Ayer se proyectó Biutiful en Cannes, una película muy esperada porque Alejandro González Iñárritu es de esos directores que se sigue con impaciencia y se espera con nerviosismo. Sus anteriores películas nos han dejado buenas historias, imágenes desgarradoras, conciencias intranquilas e interpretaciones impactantes. Ésta, Biutiful, es su cuarta película, parece mentira. ¿Cómo puede un director haber cautivado al público y a la crítica de tal manera con sólo cuatro trabajos? Me hago esta pregunta mientras recuerdo detalles de Babel, 21 Gramos o Amores Perros. Definitivamente, Iñárritu deja huella.

Estuve todo el día de ayer leyendo y escuchando comentarios sobre la película. A través de Twitter, la prensa especializada enviada a Cannes, envió sus impresiones al mundo 5 minutos de ver el largometraje. Internet globaliza, eso nadie lo duda, pero también satisface a los curiosos. Los convencidos atribuyen el triunfo a Bardem, todo un animal escénico. Los insatisfechos aluden a la ausencia de Guillermo Arriaga, su habitual compañero de viaje y guionista de todas sus películas.

Esta vez Iñarritu ha rodado en Barcelona. Una ciudad que no parece la misma que retrató Woody Allen en su largometraje hace un par de años. Ahora es gris y corrupta y el lugar en el que el protagonista, Uxbal, lucha por sobrevivir a costa de lo que sea. Trafica con inmigrantes para poder sacar a su familia adelante y lucha por olvidar su anterior vida, marcada por la droga. Ahí es nada.

Las apuestas para recibir la Palma de Oro, después de lo visto hasta ahora, parece dejar al novio de Pe en una buena posición. Está claro que Bardem ha sabido aprovechar las oportunidades y cada trabajo que encabeza resulta ser todo un éxito. Tras el Oscar por su interpretación en No country for old men, el actor ha estado en manos de directores como Woody Allen o Mike Newell y ha tenido que rechazar a Francis Ford Coppola y Oliver Stone por problemas de agenda.

Lo próximo del actor será Come, reza, ama, de Ryan Murphy, en el que comparte protagonismo con Julia Roberts y que llegará a Estados Unidos en octubre. Habrá que esperar hasta el próximo domingo para saber si Bardem se lleva la Palma pero, de momento, está claro que Cannes está de su parte.