La Consejería de Sanidad instalará 3.091 detectores de radón, tanto en viviendas como en edificios públicos, con el objetivo de mapear los niveles de este gas, presente de forma natural en suelos y rocas, definir su incidencia en cada área de Castilla y León y evaluar el peligro potencial de exposición a este elemento químico.

La Dirección General de Salud Pública ya ha comenzado los trabajos, con el objetivo de establecer un sistema de vigilancia y seguimiento que permita, por un lado, determinar su presencia y, con esa información, reducir el potencial riesgo ante su exposición, puesto que las medidas para protegerse son sencillas.

Los equipos, gestionados a través de los Servicios Oficial Farmacéuticos de la Consejería de Sanidad, recogerán datos y mediciones a lo largo de los años 2021, 2022 y 2023, con el fin de comprobar las concentraciones de radón. Para ello, estarán tres meses en cada ubicación, sin que las personas de los sitios donde se ubiquen tengan nada que hacer.

Con esta información se podrá, en el marco de la normativa nacional y europea al respecto, determinar los términos municipales en los que se aprecia un nivel de riesgo “no despreciable”, con el objetivo de aplicar en los edificios situados en esos municipios las medidas que aparecen recogidas en el vigente Código Técnico de Edificación, y que facilitan la limitación de la exposición ocupacional interior al gas radón procedente del terreno.

En concreto, los 3.091 medidores se distribuirán por las nueve provincias. De ellos, en Ávila se instalarán 365; en Burgos, 392; en León, 487; mientras que en Palencia serán 221; en Salamanca, 558; a los que se unirán 198 en Segovia; 258 en Soria; 276 en Valladolid, y 336 en Zamora.

Carcinógeno humano

El gas radón es un elemento químico vinculado a la desintegración radioactiva del uranio y está presente de forma natural en suelos y rocas; su concentración -y por tanto el riesgo para la salud- ocurre en el interior de lugares cerrados, en donde se acumula filtrándose especialmente desde las formaciones geológicas situadas bajo las edificaciones, a través de grietas o huecos en paredes, juntas, desagües, etc.

La Organización Mundial de la Salud lo considera carcinógeno humano, únicamente por detrás del tabaco, de manera que el riesgo de cáncer de pulmón aumenta proporcionalmente según la exposición al radón, más aún en personas fumadoras o exfumadoras.

Si bien no hay un umbral debajo del cual su riesgo para la salud no exista, lo cierto es que el radón residencial, el que pueda retenerse en lugares cerrados, considerado la fuente más importante de este gas, es muy fácil de evitar a través de una buena ventilación que evite su acumulación en inmuebles: cuanto menor sea la concentración de radón en una vivienda, menor será el peligro y, además, es muy sencillo de detectar y cuantificar su presencia, según explica la directora general de Salud Pública, Carmen Pacheco.

Campaña de comunicación

Esta labor de control y evaluación se refuerza con una campaña de comunicación mediante cartelería, folletos e información en la web de Salud Castilla y León (https://www.saludcastillayleon.es/es/sanidadambiental/radon) en la que la Junta cuenta con la colaboración de diputaciones y ayuntamientos.

La estrategia busca dar a conocer la puesta en marcha de este sistema de medición y control, y recordar a la población que los riesgos para la salud del radón, si bien existen, son evitables adoptando una serie de iniciativas: airear a menudo sótanos y plantas bajas; eliminar grietas en paredes y muros, especialmente de sótanos; proteger juntas de construcción; proteger canalizaciones de agua corriente; proteger canalizaciones de gas; y proteger desagües.