Existe una esquizofrenia colectiva en relación a la huelga general, que los sindicatos han convocado para el próximo 29 de marzo. Por un lado se encuentran las propias organizaciones sindicales que pretenden cambiar las cosas con un «parón» nacional, y por otro lado, están las personas desempleadas, cuyo único objetivo es encontrar un trabajo. Es entre estas dos situaciones diferentes donde se sitúa el derecho a trabajar o a no trabajar.

Es cierto que el Partido Socialista pretende abanderar esta «causa», pero también es cierto, que entre sus filas existen personas cabales que se desmarcan de esta doctrina asegurando, lo que por otro lado es lo más sensato, que este no es el mejor momento para celebrar una huelga general.

Lo más importante dada la situación actual, es generar confianza para que la economía se regenere y así se puedan crear nuevos puestos de trabajo, para que los más de cinco millones de españoles que quieren trabajar pero no pueden, tengan una oportunidad digna de labrarse un futuro.

No es el mejor momento para una huelga general. No hace falta que lo diga ningún experto en economía, ningún sociólogo, e incluso no hace falta que lo diga la comunidad internacional. En un momento donde se han emprendido reformas estructurales de calado, dando respuesta así a una situación de extremada gravedad económica, lo mejor es trabajar en común buscando soluciones y en una misma dirección.

Ante todo me gustaría hacer constar mi máximo respeto hacia la convocatoria de huelga general por parte de los sindicatos, puesto que nos encontramos en un Estado de Derecho, donde cada colectivo puede defender sus intereses dentro de la legalidad. Pero me gustaría realizar una reflexión. Mientras el número de desempleados se iba incrementando paulatinamente durante años, las centrales sindicales se mantuvieron al margen del clamor social que indicaba que algo no estaba bien, y se vieron forzadas a celebrar una huelga deprisa y corriendo para no alentar más a las masas. Ahora, cuando un Gobierno ha emprendido las mayores reformas estructurales en un tiempo récord, porque España ya no estaba para paradas en boxes, enfocadas, todas ellas, a la creación de empleo, deciden en sólo tres meses, convocar una huelga general.

Al día siguiente de las elecciones generales, antes incluso de la investidura del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los agentes sociales fueron llamados a alcanzar acuerdos.

Pero además, me gustaría recordar que los sindicatos centran sus críticas al Gobierno del Partido Popular en la recién aprobada reforma laboral. Desde el inicio de estudio de la misma, tanto el presidente del Gobierno, como la ministra de Empleo y Seguridad Social, han mantenido diversos encuentros con los sindicatos y los empresarios, sin obtener un consenso, por lo que el Gobierno tuvo que sacar adelante, dada las circunstancias, la mejor reforma del mercado laboral, para que todos los que quieran trabajar puedan hacerlo.

Es la mejor reforma que se podía llevar a cabo en estos momentos, porque potencia el diálogo permanente en el seno de la empresa y recupera la esencia de la negociación colectiva. Además, amplía las facultades negociadoras de los agentes sociales que, en el ámbito de la empresa, poseen un conocimiento privilegiado y natural sobre las necesidades de su proyecto, pero también es respetuosa con el resto de los ámbitos de la negociación y no los excluye.

Sólo espero, que independientemente se apoye o no esta huelga general, los que quieran trabajar lo puedan hacer y los que no, puedan secundar este «parón». Esperemos que el próximo 29 de marzo sea un punto de inflexión y a partir de entonces rememos todos en la misma dirección.