En pleno corazón de la Salamanca histórica, la Casa de las Viejas se prepara estos días para protagonizar un acontecimiento muy especial. El próximo viernes, 18 de marzo, se cumplen dos décadas desde que la Filmoteca de Castilla y León (ubicada en el edificio) abriera sus puertas, veinte años en los que nueve funcionarios del Ayuntamiento de Salamanca, coordinados desde la Dirección General de Promoción e Instituciones Culturales de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, han trabajado para recuperar, preservar y difundir la memoria audiovisual y fotográfica de la región.

Son muchas las actividades que desde la Filmoteca se han puesto en marcha para conmemorar la fecha. Desde el 11 de enero y hasta finales de año (con una interrupción en los meses de verano, donde el protagonismo será para el tradicional Curso de Cine Español para Extranjeros), ‘Los martes del Liceo’ acogen la proyección semanal de un corto y un largo realizados por profesionales de la Comunidad o en escenarios naturales de la región. El ciclo, que consta de 35 largos y otros tantos cortometrajes, ha sido programado en orden cronológico inverso; arrancó con los films más recientes y concluirá en diciembre con ‘La Bejarana’, rodada por Eusebio Fernández Ardavín en 1926.

Por otra parte, antes de que concluya marzo está prevista la inauguración, previsiblemente en la Sala de Exposiciones de Santo Domingo y en la sala de Caja España­Caja Duero en la Plaza de San Boal, de la muestra ‘Castilla y León en los fondos fotográficos de la Filmoteca’, un proyecto coordinado por la responsable de Archivos y Documentos de del centro, Maite Conesa, autora además el libro homónimo, que hará las veces de catálogo de la muestra.

Otra publicación verá la luz a lo largo del año (previsiblemente en octubre) con motivo del aniversario. Se trata del volumen ‘Cine en Castilla y León’, en el que han trabajado durante seis años los investigadores Alberto Palacio e Ismael Shahín, para corroborar y especificar al detalle las fichas técnicas de más de 600 largometrajes, 800 cortos y cerca de 500 noticias en celuloide rodadas en la autonomía a lo largo de la historia.

Antes de que acabe 2011 está previsto también que vea la luz la página web de la Filmoteca, cuyo diseño se está ultimando en estas fechas. El objetivo del portal será facilitar el contacto con los investigadores, así como los trámites para solicitar el carnet y las autorizaciones para realizar copias de fotografías, o la consulta de buena parte de las referencias de películas depositadas en el centro.

El aniversario supondrá también un importante respiro para los trabajadores del centro, que cuentan desde hace escasas jornadas con un nuevo almacén de seguridad, en el sótano del Centro de Arte Contemporáneo DA2 de Salamanca. El almacén cuenta, entre otras dependencias, con dos cámaras herméticas de 250 metros cúbicos cada una, con control permanente de temperatura y humedad en los parámetros idóneos para la conservación de negativos fotográficos y celuloide.

El proyecto había sido largamente acariciado, ya que desde 2003 los responsables de la Filmoteca han sido plenamente conscientes de que la actual sede se les quedaba pequeña debido al volumen de archivos recibidos. Las obras para acondicionar el espacio, cedido por el Consistorio charro, comenzaron en el verano de 2007 y ahora, cuatro años después, el almacén ya opera como un búnker cerrado sin espacio de trabajo para los investigadores, al que sólo tendrá acceso un trabajador de la Filmoteca para recoger y devolver los fondos allí guardados.

 

El nacimiento de una institución

La sede de la Filmoteca era, a comienzos del siglo XVII, la vivienda del clérigo Bartolomé Caballero, que fue donada por él mismo en 1623 para convertirla en casa de acogida para “viudas honradas y pobres” a las cuales pretendía ofrecer “una vida digna y segura” bajo la tutela de la Real Clerecía de San Marcos. Debido a la elevada edad de sus moradoras, adquirió su denominación actual de Casa de las Viejas.

Conservado en muy mal estado, el Obispado decidió cederlo para fines culturales a comienzos de los años 80 a la Diputación de Salamanca, que en 1984 emprendió la recuperación del inmueble. Asesorado por el entonces director de la Filmoteca Española y coordinador de la Filmoteca Regional desde sus inicios hasta la actualidad, Juan Antonio Pérez Millán, el arquitecto Javier Gómez Riesco (responsable también de la recuperación de la emblemática Casa Lis) se desplazó hasta Roma para conocer las instalaciones del Centro Sperimentale di Cinematografia, una de las filmotecas más modernas del mundo entonces, y adecuar el edificio salmantino a las posibles necesidades del centro.

En 1989, el consejero de Cultura y Bienestar Social de la Junta, Francisco Javier León de la Riva (actual alcalde de Valladolid), decide revitalizar el proyecto y sella un acuerdo con la presidenta de la Diputación de Salamanca, Mª del Rosario Diego (que facilitaba el edificio), y con el alcalde de la ciudad, Fernando Fernández de Trocóniz (por el cual el Consistorio cedía al personal), para hacerse cargo de la gestión del nuevo organismo desde la Dirección General de Patrimonio y Promoción Cultural.

El Bocyl, en su edición del 29 de noviembre de 1990, recogía la orden por la cual se creaba la Filmoteca de Castilla y León. Entre sus funciones se citaban “la recuperación, conservación, archivo, restauración, investigación y difusión de documentos cinematográficos audiovisuales en general”, además de la realización de “programas de difusión cinematográfica y de formación en este área especifica”.

