«El pueblo salva al pueblo»: el relato de quienes lucharon contra el incendio del valle del Pirón
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El incendio declarado el pasado lunes en Brieva, que terminó calcinando cerca de 3.000 hectáreas en el valle del Pirón y obligó a desalojar ocho localidades, puso al límite tanto al operativo de extinción como a los propios vecinos de la zona. Quienes estuvieron sobre el terreno coinciden en que las condiciones meteorológicas hicieron que el fuego se descontrolara en cuestión de minutos, pero también advierten de que una mayor prevención podría evitar que episodios como este alcancen semejante magnitud.
Adrián, peón de una de las cuadrillas helitransportadas de Segovia que participó desde las primeras horas en la extinción, recuerda la rapidez con la que evolucionó el incendio: «Las primeras horas fueron terribles. Pensábamos que iba a ser algo de un par de horas, más fácil. Con la cantidad de aire, con rachas de hasta 50 kilómetros por hora, se propagó muy rápido y se descontroló. No podíamos hacer nada». Según apunta, «lo del aire fue el 90% de la causa de que llegase a tanto».
«Las primeras horas fueron terribles. Pensábamos que iba a ser algo de un par de horas, más fácil. Con la cantidad de aire, con rachas de hasta 50 kilómetros por hora, se propagó muy rápido y se descontroló. No podíamos hacer nada»
Pese a la dureza de aquellas primeras horas, Adrián destaca un aspecto que, asegura, fue decisivo para contener el incendio: la implicación de los vecinos de los municipios afectados. Mientras combatían las llamas en el flanco izquierdo del incendio, lejos de la cabeza del fuego, muchos residentes acudieron a recoger a los integrantes del operativo con pick-ups para facilitar sus desplazamientos. Otros ofrecieron tractores y maquinaria agrícola para abrir cortafuegos o les acercaban agua y comida durante las largas jornadas de trabajo.

«El pueblo salva al pueblo», escribió en sus redes sociales, donde agradeció públicamente «a toda la gente que salió a aportar cada grano de arena para frenar el avance o para traernos comida o bebida». Un reconocimiento que también hace extensivo a sus compañeros, a quienes define como «un ejemplo de lo que significa amar lo que haces y darlo todo cuando toca».
Además del agradecimiento, Adrián lanza una reflexión dirigida a la sociedad: «Hay que ser conscientes de las consecuencias que puede llegar a tener no cuidar lo que tenemos alrededor cuando toca». En este sentido apunta a que el incendio declara en Brieva «pudo ser mucho peor».
«Cada vez cuesta más apagar los incendios»
Una visión muy similar comparte Eduardo, agente medioambiental segoviano destinado actualmente en Valladolid. En cuanto supo que se había declarado el incendio en Brieva, se ofreció voluntario para incorporarse al operativo. Su trabajo se centró durante la noche del lunes en proteger Santo Domingo de Pirón para impedir que las llamas alcanzaran el casco urbano.
Explica que, incluso después de contener el avance principal del incendio, seguían apareciendo numerosos focos activos, ya que «había mucho potencial de retorno dentro de la zona». La estabilización definitiva del perímetro, añade, fue posible gracias al trabajo de los bulldóceres, que permitieron consolidar líneas de defensa frente a posibles reactivaciones.
Como Adrián, también destaca la solidaridad de los pueblos y explica que en incendios con tantos medios es difícil gestionar el avituallamiento. «Los que más ayudan son los de los pueblos», relata agradecido.

Más prevención y menos combustible en el monte
Más allá de lo ocurrido en Brieva, Eduardo considera que el incendio deja varias lecciones pendientes. Una de ellas pasa por reforzar la vigilancia forestal. Lamenta que en la provincia de Segovia únicamente permanezcan operativas dos torretas de vigilancia de incendios forestales y critica que muchas hayan sido sustituidas por cámaras automáticas. A su juicio, estos sistemas presentan limitaciones porque generan falsas alarmas o, en ocasiones, no detectan columnas de humo que sí terminan convirtiéndose en incendios.
También advierte de que los incendios forestales están cambiando y apunta en parte al cambio climático. «Desde 2020 cada vez cuesta más horas y días apagarlos», sostiene. Por ello insiste en la necesidad de actuar antes de que se produzca el fuego. Reclama una mayor limpieza de los montes, especialmente en los de titularidad privada, donde, según explica, en muchos casos se acumulan maleza y madera muerta por falta de gestión forestal.
Considera igualmente que el ganado puede ser una herramienta útil para reducir el combustible vegetal, aunque matiza que debe hacerse de forma planificada, ya que si se mete más carga ganadera de lo que conviene a los montes, al final el terreno se acaba deteriorando. Por ello, «El ganado ayudaría, pero tampoco es cien por cien la solución. El ganado controlado sería la solución.
«El ganado controlado sería la solución»
Además, recuerda que muchos incendios tienen origen en causas evitables y pide extremar las precauciones. «Hay que tener los vehículos revisados», señala, recordando que algunas averías o el contacto de elementos metálicos calientes con la vegetación pueden desencadenar un incendio.
Precisamente, sobre el origen del fuego de Brieva, explica que siguen existiendo varias hipótesis abiertas. Entre ellas, una posible chispa procedente de una línea eléctrica cercana al punto donde comenzó el incendio o la escoria metálica generada por la frenada de un vehículo que pudo entrar en contacto con la vegetación seca junto a la carretera.
Mientras continúan las investigaciones para esclarecer el origen exacto, quienes participaron en la extinción coinciden en un mensaje: el cambio climático aumenta la dificultad para combatir los grandes incendios, pero una gestión adecuada del monte y una mayor prevención siguen siendo las herramientas más eficaces para evitar que un fuego vuelva a poner en jaque a toda una comarca.
Imagen destacada cedida por Adrián, agente medioambiental

