Dulces artesanales desde un monasterio
Fotografía de Wikimedia

Las Hermanas Clarisas elaboran secretos artesanales desde un monasterio del siglo XVII ubicado en un pequeño pueblo de Segovia, a una hora de Madrid y a 30 minutos de Segovia.

EL convento, como relata Fundación Contemplare, fue construido entre 1621 y 1632, siendo ocupado por monjas franciscanas a finales de este último año. Sus benefactores fueron Don Juan de Pedraza y los condes de Molina de Herrera (Don Pedro Mexía de Tovar y su esposa Doña Clara de Paz. A lo largo de los cerca de sus 400 años de historia, el monasterio ha sido morada de las Hermanas Clarisas. Durante un tiempo, incluso, acogió «un parvulario y escuela, y hasta no hace muchas décadas también bordaban» las Hermanas Clarisas entre sus muros. En 2011 decidieron iniciarse en el arte de la repostería con la ayuda de las Clarisas de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real).

Desde entonces, elaboran delicias artesanales para cualquier época del año. Así, se pueden encontrar desde florones a delicias de Santa Clara hasta lotes de Navidad con polvorones, mermeladas o garrapiñadas. Además, hay roscón de Reyes o turrón de la abuela. Tejas, sirenitas, pastas de té o un surtido de dulces sin gluten se pueden encontrar entre los productos que amasan con cariño las Clarisas en Villacastín.

También hacen bizcochos caseros, caprichos de almendra o bocaditos de boda. Por cierto, según cuenta la tradición «las novias que desean tener buen tiempo el día de su boda para que no les llueva, o bien para pedir que deje de llover, deben llevar una docena de huevos al Convento de las Hermanas Clarisas. Las religiosas ofrecerán en nombre de los novios sus oraciones a Santa Clara, quien obrará el milagro deseado».

La iglesia está presidida por un retablo renacentista flanqueado por dos lienzos de Santa Clara y San Francisco en sus laterales. Villacastín, es una «villa apacible, asentada en la parte  sur de la provincia  de Segovia», como la definen las Clarisas de Villacastín.

Villacastín, Segovia

La localidad segoviana cuenta con un importante patrimonio histórico artístico. Entre otros monumentos, destaca la Iglesia de San Sebastián, «bautizada por el Marqués de Lozoya como la Catedral de la Sierra por sus colosales dimensiones y declarada Monumento Nacional en 1944. Su ubicación y dimensiones hacen que destaque sobremanera, atrayendo la atención de viajeros y visitantes. La iglesia actual se construye sobre los restos de una antigua iglesia románica, de la que solo se conserva el trazado del camposanto y una pila bautismal hecha en granito. El  inicio de su construcción puede datarse en 1529, por una inscripción realizada en el muro exterior de la sacristía».

También es relevante el Puente de las Merinas, «ubicado en el Campo Azálvaro, lugar de paso de rebaños trashumantes donde cruzan dos antiguas cañadas, La Cañada Real Leonesa Oriental y la Cañada Real Soriana Occidental. Construido y enlosado en granito, presenta dos ojos desiguales. Tras años de dejadez, en el año 2000 fue rehabilitado, adquiriendo el aspecto actual».

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