A punto de que los árboles empiecen a perder la hoja y de que el otoño imponga su avance hacia el invierno, al norte de la provincia de Zamora, la comarca de Benavente y Los Valles todavía huele a pimiento. A ese impresionante pimiento carnoso rojo o verde, según el grado de maduración, que ronda los 400 gramos, si no es de los grandes, y que puede acercarse al kilo por unidad.

Hace escasos días, el pimiento de los Valles de Benavente volvió a ser el protagonista en la feria a la que da nombre y que se organiza desde hace más de una década en dicha localidad zamorana. En esta ocasión, el producto hortícola vino reforzado por la indicación geográfica protegida Pimiento de Fresno-Benavente, aludiendo a su carácter compartido con la localidad leonesa de Fresno de la Vega.

En total, se trata de una superficie cercana a 2.800 kilómetros cuadrados, a caballo entre las provincias de León y Zamora, en la que el pimiento morrón de Fresno de la Vega y de Benavente marca la vida económica y hasta social de 33 localidades leonesas y de 55 zamoranas.

En este contexto, dar salida comercial a los productos de estas huertas se ha convertido en una de las vías con mejores perspectivas para crear riqueza, fijar población y desarrollar el medio rural del sur de León y del norte de Zamora, como han demostrado Juan Brel, de 34 años, y Flor Martínez, de 42, naturales de Benavente y de Zamora, respectivamente. Ambos crearon hace poco más de dos años la firma Conservas BenavenTera, sociedad limitada con sede en Micereces de Tera, localidad ubicada 70 kilómetros al norte de la capital zamorana. “Estábamos en paro e hicimos un curso municipal sobre técnicas de envasado de productos de la huerta. Nos enseñaron cómo se hacían conservas con pimientos, puerros, cebollas… y pensamos que era un trabajo muy bonito para hacerlo todos los días. Empezamos a echar cuentas y decidimos tirarnos al río”, comenta Juan Brel, uno de los fundadores de la empresa, junto con su mujer y los socios Isaías Furones y Arancha Arteaga.

 

Como el de casa

La peculiaridad que ofrecen los pimientos de Los Valles de Benavente es “llevar el sabor de casa a los estantes de un comercio para que sea accesible al gran público”, según dice Flor Martínez. “Queríamos hacer un pimiento asado envasado que supiera como el de toda la vida, el que hemos comido en casa. Ésa era nuestra obsesión y creemos que lo hemos conseguido. Los de la madre de Flor aún pueden diferenciarse pero yo ya no sé si los que hace la mía son o no son envasados”, dice Juan con una sonrisa.

Conservas BenavenTera (denominación que fusiona el nombre de la propia comarca con el del río Tera) tiene en las afueras de Micereces de Tera una fábrica de 450 metros cuadrados que da trabajo en temporada a una decena de personas y de la que, sólo en el primer año, salieron 50.000 tarros de pimientos y otros productos de la huerta. La inversión inicial rondó los 300.000 euros, incluido el pago de la primera campaña, y con el apoyo del grupo de acción local Macovall, la Asociación para el Desarrollo Integral de las Mancomunidades de la Comarca de Los Valles de Benavente.

Como no podía ser de otra forma, la fábrica está rodeada de tierras de cultivo, entre maizales y la plantación de pimientos, que parecen dar al tejado de la nave el color de la hortaliza madura. “Curiosamente, el arranque de esta empresa coincidió con dos cosechas muy malas de pimiento. Se puso a llover enseguida y como este pimiento es muy delicado, se pudre muy deprisa al tener tanta carne”, explica Juan Brel. “Al final, salimos con 12.000 kilos el primer año, para alcanzar después los 17.000 kilos, a los que hay que añadir el resto de productos que tratamos”, haciendo referencia al calabacín con cebolla, cebolla confitada, puerro y guindilla, esta última, prieta, carnosa y “poco salvaje”.

