Fuentidueña vuelve a contemplar su ábside trasladado a Nueva York hace 68 años
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Las ruinas de la iglesia de San Martín de Fuentidueña volvieron a llenarse de vecinos el pasado sábado 8 de agosto con la presentación pública de MemorIA Fuentidueña, un proyecto artístico y documental que recupera la memoria vinculada al antiguo ábside románico de la iglesia, trasladado en 1957 a Nueva York y actualmente conservado en The Met Cloisters.
La jornada reunió a distintas generaciones de Fuentidueña con especialistas en patrimonio, arquitectura e historia para abordar no solo la trayectoria del monumento, sino también su significado para la comunidad que convivió con él antes de su traslado y las posibilidades de establecer nuevas relaciones con este patrimonio desde el presente.

El encuentro contó con la participación de María José Martínez Ruiz, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid y coautora de De Fuentidueña a Manhattan; Luis Cortés Meseguer, arquitecto y profesor de la Universitat Politècnica de València, comisario de la exposición dedicada a San Martín organizada por el Instituto Cervantes de Nueva York en colaboración con The Metropolitan Museum of Art, Miguel Yuste Burgos, historiador del arte, arqueólogo y especialista en arquitectura medieval y románico segoviano, y César Herrero Hernansanz, autor de Memoria y Futuro de una Villa Castellana: Fuentidueña.

Participaron asimismo Juan Zapatero, director de la Fundación Castilla y León, que presentó el proyecto Nostra et Mundi; el alcalde de Fuentidueña, Antonio Martín, cuya colaboración resultó fundamental para hacer posible la intervención, el vicepresidente de la Diputación de Segovia, José María Bravo Gozalo, y Nancy, viuda del arquitecto José Miguel Merino de Cáceres, figura fundamental en el estudio de San Martín y de su traslado.
De la conversación a la experiencia artística
Tras el encuentro entre especialistas, La palabra de la vecindad abrió la conversación a los asistentes. Entre el público se encontraban profesores universitarios, expertos vinculados al estudio de San Martín, el arqueólogo que excavó su necrópolis y académicos que en etapas anteriores habían tratado de establecer vínculos con The Metropolitan Museum of Art.
Las intervenciones incorporaron nuevas miradas, conocimientos y recuerdos a un diálogo sobre patrimonio, memoria, identidad y futuro, poniendo en relación el conocimiento académico con la experiencia de quienes han vivido la historia reciente de Fuentidueña.
Al caer la noche comenzó el acto central de MemorIA Fuentidueña. Imágenes históricas, testimonios de los mayores y materiales relacionados con el traslado del ábside fueron proyectados simultáneamente sobre la muralla, las ruinas de San Martín y el propio hueco dejado por el ábside, convirtiendo la arquitectura superviviente en soporte de su propia memoria.
La intervención permitió además algo singular: los vecinos menores de 70 años pudieron contemplar por primera vez la imagen del ábside de San Martín nuevamente situada en su emplazamiento original, aunque fuera a través de una proyección. Para varias generaciones de Fuentidueña, nacidas después del traslado o demasiado jóvenes para conservar memoria de él, la intervención hizo visible por primera vez la relación entre la arquitectura que permanece y la pieza que falta.
El dispositivo audiovisual estableció así un diálogo entre el monumento conservado en Nueva York, el vacío que permanece en Fuentidueña y la memoria de quienes todavía recuerdan San Martín antes de 1957.
Un homenaje a los últimos testigos de San Martín
El momento más íntimo de la noche reunió a los mayores del pueblo con las nuevas generaciones en una acción concebida en torno a la transmisión y la memoria. Durante los días previos, las abuelas habían vuelto a reunirse en San Martín, como antaño, para coser juntas sobre un gran manto una cicatriz tejida en mimbre. La noche del acto completaron la pieza entrelazando flores recogidas en el alto, acompañadas por niños y jóvenes. Mientras lo hacían, comenzaron a cantar al unísono, casi en susurros, convirtiendo la intervención en un gesto espontáneo de transmisión entre generaciones.

El cierre quedó en manos de Engracia González González, de 97 años, la mujer de mayor edad de Fuentidueña y abuela de la directora del proyecto, Irene García-Inés Aguado, que realizó el último nudo de la cicatriz. El gesto estaba destinado inicialmente a Cabrera, de 99 años, el mayor del pueblo, que había participado en la jornada pero tuvo que retirarse antes de su finalización.
La intervención rindió así homenaje a los últimos testigos de una forma de vida ligada a San Martín, que fueron también los últimos en conocer el monumento antes de su traslado. Como huella material de la experiencia, el público pudo llevarse pulseras realizadas con el tejido del manto y participar en un mural colectivo, prolongando simbólicamente aquella trama de vínculos más allá de la noche.
Una primera fase que tendrá continuidad
Dirigido por la artista visual Irene García-Inés Aguado, fundadora de La Maya Lab, MemorIA Fuentidueña combina investigación documental, memoria oral, creación artística y mediación con la población local, prestando especial atención a los testimonios de los mayores, depositarios tanto de sus propios recuerdos como de aquellos transmitidos por sus padres y abuelos.

La presentación del 8 de agosto supone el primer gran hito público de un proyecto que continuará evolucionando durante los próximos meses, con nuevas grabaciones, investigación y desarrollo audiovisual. La acogida entre vecinos, especialistas e instituciones abre además nuevas posibilidades para las siguientes fases del proyecto.
MemorIA Fuentidueña parte de una pregunta que trasciende el traslado físico de un monumento: ¿Qué sucede con la memoria, los vínculos y los significados compartidos cuando una arquitectura desaparece del paisaje cotidiano de una comunidad. Durante unas horas, San Martín volvió a ser aquello que había sido durante generaciones: un lugar de encuentro.

