Seguro que piensas que ya se ha dicho todo de Toy Story 3. Que no hay nada que no sepas sobre la saga de juguetes más prolífica de Pixar. Que la factoría ya no puede superarse, ni sorprender. Que John Lasseter es el amo y señor de la animación.

Pues no estás equivocado.

Lo que os voy a contar seguramente no aporta nada nuevo a las críticas ya publicadas, pero quiero compartirlo con vosotros. Porque Toy Story 3 es más, es un paso más allá, un último empujón, una última lágrima, un “hasta siempre” de los que hacen historia.

La primera me pareció entrañable por sus personajes fieles, juguetones, mordaces y aventureros. La segunda me conmovió por su ironía, su humor y la capacidad de los creativos de Pixar por renovarse y reinventarse. La tercera me ha conquistado por todo lo anterior “y mas allá”. Porque las segundas (y terceras) partes nunca fueron buenas… hasta que llegaron ellos.

Woody y Buzz siguen siendo los de siempre. Fieles a su dueño Andy que, desgraciadamente se ha hecho mayor y se prepara para la Universidad. La pandilla animada lleva varios años en el baúl de los recuerdos, esperando que el niño que los mimó en el pasado, vuelva a jugar con ellos. Y cuando llega el momento de la despedida, algo ocurre y todos acaban en Sunnyside, una guardería con muchos secretos.

El Señor y  la Señora patata, Rex, Hamm, Buzz, Jessie y Woody, comparten escenario con nuevos juguetes: un teléfono, un erizo, Barbie y Ken (que protagonizan una de las mejores escenas de la película), y algunos más. Fue como rebuscar en mi pasado en busca de los juguetes de mi infancia. Estaban todos!
Esta tercera (y última) parte, añade acción, aventuras y enredos. Hay secuencias de alto dramatismo (en la sala varios niños empezaron a llorar en uno de los momentos más tensos)  y un fuerte sabor español. Los guiños se repiten e incluso hacen que me siente orgullosa del tópico de las sevillanas, los toreros y el Ooooolé. La vi en 2D pero no creo que la experiencia tridimensional mejore el resultado.

Lo que comenzó con un pequeño flexo animado, se ha convertido en una fábrica de sueños, en un experimento con el imaginario colectivo, capaz de hacer reír y llorar a pequeños y mayores. Las camisas floreadas de John Lasseter sólo es un reflejo de lo que hay dentro de él: ¡un verdadero jardín de ideas!

Hace exactamente un año, Pixar nos regaló Up, otra historia brillante que no sólo alcanzó el listón sino que lo superó con creces. Ahora, ante la mirada escéptica del mundo, lo han vuelto a hacer: Nos han sorprendido, emocionado y conquistado.