El Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega (Segovia) celebra mañana su 38 aniversario. La iniciativa, impulsada personalmente por el burgalés Félix Rodríguez de la Fuente, en su figura de vicepresidente de WWF España, fue inaugurada por Juan Carlos de Borbón, entonces Príncipe de Asturias, el 13 de enero de 1975, para convertirse durante estos años en un centro de referencia nacional.

Enclavado en las Hoces del río Riaza, su dedicación se centró primero en las acciones de conservación para la abundante colonia de buitre leonado. Sin embargo, a medida que avanzó el tiempo se abrieron otras líneas de trabajo con especies sobre el terreno, de investigación científica, de restauración del hábitat, de participación y educación ambiental hasta conseguir que decenas de miles de voluntarios y escolares hayan pasado por el Refugio en estas casi cuatro décadas.

El buitre y el alimoche continúan como las especies más emblemáticas de la zona. Cabe destacar que en 2012 sus poblaciones obtuvieron resultados muy positivos, mejorando el éxito reproductor de la colonia de buitre, que por primera vez desde el año 2003 supera el valor del 50 por ciento (50,49), retornando a valores más positivos y normales. 

Además, el pasado año también se consiguió mantener el número de parejas de alimoche, un total de diez, que han sacado adelante nueve pollos, lo que supone frenar el descenso poblacional por cuarto año consecutivo. Actualmente, también se han ampliado las actividades en el Refugio para impulsar medidas de conservación con determinados grupos de fauna, como los anfibios. Con estos proyectos se persigue «un enfoque práctico y eficaz, que pueda ser exportado a otras zonas de nuestra geografía», explica WWF.

El Refugio trata de buscar la viabilidad de las actividades tradicionales, como la ganadería extensiva de ovino, fundamental para lograr un desarrollo rural sostenible en esta zona y, sobre todo, esencial para la buena conservación del entorno. Por ello, coincidiendo con el aniversario WWF recuerda que en 2004 la Junta de Castilla y León reconoció públicamente los valores naturales de la zona, con lo que creó el Parque Natural Hoces del Río Riaza, figura con la que gran parte de la superficie del Refugio se integró en este Espacio Natural Protegido, designado a su vez como LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) y ZEPA (Zona de Especial Importancia para las Aves). De esta manera pasó a formar parte de la Red Natura 2000, la red europea de espacios protegidos.

Largo camino por recorrer

La existencia de estas figuras de protección y los esfuerzos de las distintas personas y organizaciones que trabajan sobre el terreno pueden no ser suficientes para lograr la conservación futura de estos magníficos parajes, según considera WWF España, entidad que incide en la importancia de realizar un esfuerzo “por potenciar y mejorar su gestión”. 

En este sentido, el organismo reclama a la Junta, encargada de gestionar la Red de Espacios Protegidos de esta Comunidad, la aprobación del Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural de las Hoces del Riaza y del Plan de gestión del LIC/ZEPA, ya que “estos instrumentos de gestión deben servir para establecer las prioridades y objetivos de conservación y dotarse de los correspondientes medios y recursos para hacer frente a las principales amenazas para el espacio, mejorar el estado de conservación, cumplir con las obligaciones legales y con los fines últimos por lo que estos espacios fueron declarados”.

Por otra parte, WWF insiste en que es crucial que la Junta, en cumplimiento del Real Decreto 1632/2011, que regula la alimentación de especies necrófagas (como el buitre y el alimoche), por medio del abandono de cadáveres de ganadería ovina en muladares en el campo apruebe con urgencia la correspondiente orden autonómica, para hacer efectiva esta regulación en sus territorio.

Así, este decreto autonómico que ha sido sometido a información pública a primeros de octubre, debe incorporar los comentarios y sugerencias realizados por los distintos sectores y, consideran, “ser aprobado de forma urgente, para así garantizar la viabilidad de una gran número de especies amenazadas y reducir al mismo tiempo la conflictividad social con el sector ganadero”.