La ciudad nos recibe con lluvia y un atasco a la entrada de la ciudad, porque todo el mundo se acerca peligrosamente al Kuursal a la misma hora. Me puse nerviosa la primera vez que me encontré atrapada en el coche a 15 minutos de que empezara la película, pero esta vez he sido aplicada y llegaré a tiempo para la peli de las 21.30. O eso es lo que quiero pensar.

Encuentro aparcamiento a la primera, algo más que extraño dado el colapso que hay en el centro de la ciudad. Empiezo con buen pie. Corro hasta el hostal, saludo a Kati, una señora encantadora que me promete un termo de café para el día siguiente. Suelto la maleta y salgo despedida hacia la calle. Son las 21.15 y aún no he recogido la entrada.

Al llegar a la puerta, un chico muy serio me dice: Lo siento, tienes que esperar a que termine la presentación. ¡Vaya! ¡Lo he vuelto a hacer! He llegado tarde! Marieke, Marieke es el primer título de mi lista. Una producción belga de una directora novel que deja mucho, mucho, pero mucho que desear. Lenta, aburrida e incomprensible (añadido a la dificultad de ver algo en primera fila). Imposible de empatizar con ninguno de los personajes. Pero no pasa nada, esto acaba de empezar.

Pongo el despertador a las 10 de la mañana. La primera del sábado es a las 12:00, llego de sobra. Me toca hacer cola en el baño para ducharme, porque como os conté la semana pasada, el María Cristina estaba completo y he tenido que bajar un poco el listón. Desayuno, y salgo pitando. La cola ya mide unos cuantos metros. La película se titula A tiro de piedra. Es la ópera prima de Sebastián Hiriart un chico de 27 años que se confiesa arrepentido de haber empezado tan tarde a dirigir.

La película nos cuenta el viaje que Jacinto emprende hacia Oregón, en busca de un paisaje que se repite constantemente en sus sueños. El joven pastor ingenuo que sale de casa por primera vez volverá muy cambiado. Todo lo que ocurre por el camino nos habla de inmigración, fronteras, inocencia y soledad. Mucha soledad. Pero me convence. Me conmueve ver sufrir al protagonista, aunque hay algunos motivos del viaje que no entiendo, y no me atrevo a preguntar al director en el coloquio final. Me quedo con la duda.

Con unos pinxtos exquisitos en el estómago, me enfrento a la segunda película del día. El título, Colours in the dark, no me inspira mucha confianza, pero entro en la sala con ganas de cambiar de opinión. Un foco ilumina a Bruno Ganz, el actor alemán que protagonizó El hundimiento. Mi respeto hacia este actor me impide levantarme del asiento y marcharme a mitad de película, pero eso es lo único que quiero. Colours in the dark resulta ser una historia tediosa, sin argumentos ni justificaciones para lo que hacen los personajes y con un final obsceno. Soy de las que prefiere intuir antes que ver.

La tercera del día es la que más esperaba: Abel. El primer largometraje de ficción que dirige el actor mejicano Diego Luna. Estoy entregada a este chico desde que le vi en Y tu mamá también y tengo mucha curiosidad por saber cómo se mueve detrás de las cámaras. Abel es una historia muy tierna, sobre un niño que tiene problemas mentales y decide asumir el papel del padre que falta en su familia. El día a día de esta familia se vuelve extraño, pero divertido. Y esas situaciones cómicas se mezclan perfectamente con algunos momentos trágicos y pinceladas de ternura e ironía. Luna maneja los tiempos a la perfección y en su película hay todo lo que esperas de ella. Una historia sencilla sin más pretensiones que entretener. Me voy a dormir con el buen sabor de boca que me ha dejado Abel.

El domingo me cuesta mucho madrugar. Tengo que estar a las 9:00 sentada en la butaca, lo que supone ponerme a la cola a las 8:30. Decido levantarme las 8:00. La última del fin de semana es Neds. Un film de Peter Mullan que nos explica cómo un adolescente se rinde a la violencia callejera, tras comprobar que todo va en su contra. Un relato frío, desgarrador, que utiliza el poder evocador de la imagen para hacernos reflexionar. Me recuerda a una película que vi, no hace mucho tiempo, bajo el título This is England. Los posos de la historia se quedan en mi cabeza durante horas y el debate continua hasta la hora de comer.

El viaje de vuelta lo hacemos entre risas, comentarios, recuerdos de películas como Buried, que ha conseguido que un amigo sude la camiseta, cotilleos sobre los (pocos) famosos que hemos visto por la ciudad, alguna cabezadita y las ganas de que llegue la siguiente edición del Festival de San Sebastián.