El pimiento, plagado de betacarotenos, precursores de la vitamina A con propiedades antioxidantes, cardiosaludables e inhibidoras de procesos cancerosos, adquiere en las manos expertas múltiples formatos, comenzando por entrar entero en el horno rotativo de gas, entre tres y cuatro minutos. “Asamos 800 kilos de pimientos en una hora pero necesitas otras seis para pelarlos, que es en lo que más se tarda porque se hace a mano. Mientras tanto, no te cuesta nada hacer una sartén de tomate frito, salsa de pimientos o cebolla confitada para no estar mirando e ir avanzando en otros frentes”, apunta Flor Martínez. El proceso concluirá con la media hora de autoclave a la que se somete el producto envasado en el frasco para su esterilización. “Por eso no se completa el asado en el horno, para evitar que la textura sea blanda”, aclara Juan.

De esta forma, las hortalizas hacen el tránsito desde la tierra hasta la fábrica para convertirse en pimiento asado, pimiento ‘entrecallado’ (picado en crudo y macerado durante una noche en aceite, vinagre y sal antes de cocer unos minutos para que su textura sea consistente), pimiento al ajillo, salsa de pimientos, pisto, fritada y, por supuesto, la mermelada de pimiento.

 

Mermelada de pimiento y de uva

Después de haber pasado por numerosas ferias de Castilla y León, la semana pasada BenavenTera causó sensación en la Feria del Pimiento de Benavente con un elenco de mermeladas que suscitó la curiosidad generalizada.

No es extraño que pimientos y cebollas se sometan a un tratamiento tradicional y se envasen en vidrio para conformar un producto que podría ser para el paladar del gourmet más exigente. Incluso la mermelada de tomate, que también elabora la firma, podría resultar casi habitual, pero pensar en untar una tostada con mermelada de pimiento o de cebolla se convertía en todo un hito.

Juan y Flor observan con júbilo en la cara el efecto que produce la mermelada de pimiento en quien la prueba y busca una referencia inexistente en su paleta de sabores conocidos. “Estamos muy orgullosos de este producto y confiamos en que tenga éxito”, señala Flor.

Si a ello se añade el nuevo paso empresarial, orientado a convertir en mermelada la uva tinta de Toro y la malvasía blanca, el golpe de efecto es considerable, y más aún en la provincia de Zamora, donde los vinos forman parte tan íntima de la tierra como el mismísimo Románico. “Hemos hecho unas pruebas con estas uvas y estamos muy ilusionados porque el producto es francamente bueno y resultado es muy llamativo”, reconoce Flor.

Por lo que se refiere a la entrada en el mercado, BenavenTera cuenta con clientes habituales entre restaurantes y tiendas especializadas en Asturias, Valladolid, Cuenca y Zamora y espera ir ampliando el mercado en el próximo ejercicio. “El proceso de comercialización es laborioso. Introducir una marca que la gente no conoce y que cuesta más que otras es difícil, aunque el producto sea de la máxima calidad. Lo que sí es cierto es que una vez lo prueban, los clientes están repitiendo”, afirma Juan. “No es que hayamos pretendido hacer un producto gourmet. Simplemente, compras muchos pimientos envasados que venden por ahí y no son buenos. Podríamos comprar pimientos de Almería o Murcia, que son muchos más baratos pero es imposible hacer que un producto que no sea de la máxima calidad mejore con el envasado”.

 

Exigencia del cliente

Juan Brel se queja por la idiosincrasia del comensal más cercano, que sabe exigir un chuletón de Ternera de Aliste, porque para eso está en una provincia que ofrece carne de extraordinaria calidad, pero no se preocupa por el acompañamiento. “Cuando le ponen en un buen restaurante como acompañamiento un pimiento del piquillo de lata, que sabe a lata, no veo que la gente exija pimientos del Valle del Tera”, lamenta. “En ese caso, yo siempre digo que es mejor que me pongan patatas fritas, si no sirven pimientos de esta tierra”.