Su auténtica pasión es el vidrio y por este motivo Alba Martín Casado pretende promover el desarrollo de esta industria en la provincia de Segovia y en el país a través de una novedosa técnica que combina este arte con soplete y soplado en horno. Esta segoviana residente en una de las cunas del vidrio, Inglaterra, abrirá próximamente un taller ubicado en la antigua Fábrica de la Borra de la capital en donde luchará por inculcar la técnica a los más jóvenes. Según la artista, la práctica se está perdiendo en la provincia a pesar de la existencia del Centro Nacional del Vidrio, ubicado en el Real Sitio de San Ildefonso (Segovia) y es en gran parte, como señala a la agencia Ical, por la falta de renovación de su escuela. “Llevan 20 años con el mismo estilo, ahora es tiempo de renovarse, o morir”.

Ganadora del premio de Escuela Internacional de Vidrio de Dudley, y participante en la demostración de soplado de vidrio más larga del mundo realizada en la misma localidad durante 24 horas, Martín abandona su estancia en tierras inglesas para regresar a su Segovia natal en donde comenzará con este nuevo proyecto a pesar de la crisis. “Voy a hacer como si la crisis no existiese y voy a tirar para adelante”, asegura con rotundidad. En su taller, pendiente de ultimar las últimos trámites, combinará el soplado en el propio horno con la técnica del soplete, con la que consigue efectos de color y tramas especiales en sus productos. Además, los planes del propio taller no se ciñen a la fabricación, sino que prevé que sea “un espacio abierto” en el que organizar talleres, subastas e incluso exposiciones con otras artes.

Sus productos ya se han vendido por todo el mundo y durante su último proyecto ha trabajado con una artista de forja realizando los complementos para instalaciones inspiradas en la naturales y de más de 3 metros de altura, ubicadas en lugares como el aeropuerto de Chicago o un centro de jardinería en Australia. Un reto con el que ahora quiere aterrizar en la capital segoviana y cuyo principal fin tiene recuperar la tradición del vidrio como una pasión y “una forma de vida”.

 

Vivir del vidrio

Nada más pisar el Centro Nacional del Vidrio, en el que comenzó su andadura hace 10 años, esta segoviana supo que a partir de este momento se dedicaría toda su vida a este oficio. “Seguí lo que me dijo mi corazón”, asegura, y a pesar de que profesionales y conocidos le aconsejaron continuar su formación por otros caminos alejados del soplado de vidrio por ser la disciplina más cara y la que menos posibilidades dejaba para la búsqueda de trabajo, Alba Martín ya estaba prendada de esta rama. “Es la mejor decisión que he tomado en mi vida”, asegura.

Tras su participación en la primera escuela interprovincial de la Fundación Centro Nacional del Vidrio, y la ausencia de formación específica en España, Martín decidió emigrar hasta Inglaterra, a la Escuela Internacional de Vidrio de Dudley, Stourbridge, en donde vive desde hace seis años.

Junto a estudiantes de todas partes del mundo como México, Japón, Holanda o Alemania, llevó a cabo un curso en el que comenzó a desarrollar su propia marca personal introduciendo el trabajo a color y perfeccionado su técnica. Su depurado estilo nacido en Segovia, hizo que pronto encontrara empleos diferentes en dos talleres de soplado en donde ha estado trabajando hasta la actualidad. Entre sus encargos figuran lámparas de más de 20.000 euros para cadenas de hoteles de todo el planeta, teatros e incluso piezas para un amante de la Fórmula 1 que convierte partes de automóviles de los corredores más famosos en decoración para su hogar.

 

Dejar de hacer diseños de otros

Aunque es feliz con su vida en Inglaterra y su trabajo, Alba Martín ha decidido que “es momento de dejar de hacer los diseños de otras personas para desarrollar los propios”. Dejando las puertas abiertas siempre a la ciudad inglesa que le ha acogido durante estos años, la artista segoviana asegura que el nuevo reto pasa por continuar explorando y aprendiendo con nuevas formas de vida.

“Nunca se deja de aprender, incluso los maestros que llevan 40 años continúan aprendiendo”, por este motivo Martín quiere apostar por acercar a España este arte que según señala no se valora lo suficiente. “Hago esto porque lo amo, porque me encanta y me gustaría transmitirlo”, insiste.

En este sentido, anima a aquellos que se decantan por su rama de vidrio soplado a no dejarlo y a seguir hacia delante. Ahora, ella lo hará con la ayuda del Ayuntamiento de Segovia, que pone a disposición de emprendedores los Centros de Iniciativas de Empleo y Empresa (CIEES). La artista pagará alrededor de 300 euros por un alquiler que incluye diferentes servicios como luz o agua. Desde allí, su espacio de 50 metros cuadrados albergará la zona expositiva con sus trabajos, así como la zona de trabajo para la que importará las herramientas que utiliza desde que empezó.

“No es un trabajo, es una afición”, señala, por lo que tomará especial importancia a los cursos para acercar el arte a los aficionados y profesionales. La segoviana señala que los cursos del Centro Nacional del Vidrio “son demasiado caros” aunque inviten a artistas de renombre internacional. Para ella, el oficio se aprende con la práctica una continua que mucha gente no se puede permitir, por lo que asegura que los workshops que desarrollará serán mucho más asequibles.

 

Sin hacer caso a la crisis

Admite que mira con cierto recelo a la crisis económica, pero se muestra convencida de que “todos tenemos que tener la posibilidad de desarrollar nuestros sueños”. Alba Martín tiene claro que su negocio empezará de forma modesta pero asegura que las posibilidades para desarrollar el arte son muchas y mira hacia un futuro esperanzador.

El abanico abarcará áreas dispares como la producción de productos a bajo coste con los que podrá ir a ferias de ventas y exposiciones. Martín puede llevar a cabo alrededor de 25 o 30 piezas diarias, por lo que señala que no será difícil venderlas, incluso a personas que no tengan muchos recursos económicos. “Haremos lo que sea para que las personas que quieran comprar, puedan llevarse cualquier pieza”, asegura. No olvidará tampoco, la decoración de interiores a la que también se ha dedicado hasta la actualidad así como el contacto con otras empresas para la realización de lámparas, pomos, o piezas más exquisitas para galerías de arte.

“Puedo ofrecer mis 10 años de experiencia desarrollando mi propio trabajo y ayudando a quien quiera desarrollarlo”, porque es precisamente el contacto con nuevo artistas lo que propicia, según incide, en el crecimiento de una industria malherida que tienen que levantar los más jóvenes.