La historia detrás de los nombres de calles más raros de Segovia
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Pasear por el casco histórico segoviano es emprender un viaje en el tiempo donde cada esquina tiene algo que contar. Pero, seamos sinceros, hay nombres que nos hacen detener el paso, arquear una ceja y preguntarnos: ¿pero a quién se le ocurrió llamar a una calle así?
Desde rituales de construcción, pasando por traiciones comuneras y milagros medievales. Prepárate para descubrir el origen de cuatro de las calles con los nombres más raros de Segovia.
Calle del Mal Consejo
Este curioso nombre tiene su origen en el siglo XV, en torno al año 1410. Cuenta la leyenda, que en esta calle se fraguó el “mal consejo” o trato en el que un sacristán asfixiado por las deudas vendió una Hostia consagrada a un médico judio, que posteriormente intentó profanar la Sagrada Forma en la sinagoga arrojándola a una caldera hirviendo, pero esta se elevó milagrosamente y provocó un temblor que agrietó el edificio, dando origen a esta curiosa leyenda.

Calle Echar Piedra
El nombre de esta calle, que antiguamente era solo un camino entre huertas, está muy ligado a la Catedral. En recuerdo de una antigua ceremonia en la que se hacían donativos al templo en construcción, se llevaban, no solamente monedas y objetos valiosos de época sino también carretas de arena, cal y como no, piedra, de los alrededores de Segovia. De aquí se apodó la ceremonia con el característico nombre: “echar piedra”.

Calle de la Muerte y la vida
El impactante nombre de esta calle tiene su origen en la Guerra de las Comunidades. Cuenta la leyenda que los comuneros capturaron a un criado del caballero Diego de Riofrio, acusándolo de intentar ayudar a las tropas reales enemigas, que se encontraban en el Alcázar. Al ir a la casa del caballero en esta calle para arrestarlo, una vecina sacó una soga por la ventana, incitando a que se le colgara allí mismo por traidor. Afortunadamente para el caballero, algunas personas que pasaban por allí calmaron los ánimos y salvaron su vida para llevarlo al calabozo. Así, aunque estuvo al borde de la muerte, al final salvó su vida.
Aunque esta casa fue derribada en el siglo XIX y se sabe que en ella había una ventana de madera con un diseño un poco particular. Una de las contraventanas tenía una representación de la muerte en forma de anciana con rostro de calavera, mientras que la otra mostraba una joven doncella, simbolizando la vida.

Plaza de los Capuchinos
No es una calle, es una plaza. Pero su nombre resulta también curioso. Aunque al escuchar este nombre te entren ganas de tomarte un café, el origen de esta plaza poco tiene que ver. Su nombre se debe al convento, que se encuentra justo al lado, el de la Orden de los Hermanos Capuchinos, conocidos de esta manera por la gran capucha larga y puntiaguda que llevaba su característico hábito.

