Es cierto. Circular a 110 kilómetros por hora en autovías y autopistas en lugar de a 120, como será obligatorio a partir del lunes, supone un ahorro en combustible, como pretende el Gobierno con la aprobación de una medida que hasta la fecha ha resultado impopular. La pregunta reside en cuánto tiempo de más se traduce, algo que deberá analizar cada conductor de forma particular y decidir si prefiere ahorrarse una pequeña parte de lo que cuesta llenar el depósito de su vehículo o continuar igual y llegar con algo de adelanto a su destino, pero con mayores posibilidades de que una carta certificada de Tráfico visite su vivienda con una multa en su interior.

Para poner en valor estas afirmaciones, un equipo de la agencia Ical experimentó con un largo viaje y cruzó Castilla y León de suroeste a nordeste, o lo que es lo mismo, de la localidad salmantina de Ciudad Rodrigo, en las proximidades de Portugal, a Burgos. Se trata de un trayecto de 320 kilómetros por la A-62, Autovía de Castilla, que discurre por cinco provincias (Salamanca, Zamora, Valladolid, Palencia y Burgos). Una vía muy transitada principalmente por vehículos pesados que viajan entre el país luso y Europa, pero que sirve también como conexión entre varias capitales de provincia de la Comunidad.

La conclusión tras hacer ambos viajes a una y otra velocidad es que el ahorro es de 1,50 euros si se circula a 110 kilómetros por hora, pero con un retraso en la llegada de 16 minutos (2 horas y 46 minutos a 120 y 3 horas y dos minutos a 110), siempre teniendo en cuenta el actual precio del combustible, que se sitúa en 1,27 si es diesel normal, y 1,33 si es ecológico. Para que cualquiera lo pueda entender, esto significa aproximadamente que a 110 el consumo se abarata un céntimo de euro por cada dos kilómetros. ¿En cuánto valora cada uno un minuto de su tiempo? Cada cuál tendrá un precio y una respuesta.

Aunque la medida es transitoria hasta el 30 de junio –con opción a prórroga- y está relacionada con la subida del precio del petróleo a consecuencia de las revueltas en los países árabes, el Gobierno pretende ahorrar un 15 por ciento en gasolina y once en gasóleo. En el caso del ejemplo objeto del estudio, se desvela que el gasto se reduce en algo más del ocho por ciento, ya que el consumo total de los 320 kilómetros a una velocidad de 120 por hora fue de 13,52 litros de gasoil, frente a los 12,39 de ir a 110, lo que supone 1,13 litros menos.

 

Se ahorra, pero no tanto

Con estas conclusiones sobre la mesa se puede confirmar que, como asegura el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien presentó esta medida en el Consejo de Ministros del 28 de febrero, la medida contribuirá al ahorro energético de España, un aspecto que sin embargo es notablemente variable en función de la vía, del tráfico rodado en ese momento, de la orografía y por supuesto de las condiciones meteorológicas.

En todo caso, esta medida choca con las pretensiones del Real Automóvil Club de España (RACE), cuyo director de Seguridad Vial, Tomás Santa Cecilia, explicó a Ical que la medida de la reducción de velocidad es “poco adecuada” porque supondrá un ahorro “irrisorio” y provocará que los españoles estén más tiempo metidos en el coche de lo que lo hacen ahora, que ya supone una media de dos horas diarias.

 

Tranquilidad en el viaje

Como es normal, el trayecto elegido entre Ciudad Rodrigo y Burgos se hace pesado en algunos tramos más que en otros. La tranquilidad en el Campo Charro, que une la localidad mirobrigense y la capital salmantina -donde los adelantamientos a 110 son más largos en tiempo y espacio y parecen eternos en comparación a 120-, contrasta con el denso tráfico que soporta la misma vía entre Tordesillas y Palencia, donde a pesar de circular a 110 es casi obligatorio hacerlo casi siempre por el carril izquierdo debido al número importante de camiones que, cumpliendo con su normativa de transitar a 90 kilómetros por hora, son adelantados por casi todos los demás.

Entre el extrarradio de la capital palentina y Burgos se aprecia la misma fluidez que la del cauce del río Arlanzón en ese tramo, pero a esa velocidad siempre eres el adelantado y solo ocurre lo contrario con los camiones. Se da la circunstancia de que en ningún momento de los 640 kilómetros del viaje de ida y vuelta entre Burgos y Ciudad Rodrigo el coche de Ical es adelantado por un vehículo pesado.

En el momento de retornar a la localidad charra, ya a una velocidad de 120 kilómetros por hora, la sensación inicial tras 320 kilómetros a 110 es que el coche, algo más revolucionado, se lanza como un bólido de fórmula 1, un efecto psicológico de los ocupantes que solo dura unos minutos, cuando de nuevo los turismos que circulan por la izquierda adelantan al coche de Ical, el cual hace lo propio con numerosos camiones, y bastantes más turismos que en el viaje de ida a la ciudad del Cid.

Dado el día de la semana que es, y el atardecer que asoma en la Comunidad, se puede desvelar que no habrá complicaciones de tráfico hasta Miróbriga por la A-62. La estabilidad de la velocidad a 120 horas se hace patente en el regulador de velocidad del turismo y en el GPS, que acierta con la hora de llegada. En total, 2 horas y 46 minutos, frente a las tres horas y dos minutos del camino contrario. ¿Compensa perder 16 minutos por 1,5 euros de ahorro?

 

Otras medidas y no solo en coches

Aunque desde el RACE no están de acuerdo con esta decisión, sí apoyan al Gobierno en su política de reducir la dependencia del combustible fósil, cuyo precio encarecerá por las revueltas en los países árabes, principalmente en Libia. Para ellos, la medida no solo debería redundar en los automovilistas, sino buscar planteamientos también en la aviación y en las centrales eléctricas, que son grandes consumidores de petróleo, cada una en su diferente transformación.

Es por ello que proponen, entre otras medidas, incentivar la adquisición de vehículos nuevos, que contaminan y consumen menos. De hecho, un 40 por ciento del parque de automóviles actual tiene más de diez años, que son los que más afectan al aire, según Santa Cecilia. A ello debería sumarse, a su juicio, campañas de sensibilización y concienciación dirigidas principalmente a las generaciones venideras para que aprendan una mejor conducción y se empapen de medidas de ahorro energético, no solo vinculados al mundo automovilístico.

Por último, Santa Cecilia aseguró que la reducción del límite de velocidad máxima en autovía y autopista no compensa en materia de seguridad vial, ya que éste es solo un factor más en los accidentes, “pero no es el principal ni definitivo”, algo que atribuyó a la conducción del propio usuario, el estado de la vía por la que se transita, así como del vehículo.