“Cuando llegamos no había nada en la sede. Era un edificio vacío y sin ninguna equipación, donde apenas había una silla, pero la adecuación de las instalaciones era buena. No teníamos infraestructura, pero contábamos con la ventaja de partir de cero; cuando te encargan algo que tiene tras de sí una historia, asumes también sus hipotecas, pero aquí no había nada. Arrancamos con la inquietud de saber si realmente le compensaría a las instituciones poner en marcha algo cuyos posibles frutos desconocíamos, pero ya el primer día tuvimos una tremenda inyección de ánimo, cuando se firmó la cesión de los dos primeros depósitos fotográficos que integran el archivo de la Filmoteca”, explica a la Agencia Ical Pérez Millán. Esos dos primeros depósitos quedaron sellados en la jornada inaugural por José Núñez Larraz y el Ayuntamiento de Salamanca, propietario del archivo de Venancio y su hijo Amalio Gombau.

La Filmoteca comenzaba así su andadura, con la idea de trabajar sobre el audiovisual pero también sobre el legado gráfico de la región, equiparando el trabajo en dos terrenos como el cine y la fotografía en una propuesta inédita en España. “Partimos de la idea de que en Castilla y León íbamos a encontrar poco celuloide original, porque aquí no habían estado establecidas productoras de envergadura y nunca había habido laboratorios cinematográficos, y por eso se decidió desde el inicio trabajar en pie de igualdad ambos campos”, recuerda antes de asegurar que él “jamás hubiera imaginado” el volumen de negativos que ha existido y existe en la actualidad en la región.

 

Minuciosidad y confianza

Poco a poco, el trabajo de investigación de la Filmoteca en los dos ámbitos daba resultados. En el apartado audiovisual, un profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca llegó un día con una lata arrinconada hacía años en el despacho, que incluía ‘Imágenes sobre un retablo’, una película en 16mm acreditada a Basilio Martín Patino, Luciano Egido y Manuel Bermejo (“yo no podía imaginar que Basilio había rodado algo antes de dedicarse al cine, en la época de las Conversaciones de Salamanca”, apunta Pérez Millán). Por otra parte, los sobrinos nietos del canónigo abulense José María Sánchez Bermejo se presentaron con unas latas cubiertas de polvo que encerraban ‘Ávila y América’, un documental de 70 minutos rodado en 35mm en 1928 para ilustrar las charlas del religioso en un viaje que realizó al otro lado del Atlántico un año después. O las películas mudas en 35mm que enviaron a sus pueblos de origen los emigrantes de El Royo y Derroñadas (Soria) y de Vilvestre (Salamanca) para que sus vecinos contemplaran las flamantes sedes de sus asociaciones en Buenos Aires.

En cuanto al legado fotográfico, en el pueblo zamorano de Aspariegos Otilio Vega depositaba los más de 400.000 negativos que atesoraba tras pasar toda su vida recorriendo la comarca y capturando con su cámara la vida cotidiana de sus gentes. Asimismo, un empresario que había comprado un edificio en Benavente para reconvertirlo en hostal, descubría en el sótano una cantidad maravillosa de cristales fotográficos que resultó ser la Colección Winocio y Pablo Testera; o Antonio Mayoral, el fotógrafo abulense que ya en el 36 había acaparado titulares de prensa que le definían como “el reportero más joven de España”, decidía en sus últimos años de vida depositar sus fondos en la Filmoteca, pidiendo antes, eso sí, que le permitieran morir rodeado de ellos antes de efectuar el traslado.

Visiblemente emocionado, Pérez Millán desgrana las historias humanas que esconde cada descubrimiento o acuerdo alcanzado con artistas y depositantes desde que el centro abrió sus puertas. Relatos que encierran un mayor valor si cabe, ya que desde el primer día la Junta decidió no comprar jamás ningún fondo, sino conseguirlos mediante acuerdos de depósito que garantizan que los originales siguen siendo propiedad del depositante, que éste puede retirarlos cuando lo estime oportuno, y por los cuales la institución se compromete a conservarlos y catalogarlos en la medida que sea posible.

De esa forma, trabajando con paciencia y minuciosidad, y priorizando el trato humano sobre cualquier otro aspecto, los fondos gráficos de la Filmoteca de Castilla y León rondan en la actualidad los cuatro millones de imágenes (entre negativos, cristales estereoscópicos, copias de conservación o digitalizaciones originales), repartidos fundamentalmente en 38 archivos (obra de un único fotógrafo), 12 colecciones (imágenes reunidas por una persona, pero realizadas por varias) y en torno a medio centenar de depósitos de menor dimensión. “Jamás habría imaginado el volumen de negativos que había y que hay en esta Comunidad”, subraya abrumado Pérez Millán.

Junto a ese material, y además de albergar la exposición permanente ‘Artilugios para fascinar’ (depositada por Basilio Martín Patino, reúne más de 250 aparatos precinematográficos y es calificada por Pérez Millán como “un lujo” para el centro), la Filmoteca trabaja actualmente para conseguir una copia de consulta de cuanto se conserva del material rodado en Castilla y León desde la invención del cinematógrafo.

“Que un fotógrafo decida depositar su trabajo con nosotros, que aparezca una película de la cual no sabías nada, o el hallazgo de grabaciones caseras realizadas en la Comunidad con cámaras Pathé Kok de 28mm, es indescriptible. Pensar que estamos trabajando para los que vengan detrás es algo que estimula mucho y anima a hacer los esfuerzos que sean necesarios”, concluye el responsable del centro.