pasando estos días en España, con el fin de reencontrarse con sus ancestros hispanos en la localidad de Valverde del Majano. Se trata del viaje más largo en el planeta, ya que Nueva Zelanda y España forman las antípodas exactas y se trata de las pocas zonas de la Tierra habitada cuyo punto opuesto no coincide con algún punto de los océanos.

Para muchos se trata de cumplir un sueño que vienen esperando hace poco tiempo, pero saben que será la única vez que tengan esa oportunidad, especialmente los más ancianos, que han desempolvado sus ahorros para pagar los más de 2.000 euros que cuesta el viaje en avión por persona. Ello ha obligado a los habitantes de la localidad de Valverde a hacer un esfuerzo y acoger en sus casas a los visitantes.

Hace tan solo cinco años se descubrió la vinculación entre los dos puntos, antípoda uno del otro. El hecho tuvo lugar gracias a un documental de televisión que comprobó la existencia de un español, Manuel José de Frutos Huerta, nacido hace 200 años y que, tras emigrar, recaló en el país oceánico y creó una dinastía cuyos descendientes conservan y cuidan sus vínculos familiares. Este descubrimiento ha permitido iniciar nuevas indagaciones sobre las posibilidades de que fueran españoles o portugueses quienes llegaron por primera vez a Nueva Zelanda.

 

Incidencias

En el verano del año 2007, una delegación de aquel país visitó Valverde del Majano  en el primer encuentro que se llevó a cabo tras ese descubrimiento. Posteriormente, en el invierno de 2010, se organizó desde España un viaje al que se apuntaron aquellos vecinos que quisieron para devolverles la visita inicial, y se formalizó el acto de hermanamiento con la ciudad de Gisborne. Ahora ellos han organizado esta nueva visita a Valverde, que culmina un proceso y que no ha estado exento de dificultades. Algunos de los integrantes, como John Manuel, el líder del clan, se extravió en un aeropuerto de transbordo y tardó tres días más que los demás en llegar a Madrid. Ahora confiesa sentirse orgulloso de cumplir con su obligación como patriarca y “besar y pisar la tierra» de sus antepasados”.

Con él viajan su esposa y sus dos hijos, que se esfuerzan para aprender castellano con el que poder conocer más cosas de sus ancestros. Lo mismo hacen otros muchos neozelandeses que han venido, que muestran sus tradiciones como el baile de la ‘haca’ o cantan viejos sones maoríes.

 

Posibilidades económicas

La peculiaridad de esta coincidencia geográfica puede suponer un atractivo turístico ya que muchos neozelandeses viajan para conocer y marcarse el punto más alejado del planeta de su lugar de origen. En este sentido resulta curioso que muchas ciudades españolas sean el polo opuesto ciudades neozelandesas. Son escasas estas coincidencias, y España es un caso privilegiado dado que las tres cuartas partes de la superficie del planeta son de agua.

Igualmente, estas curiosidades están favoreciendo el intercambio cultural y el interés por aprender castellano en aquel país. De hecho, la Universidad de Salamanca USAL abrió una delegación en el país de Oceanía, aunque posteriormente se cerró, si bien se piensa que puede llegar a ser autosuficiente.

El alcalde de Valverde, Rafael Casado, en su discurso de recibimiento, explicó que España tiene el privilegio de ser uno de los pocos países del Planeta cuyas antípodas coinciden con zona de tierra, pues tres cuartas partes del globo terráqueo son oceánicas, y eso “nos hace diferentes del resto de países”. “Que Valverde sea el punto neurálgico de una historia tan curiosa representa toda una oportunidad y un hecho del que debemos estar orgullosos. A menudo me he referido a los beneficios que puede tener la relación entre nuestro pueblo y Nueva Zelanda, tanto por motivos económicos, como culturales, afectivos, idiomáticos para aprender inglés o castellano, o de simple curiosidad que despertó un documental de televisión y podría ser motivo para una película”

Con el alcalde, Santiago Ayuso, descendiente lejano de Manuel José, y Rosa Vírseda, otra vecina del pueblo, hacen de guías del grupo y les muestran los lugares más emblemáticos de Valverde del Majano, que cuenta con una población de poco más de 1.000 habitantes. Entre esos sitios destaca un olivo colocado donde se ubicaba la casa donde nació Manuel José.

Hoy, la mayoría de los descendientes paniora, unos 16.000, vive en la región de Gisborne en el este de la Isla Norte del país oceánico. Tanta descendencia se explica porque Manuel José se casó con cinco mujeres pertenecientes a la tribu Ngati Porou, tuvo nueve hijos, 41 nietos y casi 300 bisnietos. De ahí, el clan paniora siguió multiplicandándose. Hoy el árbol genealógico está completado.