La historia del transporte por carretera en España está recogida a través de medio centenar de camiones con más de medio siglo de historia a sus espaldas. Todos ellos se encuentran expuestos estos días en el polígono industrial de Hontoria, en Segovia. Sus propietarios, reunidos a través de contactos telefónicos y de mensajes en internet, han aportado sus vehículos para participar en la reunión en la que se participan aficionados al coleccionismo de camiones procedentes de Almería, Murcia, Santander, Asturias, Navarra, Madrid y de Segovia.

Entre los vehículos que se exponen figuran algunos construidos en España y otros importados de Estados Unidos, Rusia o Alemania. Marcas como Man, Barreiros, Leiland, Nazar, Pegaso o Willys revelan la historia del transporte en nuestro país. El más antiguo es precisamente un Willys Overland, de 1918, propiedad del segoviano Ángel Domingo, construido en madera su cabina y su caja. Lo adquirió hace siete años y, aunque su motor sigue funcionando, lo guarda como oro en paño. Tiene elevalunas de correa y un único limpiaparabrisas que se acciona también manualmente.

 

Otros camiones de los expuestos tienen origen militar y que se utilizaron en la Segunda Guerra Mundial. Tras su utilización en el conflicto se vendieron a civiles que en España cambiaron sus motores de gasolina por otros de gasóleo para reducir el consumo de combustible. Uno de los participantes, Francisco Díaz, estima que la restauración de un camión puede costar entre 30.000 y 40.000 euros, además del precio de adquirir un vehículo. Pero advierte de que no hay casas comerciales o talleres que se dediquen específicamente a ello, sino que hay que buscar mecánicos que quieran dedicar tiempo y esfuerzo a esta labor.

Muchos de los camiones expuestos han llegado por carretera. Su calificación como históricos les permite funcionar, pero no utilizarse para trabajo como medio de transporte de mercancías.

 

Marcas emblemáticas

En la reunión de Segovia también se muestran viejas glorias como el histórico 3HC, tan conocidos durante la Guerra Civil Española (1936-39), y apodados durante ésta y a lo largo de la dura posguerra como ‘3 Hermanos Comunistas’ en referencia a los caracteres impresos en su radiador, aunque representa las letras ZIS. La entrada en España de estos camiones se realizó gracias a los acuerdos comerciales entre los dirigentes del gobierno de la República Española con los correspondientes responsables de la URSS. De esta forma, se produjo la entrada en nuestro país de unos 2.000 ejemplares del modelo, pero que hoy sólo quedan tres unidades en todo el país.

Con motor de gasolina de seis cilindros y un cubicaje de 5.550 centímetros cúbico, arrojaba 73 caballos de potencia. En España sufrían problemas de calentamiento por las altas temperaturas que alcanzaban. Eduardo Barreiros comenzó su actividad empresarial en el sector del transporte transformando los motores de gasolina de los ZIS a diesel.

Entre los vehículos que más llaman la atención, sobre todo a los más jóvenes, son los de bomberos, de los que se exponen media docena. Uno de ellos es específico de un aeropuerto. También les hay modernos, aunque ya han hecho historia por haber participado en las pruebas del rallye Paris-Dakar.

 

Actividad española

La actividad industrial está representada por camiones Nazar, fabricados en Zaragoza, y de los que se llegaron a vender pocas unidades. Esta marca comenzó su actividad de un taller de reparaciones para camiones. Poco a poco el negocio va creciendo y se convierte en Factorías Nápoles, comenzando a principios de la década de los 60 la fabricación de vehículos industriales bajo su propia marca: Nazar. Además de construir autobuses de 30 plazas, que han recorrido casi todas las carreteras españolas, se centró en los camiones.

Uno de los propietarios de los camiones expuestos, Ángel Domingo, destaca de la afición al coleccionismo de camiones que se trata de una actividad que lleva mucho tiempo y que precisa de mucha paciencia. Además existe muy poco mercado en relación a otras aficiones como la de los turismos clásicos. “Yo me dedico los sábados y domingos a ello”, relata a la vez que reconoce que lo más difícil es la chapa, “mucho más que la mecánica”. Algunas piezas las tiene que fabricar y otras las consigue en ferias.

“Es una lástima que se hayan perdido tantos vehículos en estos años en los que se aprovechaba todo de ellos para otros usos”, añade Domingo para recordar que ha sido testigo de ver muchas cajas de camiones transformadas en remolques para el campo.